El presente del pasado

Hace casi 10 años, en junio de 2005, la revista Katatay (Argentina) me publicó este artículo en el que pretendía reunir información sobre el estado de situación del debate sobre la dictadura cívico-militar en Uruguay. Cuando lo escribí el Frente Amplio acababa de ganar las elecciones y Tabaré Vázquez se había comprometido a investigar. La organización Madres y familiares de uruguayos detenidos desaparecidos lo expresa así en su página web: “El gobierno que asumió el 1º de marzo de 2005, presidido por el Dr. Tabaré Vazquez, reinició investigaciones que apuntaron a determinar el destino final de las víctimas. En el marco de esas investigaciones se logró ubicar, por primera vez en Uruguay, los restos de dos detenidos desaparecidos inhumados clandestinamente en predios militares. Por su parte el Poder Ejecutivo habilitó el inicio de procesos judiciales contra varios ex represores militares y policías”. Desde entonces han pasado muchas otras cosas: continúan las investigaciones, no se logró anular la ley de caducidad, algunos siguen poniendo trabas a la verdad, a la justicia y a la memoria. Pero la lucha continua. Hoy es 20 de mayo, en unas horas se realizará la 20a Marcha del Silencio para reclamar Verdad y Justicia sobre los desaparecidos durante la dictadura. Nos vemos ahí.

Fotografía de Sandro Pereyra

Fotografía de Sandro Pereyra

El presente del pasado 

(debates sobre la dictadura civico-militar en Uruguay)

A juzgar por los debates y publicaciones de estos últimos años parece haber en Uruguay, grosso modo, tres modos de afrontar el pasado dictatorial reciente, además de la indiferencia. Uno, interpretar la dictadura cívico-militar como un momento “oscuro” de la historia nacional que es hora de dejar atrás. Un segundo, mantener y reproducir una interpretación de los hechos que se mantiene incambiada desde su origen y no admite diálogo posible. Y la última, continuar con la tarea de obtener un relato que permita superar los antagonismos todavía vivos.

En la posdictadura la memoria de muchos actores ha fluctuado entre el silencio y la palabra dicha o escrita. En los últimos años tres acontecimientos abrieron una nueva etapa en la discusión sobre el pasado reciente: la marcha organizada por los Familiares de Detenidos–Desaparecidos desde el 20 de mayo de 1996, reuniendo a una multitud silenciosa en el centro de Montevideo todos los años1; la creación de la Comisión para la Paz por decreto del Presidente Jorge Batlle, que comenzó a trabajar a partir del 2000 y que dio por finalizado su trabajo en el 2003 con la publicación de un informe; y las conmemoraciones de los 30 años del golpe de Estado en junio de 2003.

Este trabajo recoge una muestra parcial de la producción y el debate en torno a la dictadura uruguaya. Quedaron fuera del análisis, entre otros, las publicaciones periodísticas de Alfonso Lessa (2002 y 2003), el libro de Hebert Gatto sobre el movimiento tupamaro –que genero cierta polémica y algún intercambio de opiniones– o las re–ediciones de algunos textos que habían dejado de circular desde su publicación y que han aportado documentación e interpretaciones importantes del período.

La Academia: el pasado reciente revisado

El 28 de octubre de 1973 se firma el decreto por el cual la Universidad de la República es intervenida por la dictadura militar y su Rector y decanos son encarcelados. La casa de estudios conmemoró estos hechos con la publicación de diversos testimonios y una cronología de los hechos previos a dicha intervención, a cargo de Alvaro Rico (2003).

La publicación El presente de la dictadura. Estudios y reflexiones a 30 años del golpe de Estado en Uruguay compilado por Aldo Marchesi, Vania Markarian, Álvaro Rico y Jaime Yaffé recoge, en parte, el material presentado en las actividades realizadas en torno a los 30 años del golpe de Estado. Es, en realidad, el producto final de dos eventos académicos (junio–julio de 2003) que tuvieron una importante participación2 y se caracterizaron por la diversidad de puntos de vista y de actores involucrados en la temática. Ambos eventos fueron organizados por instituciones de la Universidad de la República: los Centros de Estudios Intedisciplinarios Uruguayos y Latinoamericanos (Facultad de Humanidades) y el Instituto de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales), aunque el Comité Organizador convocó también a la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos. En este marco fue creada la Red Universitaria Dictadura, memoria(s) y Derechos Humanos que será una importante herramienta de conocimiento sobre la dictadura.

El libro se abre con una introducción de los compiladores, “Pensar el pasado reciente: antecedentes y perspectivas”, en el que se establece un “diseño” del proceso histórico que hicieron los estudios sobre la dictadura desde los sesenta hasta hoy. El análisis parte de los enfoques estructurales y socio económicos de la segunda mitad de los sesenta, marcados por las “teorías de la dependencia”, a los estudios de corte politológico de los setentas en los que se destaca la perspectiva institucionalista. En esta etapa, destaca el papel de algunos centros privados que suplieron a la Universidad intervenida en su función crítica y de investigación. En los ochentas estos enfoques prepararon el terreno para una transición pacífica al sistema democrático de partidos, en los que ya no cabía el reclamo de reformas estructurales de los sesentas (10-11).

El panorama se cierra con el apartado titulado “La apuesta a la subjetividad” en el que se analizan los enfoques posdictatoriales. El impacto de la Ley de Caducidad (1989) en el ámbito académico fue “la casi total desaparición de la discusión acerca de la dictadura y la transición” (12). La “marcha del silencio” de Madres y Familiares colocó nuevamente el tema en la agenda pública. Los autores reconocen que a partir de ese año se registra “un aumento de la producción de corte testimonial, periodístico y académico, así como en la realización de diversos eventos con altos niveles de participación y en una mayor discusión pública” (12). La perspectiva de la subjetividad, según los autores, está centrada en la memoria colectiva en tres niveles diferentes y tienen como marco la reflexión sobre la posmodernidad: por un lado, el enfoque de las pujas por el pasado llevadas adelante por actores colectivos, en el que se destaca Elizabeth Jelin en Argentina; por otro, el enfoque psicoanalítico de autores como Marcelo y Maren Viñar; y una tercera línea de “estudios culturales” cuyos exponentes, según los autores, son Hugo Achugar en Uruguay y Beatriz Sarlo en Argentina (13).

Dentro de las tendencias actuales los autores destacan también el renacimiento del testimonio con perspectivas que no estuvieron presentes en los años ochentas como la del dictador Bordaberry publicada por Miguel Ángel Campodónico (2003) y el “único” testimonio del militar Jorge Troccoli en La ira de Leviatán (1996). A esta nómina habría que agregar las memorias del General (r) Oscar Pereira, un testimonio en el que se reconoce la tortura y la existencia de una coordinación de los ejércitos de la región para la represión y la desaparición de personas conocido como el Plan Cóndor.

Sobre este punto en particular es interesante la novela de Pablo Vierci 99% asesinado (2004) que ficcionaliza el caso Berríos, un bioquímico chileno que paradójicamente colaboró con el régimen pinochetista y fue desaparecido en el Uruguay de la posdictadura por militares involucrados en el Plan Cóndor. La novela se construye a partir de dos discursos ficcionales: el del procurador Enrique Sena, asistente de la Fiscal Penal Patricia Prado; y una serie de Folios numerados que el mismo iba a entregar a Franco, un periodista que, luego del fracaso de la justicia, publicaría la investigación hecha por la Fiscalía. En la “Advertencia al lector” el narrador se apoya en una clara división entre lo imaginado y el caso “real”, un contrato de lectura que no hace más que invitar al lector a jugar entre un orden y otro. En este sentido la novela puede leerse en paralelo con dos investigaciones sobre el caso: cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.3

Uno de los importantes aportes de El presente de la dictadura es su diagnóstico sobre la investigación del período (dispersión de temas y enfoques, falta de un eje predominante, desconexión entre las investigaciones) y su propuesta de agenda a futuro: el análisis de la violencia política y el terrorismo de Estado; la caracterización del régimen autoritario (gobierno, administración pública, orden jurídico de la dictadura) y sus consecuencias sociales; y un análisis de la dimensión regional e internacional del autoritarismo (20-27).

¿Cuándo, dónde, cómo, por qué, quién?

Hasta el año 2003, el informe más completo y sistemático sobre las desapariciones durante la dictadura militar era Nunca Más (1989) editado por SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia). Sin embargo en el 2004 la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos publica A todos ellos, en el que se recoge la información obtenida por la Asociación y por la oficial Comisión para la Paz (introducida en recuadros grises dentro del texto). Tal vez a contrapelo de la intención presidencial de “cerrar” el tema desaparecidos con la labor de la Comisión para la Paz, las madres y familiares afirman con claridad que esta “no culmina un camino, oficialmente lo comienza” (21).

El informe cuenta con una serie de textos introductorios: una nómina de los uruguayos detenidos-desaparecidos, un “Prólogo”, una “Introducción” y un texto titulado “Un largo camino” en el que los testimonios de las Madres narran cómo se fueron construyendo los lazos entre los familiares hasta el presente. A excepción del prólogo de Tomás de Mattos y un estudio del Psic. Victor Giorgi “Los costos del silencio”, ninguno de los textos tiene autor. Se trata de una voz colectiva: “Acá no hay jerarquías, somos todos iguales” (31), un colectivo que intenta hacer público un pasado personal. Como señala de Mattos: “No se trata únicamente de ayudar a sus familias a procesar un duelo tan injusto. Se trata de entender lo que pasó y de aplicar a nuestro presente el resplandor de la comprensión de ese pasado” (17). Porque el horror, según el prologuista, no terminó sino que cambió de territorio, sigue latente en Afganistán, Chechenia, Irak, Palestina (15).

Uno de los pasajes más significativos del relato de las Madres es el momento en que se toma conciencia de que se es “familiar de un desaparecido”:

…la desesperación de no dejar la casa sola nunca por si había algún llamado telefónico; la esperanza de cada día y la desesperanza de cada día; una desesperación desde las entrañas; una impotencia; una locura; una angustia de muerte. Durante largo tiempo no pensamos que se trataba de algo definitivo (27)

Todas esas sensaciones quedan atrás, unas páginas más adelante, esa voz colectiva reconoce que están muertos, que su lucha es por recuperar los cuerpos y enterrarlos, y sobre todo, por saber la verdad. Esta nueva búsqueda se expresa en su consigna: “¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Quiénes? ¿Dónde?” que nos interpela como ciudadanos y que interpela a quiénes son responsables o cómplices con su silencio.

Otros Sujetos / otras memorias

A la salida de la dictadura se produjeron los primeros usos de la memoria como instrumento político. Una simple mirada superficial por las publicaciones de aquellos años permite preguntarse si no era una memoria masculina la que enunciaba, denunciaba, historiaba y difundía el horror de la tortura y la dictadura. La novela El furgón de los locos (2001) de Carlos Liscano, es el producto literario más logrado de esta memoria masculina. Algunas voces femeninas aparecieron, claro, pero como excepción. Un rasgo distintivo de estos últimos años es la aparición de dos colectivos de ex-presas políticas: el Taller “Género y memoria ex–Presas Políticas” (2001-2003) y el “Taller Vivencias de ex-presas políticas” (2004), que decidieron reunir sus esfuerzos recientemente.

La publicación Memorias para armar es quizá el proyecto más removedor de los últimos años por el modo en que esta memoria de género se hizo pública. No se trata de una historia épica, si se quiere masculina, no se trata de una sola voz monolítica, se trata de una convocatoria abierta para que las mujeres uruguayas relataran sus vivencias, estuvieran en el lugar que estuvieran. Se presentaron miles de textos, de todo tipo: poemas, relatos, crónicas, recuerdos, anécdotas que una Comisión selecciona para cada volumen4.

En el prólogo firmado por dicha Comisión se explicitan algunos criterios utilizados en el armado del libro:

Esto no es un concurso, claro. Se dice fácil, pero fue muy difícil elegir los textos para este primer tomo, porque todas las historias valen lo mismo, todas llevan la carga de una experiecia vivida y superada con coraje. Todos los testimonios exhiben la valentía adicional de haberse animado a compartir esas memorias personales para que integren la memoria colectiva. Leímos y releímos, y volvimos a leer, intecambiamos opiniones, y buscamos que esta primera entrega reflejara una variedad suficiente como para trazar un retrato válido de lo que fue la resistencia de las mujeres ante la injusticia y la arbitrariedad. (2001:12)

No se trata entonces de una memoria de mujeres dirigida a otras mujeres, sino de este grupo particular hacia un colectivo más amplio, al que se pretende persuadir. Las mujeres del Taller son concientes de la tarea que tienen hacia el futuro y lo expresan con total claridad:

Este no es un libro más; aquí pensamientos y sentimientos de muchas mujeres se conjugan para recomponer el pasado, para reafirmar con orgullo o con modestia, que tenemos que dejar para las generaciones venideras las vivencias de aquellos años dolorosos, y valientes, ejemplo y protección en el futuro.

Estamos convencidas que este libro, en el que hemos puesto nuestro amor y nuestra confianza, también será leído así, así se releerá, se regalará, se prestará, en una siembra sin fin.(2001:9)

Los textos de la memoria no tienen fin, no pueden ser controlados y las mujeres de este colectivo no reclamarán su autoría. Al revés, invitan a que estos recuerdos se diseminen en el colectivo mayor que integran. Estos relatos, y lo explicitan en la presentación de su segundo libro, se oponen a la “verdad oficial” con las “múltiples verdades de las mujeres comunes” (7)

El presente reciente

El 1º de marzo de 2005 asume la presidencia de la República el Dr. Tabaré Vázquez. La izquierda toma así el poder institucional terminando con un siglo de hegemonía de los partidos tradicionales. En su discurso público difundió las primeras medidas de su gobierno entre las que se encontraba su compromiso por llegar a la verdad sobre los desaparecidos en Uruguay. En ese marco anunció el comienzo de las excavaciones en los Batallones 13 y 14, y en los que fuera necesario, para encontrar los restos de los desaparecidos. También explicitó que los asesinatos de Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michellini y María Claudia García Irureta Goyena, nuera del poeta Juan Gelman, no estaban comprendidos en la ley de Caducidad y serían investigados. Este cambio en el enfoque de nuestro pasado reciente por parte de un gobierno terminará con dos décadas de silencio, complicidad y falta de voluntad política respecto a la violación de los derechos humanos de la dictadura civico–militar uruguaya.

Alejandro Gortázar

Notas

1 La marcha comienza en la Plaza de los Desaparecidos y recorre el centro de la ciudad encabezada por los familiares, culminando en la Plaza Libertad. En ese momento se lee la nomina de detenidos desaparecidos y finalmente se canta el Himno Nacional.

2 Se estima que participaron unas 3000 personas, con un alto porcentaje de jóvenes entre 17 y 25 años.

3 Se trata de un trabajo períodistico a cargo de Samuel Blixen (1995) y otro desde la academia, por Faraone y Cheesman (2002).

4 La Comisión está integrada por: Graciela Sapriza, Rosario Peyrou, Lucy Garrido y Hugo Achugar.

Bibliografía consultada

Blixen, Samuel. El vientre del Cóndor. Montevideo: Brecha, 2000 [1994].

Campodónico, Miguel Ángel. Antes del silencio. Bordaberry. Memorias de un presidente uruguayo. Montevideo: Linardi & Risso, 2003.

Faraone, Roque y Robin Cheesman. El caso Berríos. Estudio sobre información errónea, desinformación y manipulación de la opinión pública. Montevideo: Universidad de la República, Universidad de Roskilde y Nordan, 2002.

Gatto, Hebert. El cielo por asalto. El Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) y la izquierda uruguaya (1963-1972). Montevideo: Taurus, 2004.

Lessa, Alfonso. Estado de guerra. De la gestación del Golpe del 73 a la caida de Bordaberry. Montevideo: Fin de siglo, 2003 [1996].

–––. La revolución imposible. Los tupamaros y el fracaso de la vía armada en el Uruguay del siglo XX. Montevideo: Fin de Siglo, 2002.

Liscano, Carlos. El furgón de los locos. Montevideo: Planeta, 2001.

Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. A todos ellos. Informe de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Montevideo: MFUDD, 2004. (Parte 1 y Parte 2)

Marchesi, Aldo y Vania Markarian, Álvaro Rico, Jaime Yaffé (comp.) El presente de la dictadura. Estudios y reflexiones a 30 años del golpe de Estado en Uruguay. Montevideo: Trilce, 2004.

Pereira, Oscar. Recuerdos de un soldado oriental del Uruguay. Montevideo: s/e, 2004.

Rico, Álvaro. La Universidad de la República: desde el Golpe de Estado a la intervención. Montevideo: Universidad de la República, 2003.

Taller Género y Memoria Ex–Presas Políticas. Memoria para armar uno. Montevideo: Senda, 2001.

–––. Memoria para armar dos. ¿Quién se portó mal? Montevideo: Senda, 2002.

Taller Vivencias de Ex–Presas Políticas. Memorias de Punta de Rieles en los tiempos del penal de mujeres. Montevideo: Junta Departamental de Montevideo, 2004.

–––. De la desmemoria al desolvido. Montevideo: Taller Vivencias, 2004.

Vierci, Pablo. 99% asesinado. Montevideo: Alfaguara, 2004.

130 años de La tierra purpúrea de W.H. Hudson

Ilustración de Florencio Molina Campos

Ilustración de Florencio Molina Campos

Este año se cumplen 130 años de la primera edición de La tierra purpúrea de William H. Hudson. Una novela que relata las peripecias de Richard Lamb por la Banda Oriental y el Río de la Plata en el medio de luchas sangrientas entre blancos y colorados hacia 1860. La definición del narrador Mario Arregui como una novela escrita en inglés por un argentino de padres norteamericanos, publicada en Londres señala los múltiples desplazamientos del texto y de su autor, además de marcar su excentricidad, su estar “fuera de lugar”.

Su primera edición fue en 1885, en dos tomos, con el título The Purple Land that England Lost. Travels and Adventures in the Banda Oriental. En vida del autor se publicó una segunda vez en la que Hudson cambió el subtítulo: The Purple Land that England Lost. Being the narrative of one Richard Lamb’s adventures in the Banda Oriental in South America, as told by himself (1904). Esta modificación de la segunda edición, haciendo énfasis en su carácter ficcional, se explica porque el texto fue catalogado por la crítica con la etiqueta “viajes y geografía”. Luego se publicó en Estados Unidos en 1918 (con prólogo de Roosvelt) y en 1928 (por Randon House, que es la edición que les comparto acá, con prólogo de William McFee). Fue traducida también al francés en 1927.

La tierra purpúrea se difundió entre los lectores hispanoamericanos en 1928 de la mano de la Sociedad General Española de Librerías (Madrid). Esa traducción de Eduardo Hillman tenía dos novedades importantes respecto a la edición original: un nuevo subtítulo -“Un idilio uruguayo” (espantoso)- y la utilización de gauchismos que Hudson nunca utilizó. Los editores piratas, porque por suerte siempre hubo piratas en la tierra, hicieron circular la traducción de Hillman por el Río de la Plata durante décadas (los piratas tenían además buen gusto porque le sacaron ese subtítulo) y así el texto fue apropiado por los argentinos a través de dos grandes escritores: Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada.

El capítulo uruguayo de la historia de La tierra purpúrea lo escribió la poeta Idea Vilariño quien la tradujo en 1981 para la Biblioteca Ayacucho (Acá les dejo el link para que lo descarguen y lo disfruten legalmente gracias al Ministerio del poder popular para la cultura del Gobierno Bolivariano de Venezuela). La novela apareció junto con otro texto de Hudson Allá lejos y hace tiempo y no circuló en Uruguay porque estábamos en dictadura. Recién en 1992 la editorial Banda Oriental difundió la traducción de Vilariño con prólogo de Ruben Cotelo.

Hago toda esta historia para mostrar algunos de los desplazamientos que marcaron los 130 años de este texto. Son apenas los vinculados con las ediciones y traducciones. Quedarían todos los desplazamientos de la crítica en torno a Hudson y su literatura. Acá les dejo cinco respuestas a la pregunta: ¿por qué seguir leyendo La tierra purpúrea 130 años después de su primera edición?

  1. Porque es una ficción muy bien escrita y ni te digo si la leés en la traducción de Idea Vilariño.

  2. Porque como novela tiene una trama que todavía atrapa, que se puede leer en varios niveles: como novela de formación, como novela de aventuras, como testimonio de un pasado sangriento, como historia de amor romántica, como representación del caudillismo. Y las sucesivas generaciones siguen encontrando en ella otros elementos que la hacen interesante. Incluso tiene un capítulo de ficción dentro de la ficción (el capítulo XIX) en el que algunos gauchos cuentan historias fantásticas de luces malas, fanstasmas y demonios.

  3. Porque es una forma de leer un texto ficcional sobre el siglo XIX en el Río de la Plata que no responde a un proyecto novelístico e ideológico como el de Eduardo Acevedo Díaz y no busca representar a la nación. Y de yapa no tiene un narrador confiable, objetivo, en tercera persona, que trata de mostrarte todas las cartas.

  4. Porque no solamente no busca representar a la nación (Uruguay) sino que es crítica con el imperialismo inglés, que de todas formas es una forma del nacionalismo. Es decir, es posible leerla como una crítica al “nosotros colonial”. Uno de los aspectos de la transformación que sufre el protagonista en el transcurso de la narración está relacionado con la crítica al colonialismo, a la intervención de los imperios en los asuntos domésticos de una nación soberana (¿te suena?).

  5. Porque si te interesa la crítica feminista no vas a encontrar un narrador misógino sino una variedad de representaciones de la mujer que pueden servirte para comprender las caras del patriarcado durante el siglo XIX. Las historias de Paquita, Margarita, Toribia, Mónica, Dolores, Candelaria, Demetria, Cleta hablan de matrimonios, maternidades y otras formas de la vida entre hombres y mujeres en el medio rural por allá por 1860.

Caminar en la Ciudad Vieja

Nos mudamos. Huimos de la capital. Hay una parte de mi experiencia cotidiana con el arte callejero que se perdió parcialmente cuando dejé de trabajar cerca de la Ciudad Vieja y que ahora, al dejar Montevideo, se aleja un poco más. Supongo que tendré más de una oportunidad de cruzarme con murales -tampoco me voy tan lejos- y les prometo que voy a aprovechar cada una, pero ya no serán parte de la experiencia cotidiana. Lo digo porque parte de la cuestión tiene que ver, para mí, con la extrañeza que generan estos muros al caminar, al experimentar el movimiento en la calle, el encuentro, la sorpresa. Después viene la foto y tal vez, más tarde, el post.

Eso fue lo que me pasó con este muro en la calle Buenos Aires.

 

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No sé quién lo hizo, pero apareció un día cerca de otro muro que vi en proceso. Como apareció esta casa y transformó por completo la esquina.

 

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Caminar por la Ciudad Vieja, especialmente por la calle Buenos Aires, me hizo respirar con los ojos muchas veces.

 

 

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Como estos muros que están entre el Banco Central del Uruguay y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en el espacio que queda entre la especulación financiera y nuestros derechos como trabajadores.  Con el muro de Zësar Bahamonte empieza la bajada en bicicleta hasta el muro de la Crew del Sur.

 

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Excelente. Otra panzada de arte en la calle, gratis y sin cortes. Hasta la próxima.

Ancho como mar

Mares baldios

 

Reseña del libro de cuentos Mares baldíos de Carlos María Domínguez (Buenos Aires, Mondadori, 2014, 187 páginas) publicada en la diaria Montevideo, N° 2317, 24/03/15: 12.

 

La publicación de este libro de Carlos María Domínguez en noviembre del año pasado casi coincidió con la noticia de que La casa de papel (2002), su libro archipremiado y architraducido, sería llevado al cine por el director argentino Juan Pablo Buscarini según anunció el Semanario El Eco de Colonia en su versión digital del 24 de enero. El Río de la Plata es algo más que un tema en la obra de Domínguez, es un universo amplio en el que caben islas, costas océanicas, balnearios, embarcaciones, hombres y mujeres. Se lo puede rastrear como tema central en las crónicas que integran Escritos en el agua (2002), como espacio en el que se desarrolla la trama en la novela La costa ciega (2009) o como metáfora productiva en el título de Cuando el río suena (2012). En los cuentos de Mares baldíos (2005) la mayoría de las peleas entre los hombres (porque no hay mujeres en el mar de estos cuentos, salvo Marica en “Delta”) o con la naturaleza se dan dentro de distintas embarcaciones. El Skena, el Francia, el Fidji, o el Coatham (hundido en aguas del Río de la Plata) son escenarios ideales para desencuentros como ocurre en el diálogo casi absurdo que se desarrolla en “Una conversación honesta” o la convivencia violenta en “La trampa de arena”. Y cuando no son escenarios son metáforas como la descripción del cuerpo de Johnny Weissmüller (“La confesión de Johnny”) en la que brazos y piernas parecen “remos de un barco que nunca había encallado” (73).

El libro es una pieza fundamental de este universo marítimo y su publicación, diez años después de su edición original en alemán, es un acierto de la multinacional Random House Mondadori. Los siete cuentos que componen el volumen fueron traducidos por Elisabeth Müller para la editorial Eichborn de Frankfurt (Alemania). En el mismo 2005 los lectores uruguayos conocieron cuatro de los siete cuentos que integraban Mares baldíos gracias a la editorial local Cal y Canto. Esta segunda edición da a conocer al público rioplatense la totalidad de los textos en español. La versión alemana empezaba con “La confesión de Johnny” que había aparecido en una compilación de Banda Oriental en 1998. Ahora, casi diez años después, el autor o la editorial decidieron alterar aquel orden y abrir con “Combustión”. Es probable que el relato de un decadente Johnny Weissmüller contratado por el peronismo para dar clases de natación fuera más interesante para los lectores alemanes que un cuento cuyo escenario es un bar en la rambla montevideana. Pero el cambio resulta interesante por otro motivo.

Desde su primera edición Mares baldíos abre con una cita del escritor W. H. Auden: “El mar es de hecho ese estado de vaguedad y desorden bárbaros del cual emergió la civilización y en el cual, a menos que haya una salvación merced a los esfuerzos de los dioses y los hombres, siempre existe la posibilidad de volver a hundirse”. Estas palabras son una excelente introducción para la anécdota que se narra en “Combustión” que tiene como protagonista a Gari, primer oficial del Skena, barco petrolero norteamericano. Este le cuenta al narrador cómo fue que decidió abandonar su carrera en el momento justo en que iba a convertirse en Capitán, después de que su barco fuera atacado brutalmente por una misilera iraní durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1989). Pero el cuento está lejos de plantear a los iraníes como unos salvajes. La barbarie en la que siempre es posible “volver a hundirse” no solamente refiere a ellos sino también a las decisiones de Gari dentro del buque petrolero norteamericano. La elección de “Combustión” realza la cita y sugiere seguir leyendo el libro en esa clave.

La lucha del hombre con la naturaleza tiene un aire de familia con la oposición civilización-barbarie y también recorre las ficciones de Domínguez. El tema es antiguo y tiene su historia en la literatura latinoamericana. Alcanza con leer el final de La vorágine de José Eustasio Rivera o los cuentos de Horacio Quiroga para encontrar una naturaleza amenazante, que todo lo traga. Los cuentos de Mares baldíos, todo el universo de Domínguez en torno al mar, se inscriben en esta tradición e incluso le aportan alguna novedad. En el cuento “El árbol de las garzas” una especie de Robinson Crusoe protagoniza un temporal en el Río de la Plata que no solo destruyó su obra civilizatoria, una casilla y una pequeña quinta, sino que lo puso en peligro de muerte. Pero en este cuento la naturaleza al mismo tiempo que amenaza al hombre lo ayuda a sobrevivir. Algo similar ocurre en “La trampa de arena” en el que las mismas fuerzas de la naturaleza que hacen encallar al Francia, luego lo ayudan a salir cuando ya no es necesario.

Ninguno de los cuentos del libro aburre o decepciona. Compaten además un clima común que los hace más atractivos. El historiador Eric Hobsbawm escribió que vivir en un puerto en el siglo XIX era vivir cerca del mundo. Estos relatos de Carlos María Domínguez confirman que sigue siendo así en el siglo XXI. Es lo que hace que a pesar de estar insertos en el Río de la Plata puedan iniciar su recorrido traducidos al alemán. Pero el éxito de estas narraciones no reside solamente en el tema sino en el manejo de la técnica del cuento, que Domínguez domina a la pefección. Y si no me creen lean Mares baldíos y después me cuentan.

Alejandro Gortázar

 

Derrida era uruguayo

Fotografía tomada de: http://www.critical-theory.com/

Fotografía tomada de: http://www.critical-theory.com/

Una vez Washington Abdala tuvo la intención de hacer crítica literaria derridiana. Fue un 5 de octubre de 2013 cuando, a través de su cuenta de Facebook, comentó una reseña de su libro Es el botox que el alma pronuncia publicada en Búsqueda por la periodista Laura Gandolfo. El texto se titulaba “Dos formas de mandar a la mierda a Laura Gandolfo”. En sí el texto contiene dos respuestas: una denominada “diplomática protocolar” y otra “postmoderna”. En la primera Abdala cuestiona a Gandolfo como profesional y en la otra pasa del tono despectivo al agravio, sin que quede claro qué es lo postmoderno de la respuesta.

En su análisis de la reseña Abdala apunta a desprestigiar a la periodista en tanto profesional, le señala que no entendió “la escritura en clave de caricatura” y que eso se debe a “la falta de cultura” de los periodistas. Luego describe la operación de Gandolfo y afirma:

se seleccionan pasajes del libro para mostrar una visión que es “deconstruida” de manera obvia y así se [sic] mostrar algo de forma descontextualizada con clara intención de menoscabar. Este mecanismo es también básico. Jacques Derrida elemental. (Lo conocí cuando vino a Uruguay, un genio).

Empecemos por la descripción de la deconstrucción: mostrar algo fragmentariamente y en forma descontextualizada con una determinada intención. Lo que describe Adbala es un mecanismo básico, lo que está en duda es que se parezca en algo a la deconstrucción. Eso sí, hay algo que es elemental. Cualquier lector de Derrida sabe que la deconstrucción tiene varios nombres, según la obra del filósofo que se elija. Incluso a Derrida le fastidiaba un poco la palabra “deconstrucción” como escribió en su defensa de la tesis doctoral en 1980: “me sirvo de esta palabra que no he amado jamás y cuya fortuna me ha sorprendido desagradablemente” (18).

La deconstrucción en un primer momento, en libros como De la gramatología, La escritura y la diferencia o La voz y el fenómeno –los tres en 1967- fue crear no un sistema filosófico sino un “dispositivo estratégico abierto, sobre su propio abismo, un conjunto no cerrado, no clausurable y no totalmente formalizable en reglas de lectura, de interpretación, de escritura”. Esto le permitió revelar ciertas constricciones de larga duración en la escritura (contradicciones, denegaciones, decretos dogmáticos) que incluso la devaluaban. A eso le llamó logocentrismo “en su forma filosófica occidental” y fonocentrismo “en el área más extendida de su imperio” (15). En Márgenes de la filosofía (1972) expandió este universo e incluyó el falocentrismo dentro de esta tradición. Esta reconceptualización de la escritura traía consigo la reconfiguración de ideas como el texto o una constelación de conceptos como la differance, la huella, el suplemento. Derrida se mantenía heterogéno a las distintas tendencias del “estructuralismo” dominantes en el pensamiento teórico en Francia (16).

En 1995 aparece Espectros de Marx y Derrida sorprende con esta reflexión “la deconstrucción de las metafísicas de lo propio, del logocentrismo, el lingüisticismo, del fonologismo, de la desmistificación o la desedimentación de la hegemonía autonómica del lenguaje (…) hubiera sido imposible e impensable en un espacio premarxista. La deconstrucción sólo ha tenido sentido e interés, por lo menos para mí, como una radicalización, es decir, también en la tradición de un cierto marxismo, con un cierto espíritu de marxismo”, lejano agrega a las formas del marxismo confiscadas por la ortodoxia (106).

En definitiva, no está fácil definir o describir la deconstrucción. Pero lo más interesante está en esa frase que aparece curiosamente entre paréntesis “(Lo conocí cuando vino a Uruguay, un genio)”.

Pongamos que Abdala conoció a Derrida. Hagamos el ejercicio de imaginar a un joven edil colorado de 26 años que sentado en la tercera o cuarta línea de la Sala Vaz Ferreria (en la Biblioteca Nacional) escuchó, un poco después de las 19.30, las primeras palabras de Lisa Block de Behar presentando al filósofo el 14 de octubre de 1985. Tal vez le estrechó la mano a Derrida cuando terminó la conferencia o pudo verlo en una cena que el Presidente seguramente le brindó al filósofo esa misma noche. Existe la posibilidad de que le llegara a su despacho de la Junta Departamental el libro Diseminario. La desconstrucción, otro descubrimiento de América (1987) que reunía las intervenciones del filósofo en Uruguay.

La frase aporta una nota de color provinciana y farandulesca al debate. La filosofía, la deconstrucción, la crítica al falo-fono-logocentrismo se reducen a un: “vino a Uruguay, yo lo conocí, un genio el tipo”. Uruguay nomá. Derrida era uruguayo.

Libros citados

Derrida, Jacques. El tiempo de una tesis. Deconstrucción e implicaciones conceptuales. Barcelona: Proyecto a, 1997. 11-22. Hay versión digital.

—. Espectros de Marx. El trabajo de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional. JoséC Miguel Alarcón y Cristina de Peretti. Traducción. Madrid: Trotta, 1995 [1993].

—. Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra, 1994 [1972].

El detective es el abogado (sobre una novela de Hugo Burel)

 

Burel

 

El narrador de esta novela es un abogado del Banco de Previsión Social. Pero que el lector no se espante. No se trata de una crónica realista sobre un personaje rutinario ni nada por el estilo. Se trata de un policial y de los bien resueltos. Sobre todo si el lector ojea la oferta de bodrios que pueblan las librerías tipo Michael Connelly, John Grisham o John Katzbenbach. Con estos “muchachos best-seller” no se puede establecer una diferencia importante entre su último éxito editorial y todos los anteriores. Sin embargo las diferencias entre esta novela de Hugo Burel y la anterior son notorias. En El corredor nocturno (2005) se narra la historia de un vendedor de seguros con una vida rutinaria en el trabajo y en el matrimonio. De pronto su vida cambia radicalmente cuando alguien que conoce “casualmente” en el aeropuerto comienza a perseguirlo. El inofensivo extraño progresivamente pasa a ser su peor pesadilla. Un thriller psicológico con un argumento que parece calcado de las películas del género, que entretiene y obliga al lector a seguir leyendo para adivinar la próxima vuelta de tuerca. El corredor nocturno tuvo un relativo éxito en el mercado local y eso debió pesar en esta nueva publicación de Alfaguara.

Sin embargo con El desfile salvaje Burel apuesta un poco más alto. Para empezar recurre a un truco interesante. Se trata de las dos páginas en las que Marcelo, el narrador-abogado del BPS, reconoce que un editor “bastante impresionado por la historia” le dio una mano en la redacción de la novela. “Fueron sugerencia de este profesional –afirma Marcelo– las citas del comienzo, que yo dudé en incluir porque acaso sean meros intelectualismos”. Se refiere a una cita de Iluminaciones (1886) del poeta maldito francés Arthur Rimbaud, que da titulo a la novela, y a otra de Raymond Chandler. El recurso termina siendo un hallazgo interesante de El desfile salvaje. De algún modo la solución del enigma está unida a la interpretación que Marcelo hace de algunos fragmentos del libro de Rimbaud. Así una investigación sobre la muerte misteriosa de Esteban, amigo de Marcelo de toda la vida, se convierte en una especie de investigación literaria.

Otra diferencia con El corredor nocturno es que hay un interés de situar más la historia en un contexto determinado. Si bien la nueva novela de Burel también parte del presente, en El corredor nocturno se aludía oblicuamente al contexto de la crisis económica del 2002. En El desfile salvaje la referencia al pasado está más presente, tal vez porque los personajes tienen una historia en común que los remonta a los sesentas y a la dictadura. Por ejemplo, el narrador consigue trabajo en el BPS durante la dictadura gracias a un ex–diputado y a un prontuario “limpio” de izquierdismo. Pero Marcelo también relata su experiencia en las discusiones sobre el marxismo o la revolución, también aparecen la marihuana o los inicios del rock en Montevideo. En este caso la variante local hace que los personajes sean más “densos” aportándole otro elemento interesante a la novela.

El género policial no tiene mucho más de 30 años en Uruguay. Eso escribió el crítico argentino Jorge Lafforgue hace más de 10 años en un artículo que fue incluido luego en Asesinos de papel, ensayos sobre la narrativa policial escrito junto a Jorge B. Rivera. No es que no hubiera antecedentes mínimos y prestigiosos en la literatura uruguaya pero Lafforgue prefiere iniciar la cosa con Carlos María Federici y Mario Levrero hacia 1972. A partir de allí se puede hablar de un género consolidado, que en las últimas décadas tuvo su “auge” con Carlos Reherman, Hiber Conteris, Hugo Fontana, Omar Prego Gadea y otros novelistas. Esta novela de Burel, y por qué no la anterior, deberían tener un lugar cuando aparezca algún estudio sobre el género policial en Uruguay. Una sola cosa atenta contra la novela: el final. En las últimas páginas se reproduce un cuaderno de notas escrito por el muerto en tono poético que no aporta nada a la novela. El final del último capítulo tendría más fuerza sin él. Una lástima.

Pd (marzo de 2015): Esta nota fue publicada con el mismo título “El detective es el abogado” en la diaria Nº 412. Montevideo, 26/10/2007: 7. Es importante aclarar que la nota fue escrita en 2007 y a la lista de escritores uruguayos trabajando en el género policial habría que agregar a Pedro Peña, Rodolfo Santullo, Renzo Rosello (a quien olvidé mencionar en aquella nota), Hugo Fontana y muchos otros que son analizados por Ramiro Sanchiz en esta nota.

Otra vez la pelota en la casa de Doña María

tiziano mecenas Acaba de publicarse una columna del escritor y periodista Carlos Rehermann sobre el discurso de Tabaré Vázquez en su primer día de gobierno. No tengo ninguna intención de discutir sobre política partidaria con el ciudadano Rehermann, no tengo ninguna intención de hacer una defensa del gobierno, con el que siento afinidad y al cual voté en las últimas elecciones. Tampoco es un secreto para nadie que tuve un cargo de responsabilidad en la administración pasada, precisamente en la Dirección Nacional de Cultura. Pero preferiría dejar esa historia en el pasado y concentrarme en dos pasajes de este texto. Me interesa discutir algunas ideas confusas que se deslizan en la nota porque en el afán de criticar al gobierno, específicamente el discurso del mandatario el 1° de marzo por cadena nacional, el columnista entra en terrenos en los que me parece no pisa tierra firme. En el primer pasaje arremete contra la sociología y la antropología:

El problema es que a los sociólogos y antropólogos no les interesa el arte en tanto manifestación estética, sino la cultura en tanto construcción simbólica, y le da lo mismo una pintura de Tiziano que el símbolo que en Francia señala un local de venta de tabaco.

Este primer enunciado es falso. Buena parte de los esfuerzos de la sociología y la etnografía del arte están orientados a poder explicar la lógica social del arte, lo que hace posible su distinción de otros objetos en el mercado de bienes, las cuestiones relativas al proceso de autonomización del arte, entre otras. De ninguna manera estas disciplinas han contribuido a que todo sea lo mismo sino todo lo contrario, han ayudado a comprender el modo de acumulación del capital cultural y las reglas que rigen el mercado de bienes simbólicos, que muchas veces se distancian de las reglas del resto de las mercancías. Allí está buena parte de la obra de Pierre Bourdieu para demostrar lo que digo, pero el sociólogo francés es en verdad heredero de una tradición crítica que no empezó ni terminó con él. Tal vez el columnista se confunde con ciertas versiones de los estudios culturales, fundamentalmente la norteamericana, que efectivamente tienden a poner en el mismo nivel una pintura de Tiziano y un cartel señalizador, siguiendo la simplificación del escritor. Eso sin discutir el hecho de que en la construcción del arte como objeto de estudio legítimo para esas disciplinas cualquier comparación bien fundamentada tiene validez. Es por esa razón que puede ser posible comparar lo que en apariencia parece incomparable.

Luego, en ese mismo párrafo, el columnista arremete contra la industria

Exactamente lo mismo le sirve a la industria, especialmente cuando el arte se hace técnicamente reproducible. A la industria le conviene la desacralización del arte, de manera que desdibujar el término, convertirlo incluso en algo esnob, identificarlo luego con una simple producción simbólica, terminar con el valor artístico y reducir el juicio estético a una elección basada en un derecho al gusto o a la identidad de una minoría, manipulando de paso el concepto de estilo para que deje de identificar un período y pase a ser una serie de estilemas personales o tribales, sirve también a fines comerciales.

Es muy curiosa la forma en que se da vuelta el pensamiento de Benjamin sobre la desacralización del arte, porque el hombre veía en la pérdida del aura del arte un potencial emancipatorio, que podría acercar el arte al pueblo, aspiración que compartió con un sector importante de la vanguardia histórica, pero que luego hizo trizas el fracaso de la experiencia soviética en el arte (el realismo socialista como estética oficial) y el triunfo del capitalismo (el mercado). Pero el párrafo es difícil porque en medio de esto el columnista identifica la “desacralización del arte” con la pérdida del “valor artístico”, con la reducción del “juicio estético” y con la cuestión del “derecho al gusto o a la identidad de una minoría”. La verdad es que es difícil entender cómo este conjunto de problemas, en algún sentido muy distintos, están unidos en un mismo enunciado.

Pero quiero decir dos o tres cosas como para aclararme el panorama. La primera es que habría que analizar con cuidado el hecho de que el mercado opere igualando todas las mercancías, porque no está claro que un cuadro de Tiziano valga lo mismo que un litro de leche, en cierto sentido el mercado se beneficia de la distinción entre las mercancías, entonces no veo en qué lugar el mercado opera para desacralizar el arte. En segundo lugar me parece un exceso contraponer este problema de la supuesta disminución del “valor estético” y el “juicio estético” a los derechos de las personas. En otra parte de la nota los lectores podrán ver a qué apunta el columnista con esta cuestión, es uno de los ataques al gobierno que más le gusta hacer a él y a otros enemigos de la “corrección política” y la diversidad. Al parecer que las personas tengan derecho a participar de la vida cultural y que haya un sector de la política pública que se dedique a garantizar ese derecho, es la razón por la que se pierde el valor y el juicio artístico. A mi me parece que suena a queja por la pérdida de privilegios, pérdida por lo demás imaginaria porque el sector de la política pública que se dedica a garantizar este derecho del pueblo es ínfimo en relación a lo que se dedica a las artes. No voy a decir nada más en honor a lo que prometí al principio de estos párrafos. La actual administración decidirá si quiere contestar al columnista sobre este o cualquier otro punto del artículo.

Por último, hay otro pasaje que realmente me sorprendió y también por razones conceptuales. Es el pasaje en el que el escritor se queja del monto de los premios de literatura. He aquí los dos párrafos sobre los que quiero detenerme:

Los montos de los premios nacionales de literatura, por ejemplo, que ascienden a un máximo de 1800 dólares (1200 en el caso de los libros inéditos), ponen en evidencia el valor que le da el Estado a los libros producidos en el país. Un razonamiento básico permite ver lo ofensivamente bajo de esos montos. Digamos que una novela de 150 páginas fue escrita por un individuo con una gran capacidad de producción, algo así como una página por día. Seis meses de trabajo. Lo mínimo respetable sería pagarle al tipo, si es que gana el premio a la mejor obra del país, seis sueldos más o menos decorosos, más o menos unos 18.000 dólares, algo así como una retribución por el trabajo realizado. El Estado considera que debe pagarle 10 o 15 veces menos.

Uno no puede más que quedar desconcertado frente a este razonamiento. ¿Qué es lo que quiere el escritor? Sorprende el uso de términos como “compra”, “producción”, “trabajo”, “salario”. ¿Es que lo que se pretende es ser un empleado del Estado? ¿reinstaurar el mecenazgo del príncipe? La clave del asunto está en confundir un premio, es decir, un estímulo, un reconocimiento del Estado, con un salario. Por esa razón los premios no pagan cargas sociales ni aportan a la seguridad social, el artista se lleva su premio enterito al bolsillo y a otra cosa. Esta conversación sobre lo pobre del salario tal vez podría instalarse en el escritorio del gerente de la editorial. El diálogo podría versar sobre quién se lleva la mayor parte del derecho de autor, sobre los contratos abusivos, sobre quién paga la seguridad social, los aportes patronales y otros tantos temas. También todo este ejercicio podría caer ante la pregunta de si el editor es un empleador y si publicar una novela es “trabajo dependiente”. Pero me parece que el escritor no quiere reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de su actividad profesional sino criticar los magros dineros que el Estado uruguayo destina a premiar artistas. Legítimo pero incompleto. En fin tanto las palabras de nuestro presidente como esta columna tienen muchos puntos polémicos. Sobre lo que haga o no haga el gobierno me reservo de opinar ahora, en la medida en que todos los ciudadanos estamos expectantes de lo que se haga en estos cinco años. En mi caso muy especialmente en áreas como la educación, la cultura, la relación producción-medio ambiente y las políticas sociales. Ya veremos.