Una anti-épica

 

 

El sello Punto de lectura (del grupo Santillana), que publica en formato bolsillo,  re-edita en 2006 la novela La balada de Johnny Sosa  de Mario Delgado Aparaín. Es la tercera reedición desde su publicación original en Banda Oriental en 1987.  Por lo tanto se refuerza el prestigio acumulado por la novela y su autor. Fue publicada en un período de enorme complejidad y debate tras dos años de restauración de la democracia. Después de casi veinte años la pregunta es cómo será leída en el panorama actual de la narrativa uruguaya, cuando Mario Delgado Aparaín se ha convertido en una de las figuras representativas de la literatura uruguaya en el mundo, con obras traducidas al portugués, inglés, francés, alemán o griego; y después de haber publicado Alivio de luto (1998), de No robarás las botas de los muertos (2002) e incluso de Tabaré revelado (2005).

En 1980 aparece Crónica del descubrimiento de Alejandro Paternain. Era el diario del descubrimiento de Europa escrito por un cronista de la tribu de los mitones de Tebiché, una contra-crónica del descubrimiento de América, un texto escrito a contracorriente de los textos imperiales de un Cristóbal Colón, un Hernán Cortés y otros tantos conquistadores. Es también precursor de novelas como ¡Bernabé, Bernabé! (1988) de Tomás de Mattos y formará parte del auge de la novela histórica en la posdictadura. En este marco La balada… fue leída como una parodia de la dictadura civico-militar.

Pero hay más. Una parte importante de la producción narrativa de Mario Delgado Aparaín está ambientada en dos ciudades imaginarias: San José de las Cañas y Mosquitos, metáforas de diferentes ciudades del norte y el sur del país. En estos cuentos y novelas Delgado dialoga con una tradición de narradores “del interior” que fue dominante en la primera mitad del siglo XX. La apropiación de esta tradición es selectiva y también paródica, como en el caso de La balada… que mantiene algunos escenarios como la periferia de la ciudad o el prostíbulo, introduciendo un héroe que se identifica con el blues y el rock and roll a través de la radio local. Una variante temática impensable en esa tradición; tan impensable como la opción por el lenguaje cotidiano y popular con el que narra esta historia.

El héroe de esta novela es un negro, pobre y sin dientes, que canta en inglés sin entender más que unas pocas palabras. Su escenario es una tarima en el prostíbulo de la ciudad de Mosquitos. Johnny es un voyeur. Todos los días a la misma hora, mientras espera que comience su programa radial favorito, observa el movimiento de Mosquitos a través de un agujero en la pared. Programa a programa el conductor Melías Churi relata la biografía de Lou Brakley, un rocker estadounidense de Austin, con la que Johnny intenta establecer analogías a veces poco felices con su vida y Mosquitos. Johnny percibe que algo anda mal con la llegada de los camiones del ejército y la sustitución del programa de Churi por unas marchas militares.

En poco tiempo un Coronel golpista se instala en el pueblo. Confabulado con un cura, un maestro de música y un doctor organiza una chorizada cultural en la que obliga a Johnny a cambiar el prostíbulo y el rock “en inglés” por una dentadura postiza y el bolero en español. Johnny acepta primero pero se resiste después al chantaje. Vuelve a cantar en el prostíbulo y ante la presencia de dos testaferros del Coronel que intentan llevárselo con ellos. Johnny escapará por la ventana del baño como un esclavo cimarrón consciente de que aunque no pudiera festejarlo y por una única noche “los había jodido, bien, pero bien jodido.”

Esta es una de las pocas historias épicas de la literatura uruguaya, o más bien una anti-épica, en la que el héroe es un negro. Y se publicó antes del Uruguay de la cuota, de la ley del día del candombe y la equidad racial y la entrada de los toques de Barrios Sur, Palermo y Cordón Norte a la lista representativa de patrimonio inmaterial de la UNESCO.

 

Este texto fue publicado con el título “Anti-épica revisitada. Reedición de novela de Delgado Aparaín” en la diaria Nº 20. Montevideo, 17/04/06: 6.

“Ángeles caídos” de La Polla Records

 

La calidad del video y del sonido es mala. Pero está en sintonía con la banda. A esta altura de la vida La Polla Records está en mi inconsciente político, dice el enojo, la ira, las ganas de romper todo. Es como si La Polla fuera la primera reacción frente a la explotación, al capitalismo salvaje, a todas las formas de sumisión.

Pero no fue ni es más que una reacción, una primera reacción, de piel, casi adolescente. Después viene la racionalidad, la acción política colectiva, respuestas menos viscerales, táctica y estrategia. Entonces bajo el volumen y me disciplino.

La canción se llama “Ángeles caídos”  y forma parte del EP Barman (1991). Me acabo de enterar, mientras buscaba información para este post, que se trata de una versión de “Where are they now” de Cock Sparrer, una canción que en 1982 se preguntaba dónde estaban los grandes líderes del punk, en qué había quedado aquella revuelta.

 

 

A mi me parece que de ningún modo se puede decir como dice la Wikipedia que “Ángeles caídos” es una “versión” de esa canción. Está claro que es una copia de la música y que la letra, como todas las letras de La Polla, es muy punk (pero no de postal ni de escaparate).

Siempre me gustó el inicio “Ángeles del norte, tan pulcros y pulidos / cínicos muñecos, siguen predicando por ahí / razones de economía, con nombre de libertad, /nos obligan a vivir de la explotación” y el contraste: “ángeles caídos viven en tu calle / venden la vergüenza que tienen los vencidos” y estos versos: “razones de economía, con nombre de libertad / les obligan a vivir en la humillación”.

 

Hundidos en un juego cruel, dinero rey / el nuevo orden mundial aquí está. / Ganador y perdedor, una antigua ley, / ganador y perdedor, / el nuevo orden mundial aquí está.

 

Y finalmente el llamado a quemar la idea, la idea del neoliberalismo, la prédica del libre mercado, la competencia, los ganadores y los perdedores “naturales”, razones de economía con nombre de libertad.

“‘Ángeles caídos” no es un manifiesto ni un ensayo sobre la globalización, es la reacción mínima, el rechazo, la ira frente a la “buena nueva” del mercado.

Pero los ángeles no están solamente en el norte, también rondan por el sur, y aunque muchos crean que el neoliberalismo está muerto en América Latina, basta con mirar cómo las derechas que vendieron todo en la década del noventa ahora se ponen trajes “progresistas” para predicar lo mismo de siempre, para obligarnos a vivir de la explotación, para volver a traer la humillación. Quema la idea. Qué mala idea.

Marta canta a Federico

alejandrogortazar:

Para seguir homenajeando a Federico García Lorca: desde Sudakia Marta Gómez nos canta dos de sus poemas.

Originalmente publicado en Sudakia:

Federico García Lorca. New York. Brooklyn http://lorcamurals.blogspot.com.ar/

Sudakia es el nombre del lugar donde se halla en este momento. Gracias Marta

Ver original

Federico García Lorca

 

federico-garcia-lorca12

 

El escritor Federico García Lorca fue fusilado por el franquismo un 18 de agosto de 1936, hace hoy exactamente 78 años.

No soy bueno para las fechas pero alguien lo recordó en una red social y recordé cuánto me gusta Poeta en Nueva York (1929-1930). Eso mi hizo acordar de un viejo trabajo de Facultad, escrito en Wordperfect 5.0 (así de viejo soy), que por supuesto no conservo.

Mi madre todavía conserva ese tomo de obras completas de no me acuerdo que editorial que yo leía sin entender y que miraba fascinado por los dibujos lineales de García Lorca. Aquellos dibujos me parecía que venían del inconsciente, me parecían surrealistas.

En 1996 empecé la facultad y en el curso de “Literatura moderna y contemporánea” teníamos a Walt Whitman en el programa. Recuerdo que el profesor, Washington Benavídes, nos estimulaba para que escribiéramos ensayos sin prestar mucha atención al aparato crítico o erudito.

Lo que hice fue sencillo: recurrí a una referencia de Allen Ginsberg a García Lorca en un poema sobre Walt Whitman. El poema de Ginsberg, “Un supermercado en California”, estaba en una vieja antología de poesía contemporánea de una colección popular que tampoco recuerdo bien.

La cita es la siguiente:

 

Cuánto he pensado en ti esta noche, Walt Whitman, hoy que
bajo los árboles he recorrido las callejuelas mientras me dolía la cabeza
mirando afectadamente la luna llena.

¡En mi hambrienta fatiga, en busca de imágenes, entré
en el supermercado de frutas de neón, soñando con tus enumeraciones!
¡Qué melocotones y qué penumbras! ¡Familias enteras
de compras por la noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Esposas
entre los aguacates, bebés en los tomates!—y tú, García Lorca, ¿qué
estabas haciendo tú allí junto a las sandías?

Te vi, Walt Whitman, sin retoños, solitario y viejo zapador,
asomándote entre las carnes del refrigerador y espiando a los jóvenes
reponedores.

 

Recordé también un poema de García Lorca y encontré en Poeta en Nueva York la “Oda a Walt Whitman”:

 

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

 

Algo decía en aquel trabajo sobre Whitman que no recuerdo. Pero aquí están estos tres viejos disfrutando su homosexualidad entre imágenes inesperadas, surrealistas.

García Lorca fue un escritor de izquierda, que su muerte y estos 78 años de distancia no nos haga olvidar nunca su compromiso con la poesía, con la emancipación y con el goce.

Los cuentos de Enrique Estrázulas

 

Fotografía tomada de http://www.republica.com.uy/

Fotografía tomada de http://www.republica.com.uy/

 

La cerrazón humana es una antología de cuentos de Enrique Estrázulas compuesta por treinta y un cuentos cortos de los cuales apenas seis son inéditos. Los veinticinco restantes se pueden encontrar en Los viejísimos cielos (1975), Las claraboyas (1977), Soledades pobladas de mujeres (1993) los tres publicados en Buenos Aires. Se trata de la cuarta antología de Estrázulas a nivel local. Las anteriores fueron Cuentos fantásticos (1984), Antología personal (1984) y Los fuegos de Ansina (1999). Lo cual indica dos cosas: que el cuento es una práctica conocida y cultivada por el autor desde hace ya 30 años; y que la antología es un intento más por resumir su trayectoria.

Enrique Estrázulas es un escritor que trabaja en diferentes registros. Inició su carrera como poeta en los años sesentas, escribió también una obra de teatro y algunos guiones cinematográficos. También trabajó como periodista y fue miembro del cuerpo diplomático uruguayo en diferentes lugares del mundo (Buenos Aires, Roma, París y Cuba). En el campo literario tal vez sea más conocido como cuentista y novelista. Fundamentalmente por el éxito editorial de su primera novela Pepe Corvina (1974) publicada en Buenos Aires por Sudamericana. En 2004 la editorial festejó el treinta aniversario con una reedición en su colección de bolsillo. El texto le permitió a Enrique Estrázulas ocupar un lugar en el mercado literario del Río de la Plata precisamente como un narrador que trabaja en la frontera entre realidad y fantasía, que otros asocian al realismo mágico, como también se clasificó la obra de Mario Delgado Aparaín.

Es este mismo lugar de mercado el que aprovecha ahora el grupo Planeta a través del sello Seix Barral. La cerrazón humana reúne entonces una treintena de cuentos prologados por Alejandro Michelena. El crítico los denomina “relatos extraños” porque es esta característica lo que da coherencia a la antología. Para eso se basa en un supuesto subtítulo que el libro tenía originalmente pero que al parecer la editorial eliminó sin avisar al prologuista. La definición la toma algo desprolijamente de un viejo manual estructuralista Introducción a la literatura fantástica (1968) de Tzvetan Todorov reimpreso por Paidós el año pasado. Y digo desprolijamente porque Michelena vacila entre diferentes categorías manejadas por el crítico francés, como la diferencia entre extraño y fantástico, que no resuelve bien.

Para Todorov la literatura fantástica se define por una vacilación del lector, identificado con el narrador-protagonista, ante un hecho extraño, no explicable racionalmente. El crítico, que sólo mira el ombligo europeo del mundo (y en particular el francés), analiza la literatura fantástica como un fenómeno decimonónico que llega a su fin en el siglo XX con autores como Franz Kafka. Pero si optamos por la definición que da de “lo extraño puro” entonces se trata de hechos explicables por la razón pero que resultan inquietantes para los personajes y para el lector. De todas formas no queda claro si Michelena se decide por alguna de estas dos definiciones, sin contar con que confunde más las cosas cuando agrega elementos como “lo paranormal”.

Tal vez una solución posible es pensar estos relatos de otro modo, dentro de la especificidad histórica de la literatura rioplatense. La literatura fantástica (rara, extraña, maravillosa, da igual), se propuso hace ya más de sesenta años como un cuestionamiento a la estética realista. Lo fantástico se contraponía a la línea dominante del realismo que aspiraba a la transparencia entre el discurso literario y la realidad. El problema fue planteado en Argentina en 1940 por la crítica y la obra de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo con su Antología de la literatura fantástica y unos años más tarde en Uruguay a partir de la obra de Felisberto Hernández.

Es por eso que de ningún modo puede decirse que Estrázulas es “el más genuino artífice –en el marco de la literatura uruguaya– de esa línea narrativa (…) que Todorov definió como cuento extraño” como sostiene Michelena. Es más productivo, creo, leerlo en diálogo con la tendencia antes citada y con lo que se denominó, por esos mismos años, realismo maravilloso por autores como Alejo Carpentier. Michelena señala por ejemplo un “aire borgeano” en uno de los relatos nuevos de Estrázulas, precisamente el que da título al libro, en el que se introduce a Juan Carlos Onetti como personaje y se recupera algo de la atmósfera de “La muerte y la brújula” de Borges.

De los seis relatos nuevos “Escaleras” es tal vez el que encaja más dentro de la definición de fantástico que manejan la tríada Borges-Bioy-Ocampo y Todorov. El narrador-personaje construye un ambiente progresivamente extraño hasta que el enigma se resuelve en el cierre. Se combinan entonces reglas básicas del relato corto (una anécdota y remate al final) con las de la literatura fantástica. En suma los seis relatos no aportan nada nuevo al universo narrativo de Estrázulas. Más allá de que no hay novedad, la antología es más completa y representativa que las anteriores. En ese sentido cumple con el fin de dar cuenta de la trayectoria de un narrador ya consagrado.

 

Esta reseña fue publicada con el título “31 cuentos y un prólogo desesperante” (Sobre La cerrazón humana. Montevideo: Planeta, 2007) en la diaria (Nº 312. Montevideo, 08/06/07: 5).

Emancipaos (Rancière y la educación) / Hekatherina Delgado

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Tiempo de Crítica el 14 de junio de 2013 (Año II, Número 64). Hekatherina Delgado está finalizando sus estudios de grado en la Licenciatura en Ciencias Políticas y es, además, escritora de ficción y ensayo.

 

 

heka educación

A la hora de enfrentarme a la página en blanco recordé mi pasaje por el liceo, como becaria. Sin duda, el arribo a la universidad y la militancia estudiantil, otra vez como becaria, por encontrarme en situación de vulnerabilidad social, marcó un antes y un después a la hora de comprenderme reflexiva, pero, sobre todo, compañera de mucha gente que piensa, dice y hace, pero que, a veces, no logra dimensionar lo que es capaz de hacer.

Pero, me pregunto ¿qué designa la vulnerabilidad social? En el marco de la construcción de políticas sociales, el significado de la vulnerabilidad viene dado por lo que definen los programas -de corte desarrollista- como su población objetivo, se enfocan a aquello denominado como “inclusión educativa”.

Pero, ¿qué intervención se espera frente a estas formas de lo vulnerable? Las respuestas que se proponen desde las políticas públicas, por lo general, son de tipo transferencia económica o intervenciones específicas, en el marco de lo psicopedagógico, lo multidisciplinario, artístico, etc.; es decir, diferentes “abordajes de especialización”.

En este marco, creo que deben cuestionarse dos problemas que se entrelazan. Por un lado, lo que tiene que ver con cómo se comprende el carácter de lo vulnerable. Por otro lado, la pregunta sobre cuál es la apuesta política que las políticas socioeducativas pueden realizar a la hora de mejorar-modificar sus propias estrategias de intervención. En suma, debe pensarse como luchar contra la vulnerabilidad.

Corrientemente lo vulnerable es definido como aquello que puede recibir una herida física o moral. En los programas socioeducativos la vulnerabilidad se vincula al surgimiento de dificultades psíquicas y físicas que coartan el aprendizaje. El punto a resaltar es cómo juega la noción de pobreza que subyace a estos supuestos.

La pobreza, por lo común, es definida como la falta material de algo que es necesario para vivir, el lugar de lo humilde, de poco valor, desdichado, infeliz. Desde los programas de “inclusión educativa” se pone en primer plano la falta de algo necesario para vivir, para interpretar -a partir de allí- el lugar de lo humilde. La visión de la vulnerabilidad que sostienen se basa en la idea de la igualdad de oportunidades. Frente a esto, cabe preguntarse ¿acaso los sujetos no son seres pensantes, más allá de la materialidad que les da cuerpo?

Jacques Rancière plantea que “La dignidad del hombre es independiente de su posición” (Rancière, 2007: 96). En este sentido, propone pensar en torno a la noción de emancipación intelectual, que implica que “cada ciudadano es también un hombre que hace obra” (Rancière, 2007: 137).

Pensar desde este hacer obra es, precisamente, verificar que los sujetos somos iguales. De otra forma, la educación vendría a quedar subsumida a una suerte de desigualdad vinculada al retraso, paliativa de una falta de disciplinamiento del sujeto incapaz, colocando al sujeto en un lugar simbólico infantil o, en el peor de los casos, poniéndolo en ese lugar.

La educación no es algo a poseer. No es objeto intercambiable. En el marco de que la pobreza y la vulnerabilidad social son entendidas como una falta material (imposibilitante del desarrollo subjetivo y remitida al mundo de lo económico), se adopta un lenguaje fetichista y utilitarista sobre la educación. No porque no sea útil (laboral, legal, estatutariamente) sino porque, con su posesión, no asegura ninguna emancipación de la propia vulnerabilidad.

Esta lógica opera en un doble sentido: no asegura el cumplimiento de la promesa meritocrática del ascenso social (implícita en la relación pobreza-educación-trabajo, cara al modelo de trayectoria de progreso) ni tampoco asegura que, aún cumplida (con las limitaciones inserción laboral y económica que puede esperarse en las trayectorias de estos sectores), los sujetos se sientan dignos o emancipados, es decir, reconozcan su poder. El problema se constituye cuando la educación se piensa como un bien que se intercambia, es decir, una mercancía.

Si la vulnerabilidad es pensada como una falta material consecuencia de la baja inserción en el mundo laboral por parte de un sector de la población del país, entonces, la educación se está entendiendo como algo poseído, un bien a vender, un activo de capital, una herramienta del hombre-pobre-obrero.

Frente a esto, es interesante retomar el pensamiento de Rancière al momento de cambiar la mirada y entender a la educación como un momento de decisión y autodescubrimiento, pues se trata de “aquellos que se han decidido a pensar como iguales a todos los demás” (Rancière, 2007: 60). Las circunstancias (múltiples) explican el por qué de que no todos los sujetos hayan iniciado o tensionado esa búsqueda de igualdad.

Ahora bien, ¿por qué pensar en mañana? A la hora de pensar la educación es necesario pensar en el acto, en concebir la igualdad desde el momento en el que se actúa y toma decisiones. Si bien Rancière señala que las instituciones son puestas en escena, puesta en acto de la desigualdad de las sociedades y que ellas mismas, así como sus Estados, son desrazonables, también sostiene que “se puede multiplicar en ellos el número de hombres que harán, como individuos, uso de la razón y sabrán, como ciudadanos, encontrar el arte de desrazonar lo más razonablemente posible” (Rancière, 2007: 127).

El punto desde el que debería partir la concepción de cualquier política educativa es actuar anunciando “a todos, en cada lugar y en toda circunstancia, la noticia, es más, la buena nueva: se puede enseñar lo que se ignora” (Rancière, 2007: 129).

En la actualidad, las políticas educativas carecen de una mirada política comprometida con la emancipación de los sujetos. Los programas de “inclusión educativa” no pueden edificarse bajo la órbita de técnicos que vengan a iluminar y aplicar un conocimiento especializado sobre la vida de los vulnerables.

Las políticas públicas deben intervenir sus propios espacios, los territorios sobre los que trabajan, las vidas sobre las que actúan, no sólo otorgando un bien. Deben anunciar una posición política que se separe de la lógica del mercado fetichista-consumista y del progresismo desarrollista meritocrático. También, deben estar atentas a no reproducir dentro de sí mismas la “paradoja de los inferiores superiores” por la que “todos están sometidos a quien se representa como inferior, sometidos a la ley de la nada por la pretensión misma de distinguirse de ella”(Rancière, 2007: 113). Su construcción debe asumir la apuesta política-comunitaria que implica la educación de los sectores vulnerables, teniendo en claro que esos sectores no necesitan al Estado, pues podrían existir de otro modo sin la ficción del Estado.

Se trata de quitar el halo de vulnerable, de víctima, a los sujetos que su vulnerabilidad y el vocabulario tecnocrático de la inclusión educativa los conduce (pensada como escape a los perjuicios socioeconómicos).

Es necesario poner en primer plano la apuesta por una forma particular de igualdad educativa, que se critique a sí misma y se preocupe por desarticular el corazón de dominación en ciernes que porta. Precisamente, no se trata que la educación (instrucción, disciplinamiento) venga a mejorar un estado del sujeto sino, a ser ella misma, una forma de emancipación, pues los sujetos pueden saber sin saber qué pueden.

No se trata de instruir para estar en igualdad de condiciones, se trata exponer que los sujetos son iguales más allá de su condición. El poder simbólico de un Estado progresista, con una lengua de lo social y lo popular, construido en la ficción del pueblo (que piensa a este pueblo como vinculado a la imagen de lo proletario, lo pobre o lo plebeyo) no deja de habitar una forma de la alienación:

El pueblo está alienado respecto de su jefe, exactamente como el jefe lo está respecto del pueblo. Esta sujeción recíproca es el principio de la ficción política como alienación original de la razón en la pasión de la desigualdad. El paralogismo de los filósofos consiste en fingir un pueblo de hombres. Pero tenemos allí una expresión contradictoria, un ser imposible. Sólo existen pueblos de ciudadanos, de hombres que han alienado su razón en la ficción no igualitaria” (Rancière, 2007: 117).

Es decir, el poder simbólico del Estado, como legitimador político en el espacio público, no es menor, ni despreciable. Entonces, ¿cómo actuar dentro de la sin razón de la ficción social?, ¿puede actuarse razonando sin razón, como plantea Rancière? La respuesta a estas preguntas surgirá del propio poder del discurso del Estado y de las ficciones que lo sustentan.

Entonces, el problema es cómo el Estado integra a los vulnerables. Debe integrarlos no como tales, sino como iguales. Iguales pese a la circunstancia de la vulnerabilidad. Son sujetos, aún si la promesa meritoria del trabajo no se cumple. La educación no debe ser pensada como útil, sino como herramienta que abre posibilidades, más allá de sus efectos prácticos ligados a la salida efectiva de la vulnerabilidad material: la pobreza.

Por supuesto que no se trata de renunciar a combatir las necesidades materiales, se trata de que, a la par que se apuesta por la educación como una promesa proletaria del esfuerzo (promesa de proletarización, que no es menor para los desposeídos de trabajo), debe apostarse por una promesa presente en un discurso político concreto: anunciar a los vulnerables como sujeto iguales. Esto no puede hacerse si en los programas socioeducativos la vulnerabilidad se liga a las imposibilidades que surgen de la pobreza, pues hay que “servirse, en fin, de todos los medios para convencer al ignorante de su poder” (Rancière, 2007: 129).

Pues, se trata de volver sobre el trabajo de la educación como parte del esfuerzo de la emancipación, dado que:

No se trata de oponer los saberes manuales y del pueblo, la inteligencia de la herramienta y del obrero, a la ciencia de las escuelas o a la retórica de las elites (…) Se trata de reconocer que no hay dos inteligencias, que toda obra del arte humano es puesta en práctica por las mismas ritualidades intelectuales” (Rancière, 2007: 55).

Es necesario sostener una convivencia que camine hacia formas de la emancipación que tensionen lo estatal, una apuesta por lo común, por la constitución de un común no como una forma de la oportunidad individual (que siempre se verificará como negada para la mayoría y, por tanto, como una frustración del propio poder), sino para formar parte como iguales.

Entonces, antes que nada, hay que preguntarse ¿qué se dice cuando se habla de vulnerabilidad? Ser pobre no resume lo vulnerable, pues es un no-poder. El saber del que parten los programas sociales no puede ser el de la integración bajo los parámetros de una tecnocracia heredada del neoliberalismo economicista y mecánico, sino un saber que ponga en primer plano la igualdad, más allá de la condición vulnerable.

La construcción de políticas socioeducativas debe partir de una noción del saber que lleva por sí misma al empoderamiento, tomando seriamente las marcas simbólicas de la vulnerabilidad -que son prácticas- para transformarlas radicalmente. Si se trata de evitar reproducir el gesto de la instrucción de la juventud, se debería trabajar partiendo de que “exista un tipo de explicación adaptada a cada categoría en la jerarquía de las inteligencias” (Rancière, 2007: 38), de este mismo trabajo por los otros y contra uno mismo.

Es imprescindible tener un discurso político emancipatorio sobre los vínculos entre educación, pobreza y comunidad. Quizá puede hacerse poniendo las políticas contra la pobreza material en un lugar que exponga los límites de su forma. Esto no es posible si no se declara públicamente que la educación es una reivindicación política.

Los pobres no dejan de ser sujetos y lo sienten en su propio cuerpo, así como sienten el hambre. Es necesario trabajar y que trabajen por el camino de la rebelión contra la injusticia de su pobreza. Razonar desrazonablemente, trabajosamente, recordar el poder del decir y la importancia de las palabras, de empoderarse, de hacer obra, porque “Es necesario comenzar a hablar. No digas que no puedes. Sabes decir no puedo” (Rancière, 2007: 40).

Hekatherina Delgado

Rancière, J. (2007) El maestro ignorante, Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

Acción urgente en Proa: Algo más que otra muestra sobre la memoria

alejandrogortazar:

El arte en la calle: una nota del blog “Jaque al arte” a propósito de una muestra de la Fundación Proa (Buenos Aires) sobre intervenciones urbanas desde la década del 90 hasta el presente.

Originalmente publicado en Jaque al arte:

Fundación Proa presenta hasta finales de mes Acción Urgente, un panorama sudamericano de intervenciones artísticas en el espacio urbano desde la década del 90 hasta el presente. La muestra reúne el trabajo de algunos colectivos de artistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay que toman la ciudad como escenario y sostén de su producción y sigue la moda de la memoria y el revisionismo histórico que parece estar instalada en las exhibiciones no sólo de Argentina sino de buena parte del mundo. La memoria rinde y está en auge explotarla desde infinitas perspectivas. Acción urgente se inscribe en esta tendencia pero va por más ya que incluye registros de intervenciones urbanas llevadas adelante por artistas de múltiples disciplinas que interpelados por la realidad política, social y económica pusieron en marcha acciones artísticas para visibilizar problemáticas como los derechos de la mujer, la corrupción política, la impunidad, el…

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