Cazador de palabras

Galeano2

Eduardo Galeano nació el 3 de setiembre de 1940 y murió a los 74 años el 13 de abril de este año. En el transcurso de su vida escribió más de 40 libros traducidos a varios idiomas y analizados por distintos académicos (no en Uruguay), participó en varios proyectos periodísticos (El Sol, Marcha, Época, Crisis, Brecha, entre otros) y apoyó distintas causas políticas y sociales desde la fundación del Frente Amplio en 1971 hasta el rechazo de las plantas de celulosa y la minería a cielo abierto más recientemente. Con este panorama hacer una biografía de Eduardo Galeano puede ser una tarea imposible, condenada al fracaso si pretendiera abarcar todas las aristas de la persona pública. Por eso Kovacic optó por recortar ese universo para ceñirse al periodista y escritor. La elección no es casual, Kovacic es un periodista profesional que trabajó para distintos medios (es corresponsal de Brecha y escribe también en Página/12, Tiempos del mundo y Veintitrés, entre otros) y es docente en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Estas elecciones narrativas, como las que hacen los novelistas, obligan a optar por destacar ciertos aspectos del héroe (el biografiado) y silenciar otros. El recorte impone también una estructura al relato.Esto es lo que explica que se dedique un capítulo a describir el Uruguay en el que nació Galeano, tres capítulos al período 1940-1960 y otros tres al período 1976-2014, mientras los seis restantes se concentran en el período 1960-1976. En esos años Galeano trabaja como secretario de redacción del semanario Marcha, como director de Época (1962-1967) en Montevideo y luego como director de la revista Crisis (1973-1976) en Buenos Aires. Publicó dos libros sobre sus reportajes en China (1964) y Guatemala (1967), además de Las venas abiertas de América Latina (1971), tal vez su libro más conocido en el mundo. Esto sin contar con sus primeras ficciones Los días siguientes (1963) y Los fantasmas del día del león y otros relatos (1967), lejos todavía de la hibridez de registros y géneros literarios (narrativa, crónica, poesía) que marcará su discurso a partir de Las venas… y se consolidará con Memorias del fuego (1982-1986).

En “Diez errores o mentiras frecuentes sobre literatura y cultura en América Latina”, publicado en 1980 y recopilado en Entrevistas y artículos 1962-1987 (1988), Galeano afirmaba que si aceptáramos un concepto burgués de la literatura, que tiende a compartimentarla en géneros (poesía, novela, ensayo) y adscribirla al libro, se perdería mucho de la buena literatura producida en América Latina. Los dos primeros ejemplos con los que ilustra el punto son las crónicas de José Martí y la obra de Rodolfo Walsh. Hay que recordar que “Nuestra América” de Martí, por citar un caso, fue publicada un 30 de enero de 1891 en el diario El Partido Liberal de México y sólo mucho tiempo después se lo consideró un texto importante en su obra. La biografía de Kovacic está escrita siguiendo (consciente o inconscientemente) esta concepción de la literatura que Galeano exponía en 1980. Por esa razón son muy pocas o ninguna las veces que Kovacic deslinda al periodista del escritor. Incluso va más allá y afirma que el Galeano narrador surge de su experiencia como periodista en Marcha (114), tal vez una de las interpretaciones más interesantes del libro.

Pero el punto fuerte de la biografía de Kovacic es el periodismo. Tal vez los dos capítulos más interesantes del libro son los que dedica a la primera etapa de la revista Crisis, emprendimiento del empresario argentino Federico Vogelius dirigido por Galeano en Buenos Aires. En contraste con las dificultades que Kovacic encontró para investigar algunos aspectos de la vida privada de Galeano, estos capítulos son los que están mejor documentados con testimonios directos de algunos de los protagonistas. La solapa del libro explica la profundidad del análisis y la originalidad de la investigación: la tesis de maestría de Kovacic (todavía en preparación) es sobre la primera época de Crisis.

Esta es la primera biografía de Eduardo Galeano y llegó al mercado muy poco después de su muerte. Esta edición tiene algunas erratas importantes: la fecha del golpe de estado el 23 de junio de 1973 (y no el 27 de junio, que es la correcta) o los colores del Club Nacional de Fútbol que no son rojo, blanco y celeste, por citar dos ejemplos nada más. Nada que no se pueda subsanar en las siguientes tiradas, porque es de suponer que este libro tendrá más de una edición. Pese a estas erratas, que no son muchas más, la investigación de Fabián Kovacic es impecable y además está muy bien escrita desde el punto de vista de la presentación y calidad de la información así como el manejo de los tiempos narrativos. Es también un punto de partida para futuras biografías, ya que quedaron aspectos a profundizar como el proceso que llevó a Galeano a ser una persona pública muy influyente o su compromiso con múltiples causas políticas y sociales de la izquierda en América Latina, o la aparición de haters prestigiosos como Álvaro Vargas Llosa o Gustavo Escanlar, o los trabajos que la academia metropolitana le ha dedicado en las últimas décadas.

Si bien Galeano es un ejemplo más de la historia en común que une a los puertos de Montevideo y Buenos Aires y a sus literaturas, vale la pena preguntarse por qué la primera biografía de uno de los escritores uruguayos más famosos, se escriba y se publique en Argentina. No es mi interés hacer ninguna reivindicación nacionalista o anti-argentina, sino más bien dejar constancia del estado de la deuda que la crítica uruguaya tiene con la vida y la obra de Eduardo Galeano.

(Reseña del libro de Fabián Kovacic, Galeano. La biografía, Buenos Aires, Ediciones B, 2015. Publicada en la diaria el martes 23 de junio de 2015)

Miedo

 

Hay una conmoción en la esquina. Un hombre que limpia los vidrios en las alturas cae en medio de la calle. Comienza el escándalo, muchos se acercan para ver. Él prefiere ocultarse en un bar. Piensa en que se ve mal, se da cuenta que se ve mal. De a poco ha ido creciendo el egoísta que lleva dentro. Lo alimenta en la oscuridad como a un preso político. Lo tiene entre rejas, lo apremia, le da de comer las sobras. Así y todo lo ha hecho crecer, junto a los otros, en un espacio reducido.

Ciertos días, como hoy, lo deja salir al patio. En pequeñas perlas, su bestia torturada forma el rosario con el que él irá a llorar por sus pecados, cínico, en la Iglesia del Espejo. Quien está ahí, como un dios en su santuario, es apenas el dueño de una pobre vida. Y la vida es apenas una conmoción que hay allí en la esquina, mientras se refugia en un bar a darle de comer al preso, a escudriñar entre papeles y trazos rápidos la próxima patraña, el nuevo relato para su vacío.

El pueblo se dispersa. Las ambulancias necias invaden con su estruendo luminoso la tranquilidad del bar. Luego pasan los patrulleros. Ha terminado la escaramuza morbosa, ya todos pueden ir tranquilos a casa a comer, a cojer, a dormir. No ha sido su sangre, no ha sido su cuerpo, no ha sido el tinglado de su muerte trágica. Tampoco la mía, piensa. Y todos tranquilos.

Poesía uruguaya contemporánea IV: los más jóvenes

Hace muy poquito tiempo me enteré de la existencia de Orientación poesía, un proyecto que apunta a difundir poesía joven en liceos públicos y privados de Montevideo y Canelones.

Se trata de un ciclo de lecturas conformado por escritores jóvenes, donde interactúan con los estudiantes. La forma de organizar estos talleres es coordinando con aquellos docentes que estén dispuestos a participar fijando un día, y uno o más grupos los reciben en el horario de clase. La visita es una toma de contacto de los escritores con los adolescentes, y de estos con el mundo literario. Los escritores de Orientación Poesía leen textos y relatan su experiencia como escritores. Luego los alumnos leen los suyos y se intercambian preguntas y dudas.

El grupo que lleva adelante la iniciativa está compuesto por Hoski, Miguel Avero y Santiago Pereira. Otra sorpresa grande me llevé cuando me enteré que del proyecto se desprendía la publicación de una antología digital de poesía “ultrajoven” que se llama “En el camino de los perros“. Allí encontrarán poemas de Florencia Ciganda (1998), Carolina Silva Rode (1995), Federico Machado (1996) y Luis F. Miró (1999). Si señores, y señoras, tienen entre 15 y 20 años, son los verdaderos jóvenes. Mientras leía me acordaba de las cosas que hacía Gabriel “El Negro” Weiss en mi liceo cuando estaba en 5° (creo que fue en 1993, cuando ninguno de estos jóvenes había nacido). Una vez llevó a Washington Benavides, al que un compañero le preguntó si alguna vez había “tomado” marihuana y provocó la risa de una parte importante del auditorio. En otra ocasión Gabriel Peveroni fue y nos contó que mientras sus amigos juntaban guita para comprarse una moto, él ahorró para publicar su primer libro “Princesa deseada” (1991). Pero al Negro Weiss no se le ocurrió lo del blog (bueno, en aquel entonces hubiera sido tal vez una revista a mimeógrafo) así que Orientación poesía no solamente hace una tarea hipernecesaria en la educación formal sino que le toma el pulso al futuro de la poesía uruguaya. Buenas noticias.

Otras entregas de poesía uruguaya contemporánea en este blog: I, II y III.

La playa

Zurich,” mayo 9,2008, 09:39 AM” de Juan Manuel Rodríguez (1980). En http://arte.elpais.com.uy/manuel-rodriguez-mostrar-y-ocultar/#.VXnsbvl_Oko

Zurich,” mayo 9,2008, 09:39 AM” de Juan Manuel Rodríguez (1980). En http://arte.elpais.com.uy/manuel-rodriguez-mostrar-y-ocultar/#.VXnsbvl_Oko

Conozco esta historia porque alguien me la contó. No le agregué ni le quité nada. Tal vez algunas palabras son mías. Nada personal.

Fue una mañana luminosa de verano. Leonardo y Ricardo nadan en una playa casi desierta. La noche anterior hablaron sin parar, se contaron todo. Las horas de esa noche se escurrieron como el agua pero alcanzaron para contarse sus vidas.

Cuando Ricardo entra a la casa toda la familia de Leonardo lo mira. Baja la cabeza. Eleonora busca sus ojos, lo toma del rostro y le pregunta si no pudo hacer nada para salvarlo. Llora. Sabe la respuesta. Eleonora lo abraza para acortar la distancia. Ricardo, que es más alto que ella, hunde su cara en su pelo negro. No puede llorar.

Eleonora sueña. O recuerda. Leonardo murió en una playa. Nadaba con Ricardo. Su cuerpo todavía no ha tocado la costa. No aparecerá vivo, ella lo sabe. Seguirá ahogándose lejos de casa. Cuando regrese, Eleonora estará durmiendo.

— Mamá ¿por qué esa señora tiene el pelo blanco?- Leonardo levanta la vista para ver a su madre. La resolana lo ciega un poco, por eso tiene su mano en la frente como una visera. Le vuelve a hablar a su madre, que no puede mirarlo a los ojos pero lo escucha.

— Porque cuando las personas se ponen viejas el pelo se les pone blanco

— ¿Y cuando vos sea vieja vas a tener el pelo blanco?

— Si, claro, como todo el mundo.

— ¿Y por qué la abuela no tiene el pelo blanco?

— Porque algunas personas cuando se ponen viejas y se les empieza a poner el pelo blanco se lo pintan de nuevo.

— ¿Cuándo vos seas vieja te lo vas a pintar?

— ¿A vos te gustaría que yo me pintara el pelo?

— Claro mamá, así vos nunca serías vieja.

Leonardo baja la vista y vuelve a lo suyo. Eleonora levanta la mirada y la pierde en el mar.

Lleva meses en la cama. Apenas come y duerme mucho. No sabe ya qué hora es o cuánto tiempo ha pasado desde el entierro de Leonardo. Cada vez que va al baño pasa frente al espejo sin mirarlo. No quiere ver el paso del tiempo en su cuerpo, quisiera suspenderlo, tal vez morir. Pero la mañana que soñó con él, sin saber por qué, se miró en el espejo. La sorprendió la imagen de una cabellera enteramente blanca. Mientras se vestía, Eleonora lloró, pero en cuanto el viento le golpeó la cara en la calle, las lágrimas se secaron y se sorprendió deseando que la peluquería no estuviera demasiado llena.

Puentes (a partir de “A ponte” de Lenine)

Me encuentro con el Acústico que grabó Lenine para MTV en 2006. Dos hallazgos: “Miedo” de Pedro Guerra y Lenine (que en el recital es mano a mano con Julieta Venegas) y “A ponte”. El primero es el tema 5 del disco Ofrenda (2001) de Pedro Guerra. La segunda abre el disco O dia em que faremos contato (1997) de Lenine. En la versión para MTV Lenine invitó al rapero Gog que entra en la mitad de la canción y la rompe.

Me gustó esta estrofa:

A ponte não é de concreto, não é de ferro

Não é de cimento

A ponte é até onde vai o meu pensamento

A ponte não é para ir nem pra voltar

A ponte é somente pra atravessar

Caminhar sobre as águas desse momento

El último en particular me hizo pensar el narrador-protagonista de Los ríos profundos (1958) de José María Arguedas. El puente que quiere hacer no es de concreto, ni de hierro, es el que intenta hacer en un mundo -el colegio, Perú- que él percibe partido en dos (quechua-español). El puente le permite al narrador protagonista caminar sobre las aguas de ese momento, intentar unir en él sus dos mundos.

Siempre me pareció muy buena la metáfora en la novela y la canción de Lenine lo arranca de la realización material (concreto y hierro), lo vuelve lo que es, el símbolo de un tránsito, de un pasar de un lugar a otro, de habitar dos lugares que el puente ayuda a conectar, como si fuera una frontera.

Mientras pensaba en esto, en los puentes, en Lenine, en Arguedas, me encontré con otra canción. Una de Kevin Johansen que se llama “Vecinos” y que hace referencia a la relación de los argentinos con los uruguayos y viceversa. Es la canción número 6 del disco Bi (2012) que precisamente es un disco doble, partido en dos, que tiene en la tapa una foto de sus padres (ella argentina, él norteamericano), como si el disco fuera un puente para unir ese legado doble.

Me detengo en estos versos: “Y si querés un puente, te lo doy / y si querés un puente, dámelo / y si querés un puente dámelo / y si querés un puente te lo doy”. Con los puentes cortados o con los puentes abiertos, la canción intenta sustituir el concreto y el hierro, crearnos un puente y ser recíprocos, un puente que nos permita ir y venir en ese mirarnos en el espejo.

Debo haber leído la novela de Arguedas seis o siete veces pero recién ahora me doy cuenta de la fuerza de la metáfora y sobre todo de lo necesarios que son los puentes para comprender quién es que está del otro lado.

Eduardo Galeano: inventor de América Latina

No fue el único, ni el primero, pero fue uno de los inventores de América Latina como horizonte político deseable y factible. El día viernes 29 de mayo de 2015 se inauguró la III Feria del Libro de la ciudad de Canelones y las coordinadoras departamentales de Centros MEC me ofrecieron decir algunas palabras sobre Eduardo Galeano que resumo en este post.

Eduardo_Galeano haters

Galeano debe ser uno de los escritores uruguayos más conocido en el mundo entero. Su obra es muy vasta, con más de 40 títulos publicados entre 1963 y 2015. Sus temas son múltiples (política, economía, cultura, sociedad, historia) y los trata con un estilo que cruza la frase directa al punto del periodismo con una gran cantidad de recursos narrativos y poéticos que lo distinguen. Sería imposible abarcar todos estos aspectos de su obra hoy en 15 minutos.

Por eso he decidido recortar y hablar de dos de sus obras más importantes, me refiero a: Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memorias del fuego (1982-1986). Ese período de la obra de Galeano es el más importante, el que construyó fundamentalmente en el exilio y el que lo convirtió en el escritor masivo de las décadas siguientes.

En 1980 publica un texto titulado “Diez errores o mentiras frecuentes sobre literatura y cultura en América Latina” en el que ataca una concepción burguesa de la literatura, que la compartimenta en géneros (poesía, novela, ensayo) y la contrapone a una definición amplia de literatura que abarca cualquier expresión escrita. Con una concepción burguesa, argumenta, “muchas de las realizaciones literarias de mayor eficacia y más alta belleza en América Latina” no serían consideradas literatura. A partir de esta reflexión traza una genalogía de escritores que lo preceden y que, se entiende, aparecen como sus antecedentes directos: José Martí (destaca sus crónicas) y Rodolfo Walsh (menciona sus reportajes y la carta a la Junta Militar). Luego Galeano citará a otros escritores y artistas de América Latina como Chico Buarque, Bartolomé Hidalgo, Mario Benedetti, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Salvador Garmendia, Julio Cortázar. Pero sus dos primeras referencias (Martí y Walsh), ambas vinculadas a obras construidas en medios periodísticos, parecen ser las posturas estético-políticas que más coinciden con su mirada sobre el oficio.

Cómo llegar al pueblo

En un texto de 1976 Galeano escribía que los centros de poder exportaban máquinas y patentes, y también ideología, a través de una “cultura de masas” para que las mayorías consumieran fantasías, impedidas como estaban de acceder a los bienes materiales. Decía Galeano: “No hace falta saber leer para consumir las apelaciones simbólicas que la televisión, la radio y el cine difunden para justificar la organización desigual del mundo” (1988: 270-271). Supo también suavizar este juicio en 1980 cuando afirma que los escritores latinoamericanos, en un sistema social excluyente, “estamos obligados a utilizar todos los medios de expresión posibles (…) con imaginación y astucia [para abrir] fisuras en los muros de la ciudadela que nos condena a la incomunicación y nos hace difícil o imposible el acceso a las multitudes” (1988: 323).

En tal sentido destaca a Alejo Carpentier escribiendo dramatizaciones radiales en Cuba, a Salvador Garmendia haciendo guiones para telenovelas en Venezuela o a Julio Cortázar escribiendo una novela-historieta para vender en los quioscos. Galeano es consciente de que la cultura de masas que importamos de las metrópolis es nociva pero al mismo tiempo percibe las enormes posibilidades que los medios de comunicación ofrecen a los escritores para conectarse con el pueblo. De ahí su utilización de los medios de comunicación y el uso político de su imagen como persona pública que estos ayudaron a construir. Pero lo importante en la conexión con el pueblo, esa es la preocupación central para la construcción de su literatura en esta etapa.

Otro aspecto a destacar, vinculado a este, es la distancia que toma de las poéticas disponibles en su contexto. Galeano rechaza la teoría del arte por el arte, aquella que encierra a los artistas en su torre de marfil, al mismo tiempo que el realismo socialista, aquel que busca adiestrar al proletariado a través de novelas que expresaban la dogmática soviética. Ambas hipótesis son descartadas por el mismo motivo: “Unos y otros están de acuerdo: operan desde las cumbres y desprecian lo que ignoran”. Otra vez Galeano habla del pueblo y de una pieza clave en su concepción que es la preocupación por romper las barreras que alejan al escritor del pueblo. En el momento en el que escribe este texto está pensando en romper las barreras que impiden al escritor acercarse al pueblo.

Es ese interés lo que lo movió a escribir Las venas abiertas de América Latina un libro en el que mezcla deliberadamente distintos registros discursivos (la crónica, el testimonio, el ensayo) para narrar una historia de la dependencia de América Latina desde su descubrimiento hasta el presente. El libro se popularizó inmediatamente porque la revolución cubana lo bendijo con una mención honorífica del Premio Casa de las Américas en 1971. Además de la prohibición que le regalaron las dictaduras, primero de Chile y Argentina y luego de Uruguay. Galeano decía en 1978 que había escrito el libro para “conversar con la gente” y lo describe así: “un autor no especializado se dirigía a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente” (114).

Con este libro Galeano comienza a tomar distancia de una concepción tradicional de la literatura (escribía novelas, cuentos y ensayos periodísticos) e impulsa una hibridez discursiva que caracterizará sus obras más importantes después de 1971. La otra idea que cobra fuerza en este libro es la de hacer una contrahistoria, pieza fundamental en la poética de Galeano que proviene de sus trabajos sobre algunos países de América Latina. .

En 1983 escribe un texto sobre sí mismo, “Apuntes para un auto-retrato”, en el que dice que la historia de América Latina es su obsesión. Reconoce que fue un pésimo estudiante de historia, que descubrió que el pasado no estaba quieto ni mudo a través de las novelas de Alejo Carpentier, con los poemas de Pablo Neruda, escuchando cuentos en el café y preguntando. Y remataba con esta frase: “No soy historiador. Soy un escritor con la obsesión de la memoria, la de América latina, tierra entrañable, condenada a la amnesia” (1988: 380).

Se han dicho muchas cosas sobre el arrepentimiento de Galeano por haber escrito este libro. En 1983 él mismo afirmaba que redujo la historia a una sola dimensión. Recordarán que Chávez le entregó un ejemplar de Las venas… al presidente Obama en 2009. El año pasado Galeano dijo “esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima” y agregó que, aunque no se arrepentía de haberlo escrito, era una etapa superada. Agregó que cuando lo escribió no tenía conocimientos de economía ni política cuando lo escribió. No quiero interpretarlo, o sobre interpretarlo, pero creo que Galeano se daba cuenta de que su contra-historia se podía volver oficial para muchos gobiernos progresistas o de izquierda. Tal vez no quisiera que su obra se volviera dogma, tal vez quiso prevenirnos sobre las limitaciones del fanatismo militante. Les recomiendo un cuento de un escritor de este departamento, Martín Bentancor, que se titula “Hola, soy Eduardo Galeano” que está publicado en su blog “Asunto literario”, aunque el texto es de 2001. Se publicó una entrevista en la diaria de hoy en la que él dice que escribió ese cuento precisamente como una forma de reírse del “fanatismo militante”. Nada de esto le quita ningún valor a los planteos de Las venas… simplemente deja planteada una advertencia sobre el peligro de leer este texto como si fuera un libro sagrado, una biblia para la izquierda, es decir, un sin sentido. (Se publicaron dos columnas muy importantes para comprender la importancia de este libro a raíz de la muerte de Galeano (este link es el artículo de Gabriel Lagos al día siguiente de su muerte): uno de Gustavo Verdesio y otro de Gabriel Delacoste)

Pero volvamos a 1983 porque sus notas para un auto-retrato, en la misma sección en la que dice que Las venas parten de una concepción de la historia en una sola dimensión, Galeano hará referencia a su nuevo proyecto, las Memorias del fuego (1983-1986):

Y si al decir historia digo realidad, memoria viva de la realidad, digo vida viva, vida que canta con voces múltiples; y en América, tierra donde se mezclan todas las culturas y todas las edades humanas, esa diversidad de voces parece infinita. No sé si mi boca será digna de ellas; y en cambio sí sé que ninguna obra literaria podría abarcarlas. Pero resuenan tan intensamente que son una tentación irresistible (1988: 381).

Memorias del fuego se desprende entonces de Las venas abiertas de América Latina pero incorpora dos elementos centrales: una diversidad de voces que contrasta con la historia en una dimensión y la imposibilidad de que la voz de un solo autor pueda representar esa diversidad en una obra literaria. Al mismo tiempo la confesión de que es una tentación irresistible intentarlo.

Inventar América Latina

He ahí tal vez uno de los contenidos políticos más claros de la obra de Eduardo Galeano, el saber que América Latina como tal es una construcción política, histórica, un campo común de batalla y su identidad algo que no está creado de antemano sino un proyecto, basado en experiencias históricas concretas que le van dando forma. Galeano se autoimpone la tarea imposible de representar esa heterogeneidad, esa “identidad latinoamericana” que escapa a las convenciones. Y agrega que esa tarea que se ha autoimpuesto, la llama por momentos “aventura”, le duele en el cuerpo. Dice: “he perdido los últimos pelos que adornaban mi otrora frondosa cabeza y he ganado una úlcera de duodeno y una hernia de disco” (381-382). Esta frase no es menor, no es un mero dato de la biografía. Galeano escribe con el cuerpo, pagó con su cuerpo la escritura de los tres tomos de Memorias del fuego.

El tomo I se subtitula Los nacimientos y recoge las formas míticas de los pueblos originarios antes de internarse en la historia de la conquista y la colonización de América Latina (siglos XV al XVII), el tomo II Las caras y las máscaras (el siglo XVIII y XIX) y el tomo III El siglo del viento (el siglo XX hasta 1986). Narrar los mitos de creación de América, su historia a partir de 1492 hasta nuestros días es una aventura riesgosa. No hay una voz ni un registro, en los tres tomos se crea una escritura múltiple como la realidad que pretende representar, un híbrido de poesía, narrativa, ensayo, crónica, testimonio.

Pero no se trata de una historia en sentido estricto, Galeano iniciaba su auto-retrato en 1983, mientras escribía la trilogía, afirmando que “es incapaz de trasmitir una situación, una emoción o una idea si primero no la veo cerrando los ojos (…) Creo que pinto escribiendo” (1988:37). Hay algo de este pintar escribiendo en los fragmentos que componen estas Memorias del fuego, como si se tratara de iconos que concentran cada uno por separado y en la totalidad que forman, una metáfora de la historia de América Latina. Como si Galeano hubiera recogido esas imágenes y las hubiera puesto una al lado de la otra a ver qué pasa, qué surge de ellas juntas, qué dicen juntas de América Latina. Está claro que Galeano ha construido esas imágenes y las ha puesto una al lado de la otra para mostrar un pasado común de saqueo, explotación y dependencia, pero ya el mensaje no es tan unívoco, no hay una voz monocorde.

Por estos años muchos teóricos estaban pensando colectivamente en una teoría literaria y un proyecto epistemológico propio, afirmaba el teórico peruano Antonio Cornejo Polar. Él decía que la heterogeneidad latinoamericana era “no dialéctica”, que no había forma de sintetizarla, de hermanar los pedazos rotos. Tal vez Memorias del fuego sea un ejemplo de lo que estos teóricos buscaban, dar cuenta de la diversidad latinoamericana, de su fragmentación, de sus distintos tiempos (el mítico, el moderno, el postmoderno), en sus distintas voces.

Final

Me invitaron al lanzamiento de esta III Feria del libro de Canelones para que hablara de Eduardo Galeano. Traté de trasmitirles aquellos aspectos de su obra que me apasionan, sobre todo aquellos que son más racionales, lo que apuntan a un proyecto literario, a la forma en que Galeano fue moldeando sus dos obras más importantes. No he podido trasmitirles la pasión con la que lo leía cuando tenía 15 o 16 años. Aquellos libros construían un relato de América Latina creíble, eran América Latina, acaso el fanatismo militante me impidiera darme cuenta de que el propio Galeano advertía sobre las dificultades de construir esa unidad latinoamericana, de las enormes diferencias entre las naciones, de las paredes que se construían todos los días para evitar esa patria grande. La idea que hoy se hacen muchos de nuestra América está mediada por la visión de Galeano y eso es lo que lo hace ciudadano pleno de esa abstracción que es América Latina. Galeano no es solamente nuestro, no es uruguayo, pertenece a América Latina con todas sus virtudes y sus defectos. Espero que haya podido al menos trasmitir algo de mi experiencia como lector de Galeano. Después de todo las ferias del libro no son solamente espacios comerciales, son lugares en los que los lectores nos encontramos con otros lectores y nos contamos nuestras experiencias.

Los textos de Galeano analizados aquí pertenecen al libro Entrevistas y artículos (1962/1987). Montevideo: Del chanchito, 1988. La “invención” de América Latina como construcción política no empieza ni termina en los sesenta, podría datarse en las luchas por la independencia cuando todavía no se consolidaban los estados-nación y se interpelaba a los “americanos”, se puede hablar de Martí y después de él toda una serie de ensayistas como Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas o Alberto Zum Felde. Todos estos antecedentes, con orientaciones político-ideológicas distintas, refieren a un proceso histórico inacabado de integración política, cultural, social que se actualiza con las generaciones y se nutre de nuevas perspectivas. Escribí dos reseñas de libros vinculados a este tema: uno sobre Ignacio Padilla y otro sobre Gabriel García Márquez.

La obra póstuma de Ibero Gutiérrez

“La pipa de tinta china: cuadernos carcelarios 1970″, de Ibero Gutiérrez. Investigación y edición: Luis Bravo. Montevideo, Estuario/Biblioteca Nacional. 229 páginas.   Ibero Gutiérrez

La obra literaria de Ibero Gutiérrez se viene construyendo desde su asesinato el 28 de febrero de 1972 a manos de un “Comando Caza Tupamaros”, grupo paramilitar que dejó su cuerpo acribillado por 13 balas en una cuneta en Camino de las Tropas y Camino Melilla. Quienes lo asesinaron y cometieron otros muchos crímenes no fueron encontrados ni juzgados, siguen tal vez caminando libres por ahí. Los primeros en dar a conocer su obra fueron sus compañeros del 26 de Marzo, que poco después de su muerte publicaron una plaquette con una selección de sus poemas. Poco tiempo después apareció el disco 42 poemas de Ibero Gutiérrez (1972), con textos del poeta en las voces de Susana Castro, Diane Denoir, Ernesto Laiño y Walter Reyno. En 1977 Mario Benedetti lo incluyó en la antología Poesía trunca (Casa de las Américas, La Habana, Cuba), que reunía la obra de varios poetas asesinados en circunstancias similares en toda América Latina, y que fue republicada en Madrid en 1979. En Uruguay hubo que esperar al fin de la dictadura para tener una idea más completa de su poesía.

Desde 1987 la construcción de la obra poética de Ibero Gutiérrez está unida a la dupla crítica que conformaron Luis Bravo y Laura Oreggioni. Primero con dos antologías publicadas por Arca: Prójimo-Lejimo y otros poemas, 1966-1970 (1987) y Buceando lo silvestre y otros poemas (1992), y más recientemente con una reedición aumentada titulada Obra junta (2009) con la editorial Estuario. La misma editorial publicó a fines del año pasado este libro, que reúne por primera vez la casi totalidad de los papeles escritos y dibujados por Ibero Gutiérrez en la cárcel durante 1970, entre enero y marzo, en el Penal de Punta Carretas, y entre agosto y setiembre en el Centro General de Instrucción de Oficiales de Reserva (CGIOR). La publicación de estos textos y la muestra organizadas por la Biblioteca Nacional, el Museo de la Memoria y la Facultad de Artes de la Universidad de la República en 2009 empiezan a dejar una obra más “completa” del artista multidisciplinario que fue Ibero Gutiérrez.

La lectura crítica de Luis Bravo, quien desde hace años estudia la poesía uruguaya de la segunda mitad del siglo XX con una concepción abierta, abarcativa, comprende la poesía en su soporte tradicional: el libro (al menos desde la modernidad), pero también expresiones colectivas como las revistas o el registro fonográfico de distintos poetas. En su Voz y palabra. Historia transversal de la poesía uruguaya (1950-1973), Bravo coloca la obra de Gutiérrez dentro de un conjunto de “poéticas disidentes”, entre las que se encuentran un surrealismo “invisible” en el que se incluye la obra de Marosa Di Giorgio, por ejemplo, el neobarroco de Roberto Echavarren, la poesía de Salvador Puig y las múltiples experimentaciones de Clemente Padín, entre otros. El texto resume hipótesis e interpretaciones que Bravo vuelve a plantear en el estudio introductorio de este libro bajo el título “La contracultura sicodélica en los cuadernos carcelarios de Ibero Gutiérrez”. De hecho, reitera el hallazgo más interesante que describe a “Impronta” como el primer texto “beat” en Uruguay y a Gutiérrez como uno de los de los primeros poetas en América Latina que asimiló “el cruce contracultural que va de los poetas beat de los años 50 a los compositores y performers del rock de los sesenta”.

A los 14 años y hasta los 16 inició un diario personal de dos tomos, según afirma Luis Bravo, encargado de la investigación, la edición y el prólogo de La pipa de tinta china. Entre 1966 y 1971, agrega, escribió nueve cuadernos de poesía, seis plaquettes, seis antologías de su propia obra, un cuaderno de reflexiones literarias y filosóficas, un diario de viaje (por Cuba y Francia), un diario carcelario y piezas breves de teatro. A ese archivo hay que sumarle collages, dibujos, pinturas, fotografías, y cartas. Su discurso es “extrovertido, experimental e innovador en lo estético” pese a que los testimonios lo señalan como un introvertido, según Bravo. El libro contiene textos elaborados en el penal de Punta Carretas (“De la cárcel I y II”, “Noctámbulas”, “Impronta”, “Celda 256/Celda 279”) y en el CGIOR (“Requeche”), además de una sección con cartas de ese período y una cronología de los principales hechos vinculados a Gutiérrez entre 1949 y 1973. De todos esos textos, Bravo y Oreggioni publicaron solamente “Impronta”, un largo poema de 933 líneas que combina poesía y prosa cuyo “aporte en materia poética lo hacía impostergable” (6). Estos cuadernos de la cárcel muestran su faceta más experimental, combinando la ilustración y el uso gráfico de las palabras (de hecho, el libro reproduce algunos de los manuscritos en papel coteado y con excelente calidad) con su búsqueda de ensanchar los límites de la conciencia y el lenguaje (que Bravo emparenta con la psicodelia), la representación desprejuiciada de la sexualidad y el consumo de drogas, la ironía, sus concepciones político-ideológicas.

Los textos reunidos en La pipa de tinta china muestran la intimidad de un joven militante político que participa activamente en la izquierda radical y en una cultura juvenil global vinculada al rock. De hecho, sus textos están plagados de citas a canciones de The Beatles, The Rolling Stones, Steppenwolf y Bob Dylan, entre otros. El escuadrón de la muerte que ejecutó a Ibero Gutiérrez no solamente terminó con la vida de un militante del 26 de Marzo que tenía 22 años, sino que nos privó a todos de un artista cuyo potencial está sobradamente demostrado en la obra que dejó y que hoy podemos conocer gracias al trabajo combinado de familiares y crítica especializada.

Alejandro Gortázar

Una versión de este texto se publicó en la diaria el día viernes 22 de mayo de 2015.

Los diarios de adolescente de Ibero Gutiérrez permanecen inéditos pero Luis Bravo los ha analizado en un trabajo publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional. Este enlace remite al número completo de la revista que contiene dicho artículo.