Derrida era uruguayo

Fotografía tomada de: http://www.critical-theory.com/

Fotografía tomada de: http://www.critical-theory.com/

Una vez Washington Abdala tuvo la intención de hacer crítica literaria derridiana. Fue un 5 de octubre de 2013 cuando, a través de su cuenta de Facebook, comentó una reseña de su libro Es el botox que el alma pronuncia publicada en Búsqueda por la periodista Laura Gandolfo. El texto se titulaba “Dos formas de mandar a la mierda a Laura Gandolfo”. En sí el texto contiene dos respuestas: una denominada “diplomática protocolar” y otra “postmoderna”. En la primera Abdala cuestiona a Gandolfo como profesional y en la otra pasa del tono despectivo al agravio, sin que quede claro qué es lo postmoderno de la respuesta.

En su análisis de la reseña Abdala apunta a desprestigiar a la periodista en tanto profesional, le señala que no entendió “la escritura en clave de caricatura” y que eso se debe a “la falta de cultura” de los periodistas. Luego describe la operación de Gandolfo y afirma:

se seleccionan pasajes del libro para mostrar una visión que es “deconstruida” de manera obvia y así se [sic] mostrar algo de forma descontextualizada con clara intención de menoscabar. Este mecanismo es también básico. Jacques Derrida elemental. (Lo conocí cuando vino a Uruguay, un genio).

Empecemos por la descripción de la deconstrucción: mostrar algo fragmentariamente y en forma descontextualizada con una determinada intención. Lo que describe Adbala es un mecanismo básico, lo que está en duda es que se parezca en algo a la deconstrucción. Eso sí, hay algo que es elemental. Cualquier lector de Derrida sabe que la deconstrucción tiene varios nombres, según la obra del filósofo que se elija. Incluso a Derrida le fastidiaba un poco la palabra “deconstrucción” como escribió en su defensa de la tesis doctoral en 1980: “me sirvo de esta palabra que no he amado jamás y cuya fortuna me ha sorprendido desagradablemente” (18).

La deconstrucción en un primer momento, en libros como De la gramatología, La escritura y la diferencia o La voz y el fenómeno -los tres en 1967- fue crear no un sistema filosófico sino un “dispositivo estratégico abierto, sobre su propio abismo, un conjunto no cerrado, no clausurable y no totalmente formalizable en reglas de lectura, de interpretación, de escritura”. Esto le permitió revelar ciertas constricciones de larga duración en la escritura (contradicciones, denegaciones, decretos dogmáticos) que incluso la devaluaban. A eso le llamó logocentrismo “en su forma filosófica occidental” y fonocentrismo “en el área más extendida de su imperio” (15). En Márgenes de la filosofía (1972) expandió este universo e incluyó el falocentrismo dentro de esta tradición. Esta reconceptualización de la escritura traía consigo la reconfiguración de ideas como el texto o una constelación de conceptos como la differance, la huella, el suplemento. Derrida se mantenía heterogéno a las distintas tendencias del “estructuralismo” dominantes en el pensamiento teórico en Francia (16).

En 1995 aparece Espectros de Marx y Derrida sorprende con esta reflexión “la deconstrucción de las metafísicas de lo propio, del logocentrismo, el lingüisticismo, del fonologismo, de la desmistificación o la desedimentación de la hegemonía autonómica del lenguaje (…) hubiera sido imposible e impensable en un espacio premarxista. La deconstrucción sólo ha tenido sentido e interés, por lo menos para mí, como una radicalización, es decir, también en la tradición de un cierto marxismo, con un cierto espíritu de marxismo”, lejano agrega a las formas del marxismo confiscadas por la ortodoxia (106).

En definitiva, no está fácil definir o describir la deconstrucción. Pero lo más interesante está en esa frase que aparece curiosamente entre paréntesis “(Lo conocí cuando vino a Uruguay, un genio)”.

Pongamos que Abdala conoció a Derrida. Hagamos el ejercicio de imaginar a un joven edil colorado de 26 años que sentado en la tercera o cuarta línea de la Sala Vaz Ferreria (en la Biblioteca Nacional) escuchó, un poco después de las 19.30, las primeras palabras de Lisa Block de Behar presentando al filósofo el 14 de octubre de 1985. Tal vez le estrechó la mano a Derrida cuando terminó la conferencia o pudo verlo en una cena que el Presidente seguramente le brindó al filósofo esa misma noche. Existe la posibilidad de que le llegara a su despacho de la Junta Departamental el libro Diseminario. La desconstrucción, otro descubrimiento de América (1987) que reunía las intervenciones del filósofo en Uruguay.

La frase aporta una nota de color provinciana y farandulesca al debate. La filosofía, la deconstrucción, la crítica al falo-fono-logocentrismo se reducen a un: “vino a Uruguay, yo lo conocí, un genio el tipo”. Uruguay nomá. Derrida era uruguayo.

Libros citados

Derrida, Jacques. El tiempo de una tesis. Deconstrucción e implicaciones conceptuales. Barcelona: Proyecto a, 1997. 11-22. Hay versión digital.

—. Espectros de Marx. El trabajo de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional. JoséC Miguel Alarcón y Cristina de Peretti. Traducción. Madrid: Trotta, 1995 [1993].

—. Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra, 1994 [1972].

El detective es el abogado (sobre una novela de Hugo Burel)

 

Burel

 

El narrador de esta novela es un abogado del Banco de Previsión Social. Pero que el lector no se espante. No se trata de una crónica realista sobre un personaje rutinario ni nada por el estilo. Se trata de un policial y de los bien resueltos. Sobre todo si el lector ojea la oferta de bodrios que pueblan las librerías tipo Michael Connelly, John Grisham o John Katzbenbach. Con estos “muchachos best-seller” no se puede establecer una diferencia importante entre su último éxito editorial y todos los anteriores. Sin embargo las diferencias entre esta novela de Hugo Burel y la anterior son notorias. En El corredor nocturno (2005) se narra la historia de un vendedor de seguros con una vida rutinaria en el trabajo y en el matrimonio. De pronto su vida cambia radicalmente cuando alguien que conoce “casualmente” en el aeropuerto comienza a perseguirlo. El inofensivo extraño progresivamente pasa a ser su peor pesadilla. Un thriller psicológico con un argumento que parece calcado de las películas del género, que entretiene y obliga al lector a seguir leyendo para adivinar la próxima vuelta de tuerca. El corredor nocturno tuvo un relativo éxito en el mercado local y eso debió pesar en esta nueva publicación de Alfaguara.

Sin embargo con El desfile salvaje Burel apuesta un poco más alto. Para empezar recurre a un truco interesante. Se trata de las dos páginas en las que Marcelo, el narrador-abogado del BPS, reconoce que un editor “bastante impresionado por la historia” le dio una mano en la redacción de la novela. “Fueron sugerencia de este profesional –afirma Marcelo– las citas del comienzo, que yo dudé en incluir porque acaso sean meros intelectualismos”. Se refiere a una cita de Iluminaciones (1886) del poeta maldito francés Arthur Rimbaud, que da titulo a la novela, y a otra de Raymond Chandler. El recurso termina siendo un hallazgo interesante de El desfile salvaje. De algún modo la solución del enigma está unida a la interpretación que Marcelo hace de algunos fragmentos del libro de Rimbaud. Así una investigación sobre la muerte misteriosa de Esteban, amigo de Marcelo de toda la vida, se convierte en una especie de investigación literaria.

Otra diferencia con El corredor nocturno es que hay un interés de situar más la historia en un contexto determinado. Si bien la nueva novela de Burel también parte del presente, en El corredor nocturno se aludía oblicuamente al contexto de la crisis económica del 2002. En El desfile salvaje la referencia al pasado está más presente, tal vez porque los personajes tienen una historia en común que los remonta a los sesentas y a la dictadura. Por ejemplo, el narrador consigue trabajo en el BPS durante la dictadura gracias a un ex–diputado y a un prontuario “limpio” de izquierdismo. Pero Marcelo también relata su experiencia en las discusiones sobre el marxismo o la revolución, también aparecen la marihuana o los inicios del rock en Montevideo. En este caso la variante local hace que los personajes sean más “densos” aportándole otro elemento interesante a la novela.

El género policial no tiene mucho más de 30 años en Uruguay. Eso escribió el crítico argentino Jorge Lafforgue hace más de 10 años en un artículo que fue incluido luego en Asesinos de papel, ensayos sobre la narrativa policial escrito junto a Jorge B. Rivera. No es que no hubiera antecedentes mínimos y prestigiosos en la literatura uruguaya pero Lafforgue prefiere iniciar la cosa con Carlos María Federici y Mario Levrero hacia 1972. A partir de allí se puede hablar de un género consolidado, que en las últimas décadas tuvo su “auge” con Carlos Reherman, Hiber Conteris, Hugo Fontana, Omar Prego Gadea y otros novelistas. Esta novela de Burel, y por qué no la anterior, deberían tener un lugar cuando aparezca algún estudio sobre el género policial en Uruguay. Una sola cosa atenta contra la novela: el final. En las últimas páginas se reproduce un cuaderno de notas escrito por el muerto en tono poético que no aporta nada a la novela. El final del último capítulo tendría más fuerza sin él. Una lástima.

Pd (marzo de 2015): Esta nota fue publicada con el mismo título “El detective es el abogado” en la diaria Nº 412. Montevideo, 26/10/2007: 7. Es importante aclarar que la nota fue escrita en 2007 y a la lista de escritores uruguayos trabajando en el género policial habría que agregar a Pedro Peña, Rodolfo Santullo, Renzo Rosello (a quien olvidé mencionar en aquella nota), Hugo Fontana y muchos otros que son analizados por Ramiro Sanchiz en esta nota.

Otra vez la pelota en la casa de Doña María

tiziano mecenas Acaba de publicarse una columna del escritor y periodista Carlos Rehermann sobre el discurso de Tabaré Vázquez en su primer día de gobierno. No tengo ninguna intención de discutir sobre política partidaria con el ciudadano Rehermann, no tengo ninguna intención de hacer una defensa del gobierno, con el que siento afinidad y al cual voté en las últimas elecciones. Tampoco es un secreto para nadie que tuve un cargo de responsabilidad en la administración pasada, precisamente en la Dirección Nacional de Cultura. Pero preferiría dejar esa historia en el pasado y concentrarme en dos pasajes de este texto. Me interesa discutir algunas ideas confusas que se deslizan en la nota porque en el afán de criticar al gobierno, específicamente el discurso del mandatario el 1° de marzo por cadena nacional, el columnista entra en terrenos en los que me parece no pisa tierra firme. En el primer pasaje arremete contra la sociología y la antropología:

El problema es que a los sociólogos y antropólogos no les interesa el arte en tanto manifestación estética, sino la cultura en tanto construcción simbólica, y le da lo mismo una pintura de Tiziano que el símbolo que en Francia señala un local de venta de tabaco.

Este primer enunciado es falso. Buena parte de los esfuerzos de la sociología y la etnografía del arte están orientados a poder explicar la lógica social del arte, lo que hace posible su distinción de otros objetos en el mercado de bienes, las cuestiones relativas al proceso de autonomización del arte, entre otras. De ninguna manera estas disciplinas han contribuido a que todo sea lo mismo sino todo lo contrario, han ayudado a comprender el modo de acumulación del capital cultural y las reglas que rigen el mercado de bienes simbólicos, que muchas veces se distancian de las reglas del resto de las mercancías. Allí está buena parte de la obra de Pierre Bourdieu para demostrar lo que digo, pero el sociólogo francés es en verdad heredero de una tradición crítica que no empezó ni terminó con él. Tal vez el columnista se confunde con ciertas versiones de los estudios culturales, fundamentalmente la norteamericana, que efectivamente tienden a poner en el mismo nivel una pintura de Tiziano y un cartel señalizador, siguiendo la simplificación del escritor. Eso sin discutir el hecho de que en la construcción del arte como objeto de estudio legítimo para esas disciplinas cualquier comparación bien fundamentada tiene validez. Es por esa razón que puede ser posible comparar lo que en apariencia parece incomparable.

Luego, en ese mismo párrafo, el columnista arremete contra la industria

Exactamente lo mismo le sirve a la industria, especialmente cuando el arte se hace técnicamente reproducible. A la industria le conviene la desacralización del arte, de manera que desdibujar el término, convertirlo incluso en algo esnob, identificarlo luego con una simple producción simbólica, terminar con el valor artístico y reducir el juicio estético a una elección basada en un derecho al gusto o a la identidad de una minoría, manipulando de paso el concepto de estilo para que deje de identificar un período y pase a ser una serie de estilemas personales o tribales, sirve también a fines comerciales.

Es muy curiosa la forma en que se da vuelta el pensamiento de Benjamin sobre la desacralización del arte, porque el hombre veía en la pérdida del aura del arte un potencial emancipatorio, que podría acercar el arte al pueblo, aspiración que compartió con un sector importante de la vanguardia histórica, pero que luego hizo trizas el fracaso de la experiencia soviética en el arte (el realismo socialista como estética oficial) y el triunfo del capitalismo (el mercado). Pero el párrafo es difícil porque en medio de esto el columnista identifica la “desacralización del arte” con la pérdida del “valor artístico”, con la reducción del “juicio estético” y con la cuestión del “derecho al gusto o a la identidad de una minoría”. La verdad es que es difícil entender cómo este conjunto de problemas, en algún sentido muy distintos, están unidos en un mismo enunciado.

Pero quiero decir dos o tres cosas como para aclararme el panorama. La primera es que habría que analizar con cuidado el hecho de que el mercado opere igualando todas las mercancías, porque no está claro que un cuadro de Tiziano valga lo mismo que un litro de leche, en cierto sentido el mercado se beneficia de la distinción entre las mercancías, entonces no veo en qué lugar el mercado opera para desacralizar el arte. En segundo lugar me parece un exceso contraponer este problema de la supuesta disminución del “valor estético” y el “juicio estético” a los derechos de las personas. En otra parte de la nota los lectores podrán ver a qué apunta el columnista con esta cuestión, es uno de los ataques al gobierno que más le gusta hacer a él y a otros enemigos de la “corrección política” y la diversidad. Al parecer que las personas tengan derecho a participar de la vida cultural y que haya un sector de la política pública que se dedique a garantizar ese derecho, es la razón por la que se pierde el valor y el juicio artístico. A mi me parece que suena a queja por la pérdida de privilegios, pérdida por lo demás imaginaria porque el sector de la política pública que se dedica a garantizar este derecho del pueblo es ínfimo en relación a lo que se dedica a las artes. No voy a decir nada más en honor a lo que prometí al principio de estos párrafos. La actual administración decidirá si quiere contestar al columnista sobre este o cualquier otro punto del artículo.

Por último, hay otro pasaje que realmente me sorprendió y también por razones conceptuales. Es el pasaje en el que el escritor se queja del monto de los premios de literatura. He aquí los dos párrafos sobre los que quiero detenerme:

Los montos de los premios nacionales de literatura, por ejemplo, que ascienden a un máximo de 1800 dólares (1200 en el caso de los libros inéditos), ponen en evidencia el valor que le da el Estado a los libros producidos en el país. Un razonamiento básico permite ver lo ofensivamente bajo de esos montos. Digamos que una novela de 150 páginas fue escrita por un individuo con una gran capacidad de producción, algo así como una página por día. Seis meses de trabajo. Lo mínimo respetable sería pagarle al tipo, si es que gana el premio a la mejor obra del país, seis sueldos más o menos decorosos, más o menos unos 18.000 dólares, algo así como una retribución por el trabajo realizado. El Estado considera que debe pagarle 10 o 15 veces menos.

Uno no puede más que quedar desconcertado frente a este razonamiento. ¿Qué es lo que quiere el escritor? Sorprende el uso de términos como “compra”, “producción”, “trabajo”, “salario”. ¿Es que lo que se pretende es ser un empleado del Estado? ¿reinstaurar el mecenazgo del príncipe? La clave del asunto está en confundir un premio, es decir, un estímulo, un reconocimiento del Estado, con un salario. Por esa razón los premios no pagan cargas sociales ni aportan a la seguridad social, el artista se lleva su premio enterito al bolsillo y a otra cosa. Esta conversación sobre lo pobre del salario tal vez podría instalarse en el escritorio del gerente de la editorial. El diálogo podría versar sobre quién se lleva la mayor parte del derecho de autor, sobre los contratos abusivos, sobre quién paga la seguridad social, los aportes patronales y otros tantos temas. También todo este ejercicio podría caer ante la pregunta de si el editor es un empleador y si publicar una novela es “trabajo dependiente”. Pero me parece que el escritor no quiere reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de su actividad profesional sino criticar los magros dineros que el Estado uruguayo destina a premiar artistas. Legítimo pero incompleto. En fin tanto las palabras de nuestro presidente como esta columna tienen muchos puntos polémicos. Sobre lo que haga o no haga el gobierno me reservo de opinar ahora, en la medida en que todos los ciudadanos estamos expectantes de lo que se haga en estos cinco años. En mi caso muy especialmente en áreas como la educación, la cultura, la relación producción-medio ambiente y las políticas sociales. Ya veremos.

“Strawman” de Lou Reed

Me van a decir que este no es el mejor tema del New York (1989) y probablemente tengan razón. Pero seguramente no me van a negar que este disco está en la lista de los 3 mejores de Lou Reed (1942-2013).

“Strawman” es el tema 13 del disco, el penúltimo, y para mi tiene una fuerza especial. La música revienta en la letra, que es directa, simple y con un contenido político bien claro. En eso tienen un aire de familia con el tema 5 del disco “There is no time”. 1989 fue el último año de la presidencia de Ronald Regan y siempre quise caprichosamente que el espantapájaros fuera él y que Lou Reed apretara los dientes cada vez que lo mandaba a la mierda en el estribillo.

Lo cierto es que la letra apela a una crítica social que abarca muchas facetas del sueño americano (la riqueza, las estrellas de cine, el presidente, la carrera espacial, los autos, la religión) y al propio cantante de rock engreído.

Acá les dejo la letra. Escuchen el disco entero. No hay una canción del New York que no valga la pena escuchar. Y si quieren tener una idea de la trayectoria de Lou Reed lean este artículo de Gonzalo Curbelo que salió justo después de su muerte.

We who have so much to you who have so little
to you who don’t have anything at all
We who have so much more than any one man does need
and you who don’t have anything at all, ah

Does anybody need another million dollar movie
does anybody need another million dollar star
Does anybody need to be told over and over
spitting in the wind comes back at you twice as hard

Strawman, going straight to the devil
strawman, going straight to hell
Strawman, going straight to the devil

Strawman
strawman
Strawman
strawman, yes

Does anyone really need a billion dollar rocket
does anyone need a 60,000 dollars car
Does anyone need another president
or the sins of Swaggart parts 6, 7, 8 and 9, ah
Does anyone need yet another politician
caught with his pants down and money sticking in his hole
Does anyone need another racist preacher
spittin’ in the wind can only do you harm, ooohhh

Strawman, going straight to the devil
strawman, going straight to hell
Strawman, going straight to the devil

Strawman
strawman
Strawman
strawman

Does anyone need another faulty shuttle
blasting off to the moon, Venus or Mars
Does anybody need another self-righteous rock singer
whose nose he says has led him straight to God
Does anyone need yet another blank skyscraper
if you’re like me I’m sure a minor miracle will do
A flaming sword or maybe a gold ark floating up the Hudson
when you spit in the wind it comes right back at you

Strawman, going straight to the devil
Strawman, going straight to hell
Strawman, going to the devil

Strawman, strawman
strawman, …., ah
Strawman
strawman

Un paseo por las paredes del Cementerio del Buceo

Muro de la Av. Ing. Juana Pereyra

Muro de la Av. Ing. Juana Pereyra

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) I

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) I

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) II

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) II

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) III

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) III

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) IV

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) IV

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) V

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) V

Muro de la Avda. Rivera

Muro de la Avda. Rivera

CEMENTERIO DE PUNTA ARENAS

Ni aun la muerte pudo igualar a estos hombres
que dan su nombre en lápidas distintas
o lo gritan al viento del sol que se los borra:
otro poco de polvo para una nueva ráfaga.
Reina aquí, junto al mar que iguala al mármol,
entre esta doble fila de obsequiosos cipreses
la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia
y reírse del polvo.

Por construirse estaba esta ciudad cuando alzaron
sus hijos primogénitos otra ciudad desierta
y uno a uno ocuparon, a fondo, su lugar
como si aún pudieran disputárselo.
Cada uno en lo suyo para siempre, esperando,
tendidos los manteles, a sus hijos y nietos.

Enrique Lihn

Muro de la calle Tomás Basañez I

Muro de la calle Tomás Basañez I

Muro de la calle Tomás Basañez II

Muro de la calle Tomás Basañez II

Muro de la calle Tomás Basañez III

Muro de la calle Tomás Basañez III

Muro de la calle Tomás Basañez IV

Muro de la calle Tomás Basañez IV

Muro de la calle Tomás Basañez V

Muro de la calle Tomás Basañez V

Muro de la calle Tomás Basañez VI

Muro de la calle Tomás Basañez VI

Muro de la calle Tomás Basañez VII

Muro de la calle Tomás Basañez VII

Muro de la calle Tomás Basañez VIII

Muro de la calle Tomás Basañez VIII

Muro de la calle Tomás Basañez IX

Muro de la calle Tomás Basañez IX

La novela de José Leandro Andrade (entrevista a Jorge Chagas, III)

En este mismo blog hice dos entrevistas a Jorge Chagas para conversar sobre su formación y sobre su novela La soledad del General. En ese momento mi interés giraba en torno a la figura de Ansina y la novela de Chagas era uno de los tres textos que lo representaban en la narrativa uruguaya contemporánea. La entrevista fue un insumo fundamental para escribir un artículo académico (“Versiones de Ansina en la ficción uruguaya contemporánea (1993-2001)”). En 2012 Chagas estaba escribiendo otro texto en el que Ansina era protagonista y no un personaje lateral como en La soledad del General. Dos años después publicó La sombra una ficción que ofrece un Ansina nuevo. Cuando nos encontramos, en julio de 2012, me comentó que su novela Gloria y tormento. La novela de José Leandro Andrade (2003) era la novela en la que tocaba con profundidad el tema de los afrodescendientes. Recién hoy, casi 3 años después, pude conversar con él sobre esa novela.

441-426 Voetbal; OS 1928 Amsterdam; jJose Leandro Andrade uit Uruguay.

¿Por qué decidiste escribir sobre José Leandro Andrade? Me acuerdo de un capítulo en el que Juan Ángel Silva le dice al personaje Clara Moreira “¿por qué no escribís sobre Isabelino Gradín?”

Me lo dijo a mí. El tema es muy simple, desde que era chico sentí hablar de Andrade y siempre me intrigó por qué la gente de la comunidad negra lo consideraba un gran jugador pero a su vez era tan resistido. Me parecía que ahí había una contradicción que yo no la entendía. Entonces eso me llevó a tener una curiosidad desde muy pequeño sobre él. Todos te decían que era un gran jugador pero… ese “pero”, el tema de la cena a la que él no fue, ese desprecio que ellos sintieron que les hizo, el campeón olímpico, la maravilla negra, que no fue a esa cena de homenaje…

¿Quién se la organizó esa cena?

Esa cena fue organizada por la comunidad negra.

Pero ¿quiénes estaban atrás de eso?

Los nombres que estaban atrás eran todos los que en aquella época eran los referentes, como se les llama ahora, era gente que sabía leer y escribir y estaban alrededor de [la revista] Nuestra raza. Es esa gente que tiene un nivel cultural un poco más alto para la época y entienden que Andrade iba a ser una especie de modelo para los más jóvenes, principalmente para levantar la autoestima y sentirse orgulloso de él. Es la misma gente que reivindicó mucho desde el punto de vista histórico la figura de Ansina. Es esa gente que ya en aquella época entendía que había que avanzar, que había que lograr tirar abajo los prejuicios de la sociedad que eran muchísimo más intensos que ahora… la segregación ¿no?… hay que entender que se mueven en un mundo absolutamente diferente a este. Es esa gente que logra movilizar a la comunidad.

Después, allá por el año [19]96, [19]97, la Fundación Banco de Boston organizó un concurso de personajes célebres. Y con Gustavo (Trullen) estábamos escribiendo el libro sobre José D’Elía, el legendario dirigente sindical, y D’Elía era uno de los pocos tipos que estaba vivo en aquel momento que había asistido a todos los partidos del mundial del 30, había visto todos los partidos… de Uruguay, no se había perdido ni un partido. Él con el hermano, el historiador Germán D’Elía, había visto todos los partidos del mundial del 30 y recordaba a Andrade y la chismología de Andrade, el hombre que había puesto a París, París se había inclinado ante él, que había andado con la condesa rubia… Lo vio jugar y ahí dijimos ¿por qué no hacemos una biografía para presentarnos en el concurso? Y ¿qué pasó? Empezamos a hablar con un montón de gente y llegamos a tener un cajón, una caja llena de documentos, de apuntes, grabaciones y dijimos “Esto es una novela, Andrade es una novela de los pies a la cabeza” y bueno ahí surgió la idea de la novela.

Entonces vos decís que es un personaje de novela

Es un personaje de novela por un montón de características, no solo un gran jugador de fútbol, un gran bailarín de tango, porque hay una cosa que generalmente la gente no sabe, que en aquella época las comparsas tenían una escenografía que era muy parecida al tango, que era como una especie de habanera, que desapareció después en carnaval, ya no se hacen más habaneras, los negros viejos hablaban de la habanera, que era más o menos un ritmo tipo milongón. Los negros sabían bailar muy bien el tango, se bailaba muy bien en los conventillos. Y Andrade sabía bailar muy bien el tango.

Y eso le daba arrastre con las mujeres

Y más en París. Un tipo de raza negra, un metro ochenta, gran bailarín de tango, gran jugador. Todo eso… Llegó a París, estuvo en el momento justo, en el lugar justo.

¿Y no te generó dudas eso de contar la historia de un personaje que vos veías que los propios afrodescendientes te decían “por qué no contás la historia de otro”?

Bueno sí, eso me lo dijeron. Había una resistencia en un principio a hablar de Andrade, una fuerte resistencia, que yo la muestro en el libro pero uno se va ganando a la gente, lo van conociendo, van comprendiendo, van aceptando que forma parte del pasado, las nuevas generaciones dicen “bueno, pero eso ocurrió hace mucho tiempo, llegó el momento de entenderlo, de comprenderlo, de no juzgarlo. Lo que pasó con nuestros abuelos pasó”.

¿Vos pudiste saber por qué no fue a la cena-homenaje?

Si, pero prometí no decirlo. Vos vas a ver que en la parte final del libro yo le digo especialmente a Danton Rosas Riolfo y a Alberto Britos, ellos me dijeron mucha cosa pero de acuerdo con lo prometido yo no iba a hablar.

Está bien, o sea que todavía hay un secreto ahí del que no se puede hablar

Si, un secreto que si lo supieras vos lo entenderías y tampoco lo dirías

Otra cosa que me llamó la atención es cómo decidiste contarlo, porque no es una biografía, vos escribiste biografías, sin embargo elegiste contarlo en una novela

Hay varios puntos de vista pero las novelas hay que saber cómo empiezan y cómo terminan, vos tenés que tener claro cómo vas a empezar, tener claro aunque sea la oración del principio y cómo va a ser el desenlace. Eso lo aprendí con Lauro Marauda, en el taller. Vos tenés que tener claro las oraciones, por lo menos la primer oración, como en 100 años de soledad, van a fusilar a Buendía, después que se te puso en la cabeza… “Las tres ancianas negras que vivían en la Cachimba todas tuvieron la misma noche, el mismo sueño”. Es eso, ahí yo ya sabía el desenlace. Después de eso pasa que empiezan a crecer personajes, hay varios puntos de vista, hay un enigma, quién es el misterioso hombre que contrata a Clara Moreira para que haga la historia de Andrade, entonces en la novela está la peripecia del propio Andrade que tiene que ver con sus recuerdos, está Clara Moreira, esa periodista que es contratada por un hombre misterioso para que escriba la novela de Andrade, lo que ella investiga y cómo se relaciona con las demás voces, con las demás personas, y están también las reflexiones personales, íntimas, de aquellos jugadores que jugaron con Andrade, la opinión de Nasazzi, de Mazali, de Cea.

¿Cómo construiste eso?

Lo hice en base a testimonios de época, un poco de lo que contaban ellos mismos en reportajes que se les hicieron, en lo que recordaba Dalton Rosas Riolfo, tuvo una enorme ventaja, él los conoció a todos, tenía un programa “Tierra de campeones” y el que estaba al lado de él era Cea , porque Cea después se convirtió en un periodista deportivo, que incluso llegó a tener un programa televisivo: “Glorias deportivas”. Pero además de eso, Dalton Rosas logró ser uno de los asistentes junto con Carlitos Soto en las comidas que hacía Roque Santucci, se reunían los campeones del año 30, los veteranos se reunían a comer en la cantina de Roque Santucci y obviamente como en toda comida surgen cuentos, anécdotas, montones de vivencias, cosas que se dicen, algunas no se pueden repetir. Tengo muy claro el drama del 28, yo no sabía que había sido tan duro el campeonato del 28, había habido tantos problemas internos, que están en la novela. Hubo una crisis interna fuerte…

Bueno, Andrade no quería ir

Se dan dos versiones, dejo al lector que diga, qué pasó, si realmente Andrade no quería ir o si fue una estratagema. Eso lo dejo abierto. Los campeones olímpicos dieron muchas entrevistas, se escribieron muchas notas que permiten tener un material histórico muy fuerte para después crear la ficción.

Entonces vos decidiste no contar una biografía con una voz única, mezclar historia y ficción

Hay muchas voces que cuentan hechos históricos, cuentan los mismos hechos pero de manera diferente, cada cual lo ve a su manera. Hay dos cosas que son muy interesantes: el padre de Andrade era muy viejo cuando él nace, un hombre de muchísima edad. Lo sorprendente del tema es que yo tuve oportunidad de hablar por teléfono con el historiador de Salto. Él se tomó el trabajo de buscar la partida de nacimiento y me la mandó, y realmente el hombre tenía mucha edad. Parece ficción. A veces la propia realidad puede ser más fuerte que la ficción. Incluso hay gente que pensaba que esto es ficción pero es real y cosa que es real es ficción. Cuando uno logra eso, quiere decir que la novela funciona. Obviamente que los elementos sobrenaturales son ficción, como en toda novela mía siempre hay elementos sobrenaturales. Hay una cosa muy graciosa. Vos sabés que la novela se musicalizó. Milita Alfaro sacó una nota en Brecha que le gustó mucho la musicalización de Yambo Kenia. Hay un artículo que salió en “El Naranjo” de Salto en que habla de la lluvia de peces del día que nació Andrade, viste que la novela aparece un recorte del diario “El Naranjo” de Salto, fechado en tal día, entonces Alfaro dice “lo que demuestra que los lugareños recuerdan una cosa muy extraña, una lluvia de peces”. Y era una prueba, dice ella, está en “El Naranjo”. Entonces la llamo a Milita y le digo “Muy lindo tu artículo pero te voy a decir una cosa, eso es una ficción mía, no existe “El Naranjo”, la inventé yo esa nota”. Está creado en la novela.

Andrade3

Ahí te pasó lo contrario…

La persona piensa que es real y es ficción. Entonces ahí me empecé a dar cuenta ahhhhh, la novela está caminando. Eso es entreverar las barajas, personajes ficticios que pueden parecer reales… como gente que me dijo “Sí, yo conocí a Ethaides Irisluna”. Es notable porque Ethaides Irisluna es ficticia. “Cómo que no, pero ¿esa mujer no vivía en tal lado?” Ah,es probable que yo haya tomado una persona real como modelo. Ah, me dicen, porque lo que ella dice es así. Los personajes ficticios pueden decir verdades. Eso pasa. Puedo contarte un montón de anécdotas pero estas dos creo que te pueden servir.

Vos decías que en tus novelas siempre hay elementos sobrenaturales, que de alguna manera tienen que ver con formas de la religiosidad afro ¿por qué hacés eso? ¿qué es lo que te lleva a introducir esos elementos? Porque eso es lo que hace rara a la novela, que empiece así, con algo que “no es real”

A mi gusta mucho el “realismo fanstástico”, yo soy gran admirador, entre otros, de García Márquez. Creo que el realismo fantástico es un buen género narrativo para narrar cosas en este continente, de acá, en esta parte de América Latina y el Caribe. Creo que hay personajes que ameritan que sean del realismo fantástico. Yo tengo una novela, Agua roja, es una novela que habla de integrantes del escuadrón de la muerte. Es el punto de vista de un miembro del escuadrón de la muerte, cómo piensa la cabeza de él y en esa (novela), si bien vos nos a ver elementos sobrenaturales, pero hay algo raro, inquietante, es un personaje que en su casa, lo que hacen en su casa, ahí entro en cosas que no se dicen y el final, que ahí lo sobrenatural es inquietante, hay algo ahí que no encaja pero que no especialmente en el realismo fantástico pero que puede inquietar al lector. Lauro me lo dijo “hay algo que no…” El otro que lo notó muy claro fue [Hugo] Acevedo, el crítico literario de La República. Él también notó eso, dijo en la crítica “hay algo del personaje en su casa que es irreal”.

A mi me llamó mucho la atención ese primer capítulo porque es como si fueras a contar una leyenda

Exactamente, es que es una leyenda en el que el mito y la realidad se entremezclan.

Pero qué pasa con los dioses africanos

Hay mucha ficción.

¿Vos inventás eso?

Si, hay mucha ficción aunque sí respeto la concepción de la naturaleza. Los dioses africanos viven en contacto con la naturaleza. Además los dioses africanos, y no es casual, en realidad el más poderoso de todos los dioses, Olodumare [panteon yoruba, es el dios que representa todas las fuerzas, no tiene representación como los otros dioses], que aparece en la novela de Ansina [se refiere a La sombra. La novela de Ansina, 2014]… Él en realidad preside un consejo. Ese es un concepto tribal. Él gobierna el consejo, donde incluso hay diosas, y entran en conflicto.

¿Eso lo inventaste?

No. La mitología africana reproduce el mundo tribal, que es el Consejo de Ancianos, que gobierna la tribu, sus dioses funcionan igual como ellos, es el más viejo entre los dioses.

Pero ¿no tiene ficción eso? Vos lo tomaste de la mitología africana

Algunos sí y otros no. Además hay muchos demonios pequeños, hay espíritus, de la cobardía, de la valentia…

Acá en Gloria y Tormento hay uno que provoca que pasen cosas raras al momento de nacer Andrade…

Son a veces caprichosos, infunden miedo, terror, hacen diabluras [Habla de la novela de Ansina, de la “diosa olvidada”, las lanceras artiguistas]. Los dioses a su vez tienen pasiones, provocan conflictos.

Porque en Gloria y tormento hay un dios inquieto y juguetón

En ese caso es Andrade, es un demonio juguetón, caprichoso, como Andrade, comete errores, es un dios niño. Porque hay una cosa que me contó Ricardo Faccio que él una vez fue a una comida de los viejos de Nacional, e invitan a Andrade y Faccio me dice “él no le dio bola a nadie, se quedó jugando con los chiquilines”. Cero bola a los demás. Era como un niño. Faccio me dio una buena pista de cómo era Andrade, más allá de lo que hablé después con Rosas Riolfo, con Carlos Soto, con Guruyense [Nelson Domínguez, periodista de El País], con Alberto Britos Serrat. Te voy a contar una anécdota. Hace dos años atrás tuve que ir a un evento organizado por Beatriz Santos, yo estaba sentado al lado del presidente de Nacional y el tema fue Andrade. Entonces yo decía una cosa, dije medio en broma, medio en serio, y todos se rieron porque entendieron lo que yo quise decir… Pasaron dos cosas, esta es la primera que te cuento. El tema con Gradín es que era un hombre de trabajo y más allá de que jugaba al fútbol, era un hombre de trabajo, trabajaba en el puerto, tuvo una esposa, hijos, familia, le gustaban los bailes pero era un hombre de vida sosegada. Él nunca tuvo ningún escándalo, lo único que hizo Gradín que provocó su ida de Peñarol no muy amable, fue reclamar y la directiva de Peñarol lo apartó. Pero él no tuvo escándalos en su vida, su vida era sosegada, iba a las comidas, los amigos lo querían. Esa persona no es un personaje de novela, es un personaje para hacer una biografía.

Que fue lo que hizo Carina Blixen…

Exacto. Eso sí, pero es eso, es una biografía, no es un personaje, los personajes de novela son los conflictivos, los que arman lío, los que son mujeriegos, los que generan conflictos porque eso es lo que los hace personajes novelables.

Y el otro tema

El otro tema que causó… me acuerdo que estaba al lado del presidente de Nacional [Alarcón]. Nos reímos mucho con él, yo soy hincha de Peñarol pero nos reímos mucho. Cuando estaba por terminar el evento se levantó una de las descendientes de Andrade y pidió disculpas: “Les pido disculpas a todos en nombre de mi familia por lo que hizo mi tío abuelo”

Y ustedes quedaron sorprendidos…

Me dice el presidente de Nacional: “No entiendo nada, algo que pasó hace más de 80 años…”

O sea, todavía sigue pesando en la familia

Ah si

Te metiste en un lío cuando decidiste contar la historia

No, ellos quedaron agradecidos conmigo.

¿Tuviste vínculo con la familia para hacer la novela?

Si. Incluso la hija a mi me adora, porque gracias a que hicimos una movida en Salto, presentamos la novela, la llevamos a ella a que hablara en la presentación, se le votó una pensión graciable. Ella quedó encantada con eso y no pudo venir cuando se hizo la segunda edición, que actuó Yambo Kenia, por motivos ajenos.

Porque hubo una segunda presentación de la novela, eso me interesa, porque en 2007 gana Yambo Kenia el Concurso de Carnaval y esa segunda edición sale con la foto de los personajes de la comparsa en la tapa. Contame como fue eso…

Es muy fácil, parece cosa de novela. Estoy con Beatriz Santos, soy muy amigo de ella [Santos es la directora de la UTDA y una reconocida artista y activista afro], y me dice: “Che Jorge, te felicito, estuve la otra vez en el ensayo de Yambo Kenia y están musicalizando tu novela”. Y le digo: “No sé nada, de qué me estás hablando”. Ella pensó que yo le estaba haciendo una broma. Me dice “Pero cómo ¿no sabés nada?”. Le respondo: “Mirá Beatriz yo no sé nada, quedo sorprendido si vos me decís eso”. Entonces fui al ensayo de Yambo Kenia y digo “Pa, es mi novela”.

¿Cómo fue eso? ¿El director leyó la novela?

No, Larraura [Director de Yambo Kenia] no sabía nada. El que la leyó fue Luis Trochón que le gustó, le tiró la idea al director, querían hacer algo diferente. Lo que pasa que hay una cosa que tiene que ver con el Carnaval, las comparsas cuando arman su actuación lo que hacen generalmente son escenas, cuadros, pero no tienen un principio, un desarrollo y un final, una trama. No hay trama, el que ve carnaval lo sabe. Pero esta vez, por primera vez, hubo una trama, musicalizado. Entonces a mi me intrigaba: ¿cómo harán musicalmente la escena de la cena, porque es una escena clave en la novela? Y ahí ví que la hacían musicalmente y me dije a mismo “acá hay todo un mundo que a mi me falta explorar”, que es el mundo de la traslación de la literatura a la música.

Vi el espectáculo en You Tube y me pareció impresionante…

Incluso generó un hecho curioso: mucha gente negra que no había leído la novela, vio el espectáculo y compró la novela. Incluso Beatriz Ramírez [directora del Instituto de la Mujer en el Ministerio de Desarrollo Social entre 2010 y 2015] me dice “pero el final es diferente en la novela. Me gustó más el final de la novela”. Ellos cambiaron el final. A ella le hubiera gustado ese giro final.

¿Te dieron entrada a vos en el espectáculo?

No, yo fui a ver, les dije que era yo, ahí se enteraron todos, hoy en día lo reconocen públicamente. Quedó en la memoria popular ese espectáculo. Yo no me podía meter porque no formo parte, no soy integrante de Yambo Kenia; segundo, yo ahora recién estoy adquiriendo conocimientos que me permiten armar un espectáculo.

Y ellos no te preguntaron nada de la novela

No me preguntaron nada no. Y yo tampoco me metí. Entendí que no era pertinente.

O sea tuviste poca intervención

Ninguna.

Salvo haber escrito la novela…

Salvo eso, ninguna. Y creo que tiene que ser así. En realidad el responsable era Trochón. Lo bueno que tuvo, además del re lanzamiento de la novela, fue que me permitió interesarme por nuevas cosas.

Una chola en el Buceo

Última tarde de enero. Mi hija y yo salimos a pasear por el barrio. En la esquina de Propios y Ramos, al lado de un negocio que vende empanadas, nos encontramos con dos jóvenes trabajando en un mural.

 

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Mientras pintan, escuchan a la Bersuit (o eso recuerdo). Son “Maldito Bastardo” y “Demo”. Trabajan en sectores diferentes de la pared. “Maldito bastardo” retoca el rostro de una chola en base a una fotografía que sacó en un viaje reciente por el altiplano. “Demo” pinta los detalles de la ropa que lleva la chola. Ambos comparan lo que van pintando con un boceto digital que hicieron tomando como referencia la foto. La chola tiene un sombrero que los artistas sustituyeron por la casa de un pájaro que observa todo parado en una rama.

 

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Es la primera vez que encuentro artistas trabajando en los muros. Por lo general contemplo obras ya terminadas o incluso intervenidas por otros artistas. En una oportunidad fotografié un muro que no estaba terminado y que los artistas concluyeron semanas después.

Pero esta es otra historia. Con mi hija en brazos, que los miraba trabajar con cierta curiosidad, me acerqué a conversar. Los distraje con todo tipo de preguntas ¿Cómo se llaman? ¿el muro se lo dieron o lo pintan de vivos? ¿tienen alguna formación? “Maldito bastardo” y “Demo” responden sin dejar de pintar, pero es inevitable que los retrase en su trabajo. El dueño estaba medio reticente a entregar el muro aunque ellos ya habían empezado antes de hablar con él. Hicieron un par de años en la Facultad de Bellas Artes pero no era lo que buscaban. Hacen diseño gráfico, trabajan juntos en un estudio y buscan formación en otra parte. Han pintado otros muros en el entorno del Cementerio del Buceo. “Maldito bastardo” por ejemplo pinto esta belleza frente a la rambla a pocas cuadras de donde estamos.

 

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Baja el sol, se termina la última tarde de enero. Maite dice “Chau nenes”. Cuando vuelvo a mirar “Maldito Bastardo” y “Demo” ya se metieron en su trabajo. Seguramente no escucharon el saludo de mi hija pero cuando terminen le habrán dejado un regalo que disfrutará todo el barrio.