Entrevista a Juan Villoro

No hay clausura para una tradición, las tradiciones siempre están abiertas”

Desde que apareció en los noventa, dentro de lo que algunos llamaron la “nueva novela hispanoamericana”, el mexicano Juan Villoro no para de escribir. Y no para de ser reconocido (Premio Xavier Villaurrutia 1999, Premio Herralde 2004, Premio Antonin Artaud 2007). Ya transitó por diversos géneros (cuento, novela, crónica) y conquistó distintos públicos. Si bien la obra de Villoro no desborda las librerías montevideanas, su presencia en la ciudad desde el viernes generó revuelo. Llegó gracias a la Feria del Libro de Buenos Aires y a la revista Dossier.

La entrevista estaba pautada para el sábado a las 18.30 en el Radisson Victoria Plaza. Juan Villoro, el entrevistado, está haciendo ese papel desde las 16. Pero no es lo único que Villoro hizo en Montevideo en su estadía de dos o tres días. (El sábado todavía no se sabía si Villoro podría volar a Santiago de Chile a causa de las cenizas del volcán o vería el clásico en el Estadio Centenario el domingo). La agenda comenzó el viernes pasado con una conferencia en el Centro Cultural de México (en la Embajada de ese país) en la que habló de la ciudad de México “tratando de entenderla como un texto, porque es una ciudad que desafía el entendimiento, una de las ciudades más pobladas, más inseguras, más grandes del mundo y al mismo tiempo de las más intensas y más ricas en cruces temporales y culturales.” El sábado la agenda fue más intensa y se inició en la mañana con algunas entrevistas radiales. Luego en el Museo Gurvich, la presentación de su primer libro de cuentos publicado en Montevideo por la editorial HUM. Si bien el escritor se sintió “muy acogido” en esa actividad, a las 18.30 supuse que estaría algo cansado. La entrevista fue breve. Duró 20 minutos. Pero la necesidad de condensar las ideas, como en un cuento, colaboró en que cada respuesta de Villoro fuera directo al punto con una eficacia envidiable. Habló sobre el papel de las editoriales independientes, sobre el cuento como género y su mirada sobre la tradición, o su “familia” dentro de la la literatura mexicana. Y también, a su modo, para cuestionar ciertas lecturas “folkloristas” de la literatura latinoamericana de la crítica europea o norteamericana.

En 2008 publicaste dos libros de cuento en editoriales independientes rioplatenses. Los culpables en marzo por la editorial Interzona (de Buenos Aires) y ahora La alcoba dormida en HUM. ¿Por qué editoriales independientes?

Pues mira en los últimos tiempos he estado buscando otro camino para mi escritura, me ha parecido muy interesante recuperar la posibilidad de tener editores independientes porque en la editoriales independientes un editor se la juega más directamente por los autores, para un editor independiente el catálogo es su autobiografía, o sea, él ve a los autores como parte de su apuesta. Y trata de imponer un sentido del gusto y de apostar por libros en el caso de editoriales como HUM y como Interzona,que respondan a una búsqueda literaria y eso a mí me parece muy bien porque yo me siento muy identificado con ese proyecto. Por supuesto que no hay dinero de por medio, es una apuesta cultural, no hay posibilidades de hacer anuncios, ellos no me pueden invitar a mi desde México a venir a Uruguay o Argentina tiene que coincidir con una Feria del libro con otra actividad. Pero me ha parecido mejor circular de esta manera porque las grandes editoriales apuestan más a un circuito comercial y entonces sino eres un autor de best-sellers, o un autor especialmente mediático, tu literatura no llega. Y por otra parte es también una manera de defender al lector porque los libros extranjeros llegan muy caros a los distintos países es muy raro que estén en buen precio. Entonces si tu haces una edición local, puedes tener libros a precios muy razonables para los lectores. Ya tengo dos libros con Interzona, la primera experiencia que fue una novela breve Llamadas de Ámsterdam (2007) fue muy buena.

El cuento (Exposición de motivos). Empecé escribiendo cuentos. Es el género que más he cultivado, el que más me ha intersado, pero la intensidad del cuento es tal que yo no podría escribir sólo cuentos, pensé que sólo escribiría cuentos pero en los últimos años, bueno, me di cuenta que esta concentración de efectos, esta condensación que implica el cuento, no siempre la puedo llevar a cabo. Entonces practico otros géneros y luego vuelvo al cuento. Creo que es género más exigente porque todo lo que sobre está demás, eso lo sabemos por Horacio Quiroga, que la condensación es uno de los efectos centrales del cuento y también el hacer que la emoción sea más un efecto de la lectura que de la escritura. En el sentido de que lo que coloca el cuentista debe ser completado por el lector, leído por el lector y de ahí que se produzca esa emoción tan especial en el lector al entrar en contacto con una historia que él completa.

Influencias “Hay muchos cuentistas que admiro Felisberto Hernández, Borges, Chejov (El santo patrono de los cuentistas), John Cheever, Raymond Carver, Fitzgerald, Pushkin tiene un cuento extraordinario que se llama “El disparo”, Josef Conrad tiene algunos cuentos maravillosos, Hemingway como cuentista me encanta, hay cuentos más recientes, como los de Ricardo Piglia que me parecen excepcionales.”

En un prólogo a los cuentos de Augusto Monterroso [Fabulaciones y ensayos. Augusto Monterroso. La Habana: Casa de las Américas, 2000.] decías que él no tenía un estilo sino que los reinventaba ¿Se puede decir lo mismo de tu obra?

Creo que yo soy un escritor con una voz muchísimo más enfática que la voz de Monterroso. Tu puedes leer en las fábulas y tiene un tono interesante, irónico, de bonomía, de sabiduría que va mucho con la forma clásica de la fábula. Pero otros de sus cuentos son cuentos muy objetivos, en donde rehuye tener cualquier personalidad y en lo que yo escribo, ya sean crónicas…creo que hay un énfasis que se nota más quién está escribiendo. Es una cuestión de personalidad. He tratado de escribir en distintos géneros y en distintos registros, pero creo que si hay una presencia estilística más marcada, lo cual no quiere decir que sea mejor, hay autores con un estilo personal muy cargado, y autores con un estilo más neutro. Por ejemplo Vargas Llosa tiene un estilo neutro, su personalidad está más en la arquitectura y la construcción del relato y Onetti tiene un estilo muy cargado, muy volcado a una manera personal de decir las palabras.

¿Cómo es transitar por tantos registros?

No me parece tan complicado creo yo que un escritor que escribe prosa escribe en distintos formatos, quizá es difícil para algunos autores escribir para niños, o para otros escribir en ficción y en no ficción, pero yo me he ido acomodando porque tengo una personalidad dispersa, no puedo concentrarme sólo en una cosa, no me puedo dedicar obsesivamente a un sólo género, y necesito las tensiones compensatorias de distintos géneros para seguir adelante. Muchas veces llego a un callejón sin salida, un momento de irritación, de desesperación. Y la manera de curarme de eso es buscar un género muy distinto. Digamos que en la novela los placeres y las angustias tienen que ver con trabajar durante mucho tiempo un material amorfo que no sabes muy bien hacia dónde va, qué tan grande va a ser.

¿Lo contrario al cuento?

Exactamente. Cómo los personajes van a ir creciendo y disminuyendo con esa trama es como la travesía de los antiguos barcos balleneros que duraban 7 años y cuando los marinos llegaban a puerto, regresaban al punto de partida, eran otras personas totalmente distintas. Eso pasa con la novela. En cambio los placeres y las angustias del cuento son las opuestas. El tener control del material, el tener que condensarlo todo, el prescindir de todo aquello que sobre, el no poder avanzar a ciegas. Yo necesito ambas cosas.

Compromisos ciudadanos y compromisos estéticos. “Pertenezco a un proyecto de la Casa Refugio de Escritores, que es una casa para escritores perseguidos, que surgió del Parlamento Internacional de Escritores. Yo estoy implicado ahí pero eso no es un trabajo, es algo que un grupo de escritores hacemos de manera voluntaria para apoyar a escritores que están perseguidos. Tengo ciertos compromisos que son más ciudadanos que estéticos, que tienen que ver con una conducta política, que tienen que ver con una actividad, pero en ocasiones ambas cosas se cruzan, a mi me dieron un premio que yo no esperaba por mi libro Los culpables y entonces decidí fundar una biblioteca para niños en Guajaca, en un estado muy rico en cultura pero muy pobre económicamente y entonces ahí desarrollamos un proyecto de una biblioteca para niños. O lo de la Casa Refugio también es una manera de cruzar lo social con el trabajo literario. Pero son cosas que yo hago porque me parece importante ayudar si es que puedo en algo y a veces se cruza con el trabajo literario.”

Una familia literaria. La literatura mexicana hoy en día es muy rica, es muy variada. Y no hay una corriente que se inscriba en esto. Por supuesto que tengo similitudes con otros autores y quizá estaría yo cerca de algunos autores que han mezclado géneros de ficción y no ficción, y que han mezclado también de manera muy libre lo culto y lo popular. Escritores como Jorge Ibargüengoitia que ya murió, que era un gran cronista de sucesos nímios, de vida cotidiana, y al mismo tiempo un novelista irónico, que utiliza la ironía, Carlos Mosiváis que es un cronista muy hábil para captar los más distintos estratos culturales de la vida mexicana y también acude a la ironía. Un escritor mucho más joven, Fabricio Mejía Madri que tiene también las mismas características que te decía, nada más que aporta una perspectiva generacional distinta y yo ahí vería un familia, bastante próxima.

Los noventas, la nueva narrativa hispanoamericana, la tradición. Siempre hay etiquetas, que sirven para despertar la curiosidad en un escritor, o en un grupo de escritores, para desatar la polémica. Porque entonces dicen “por qué estos y no otros” en fin. Y eso es un proceso necesario de conocimiento y de circulación de la literatura pero nunca es muy definitivo porque ni siquiera lo que llamamos tradición no es algo cerrado, yo no creo que haya una noción de clausura para un tradición, las tradiciones siempre están abiertas, y autores que hoy damos por sentados y consideramos clásicos, probablemente en el futuro no se van a leer y hay que recordar que por ejemplo Cervantes durante un par de siglos fue un divertimento más que un autor importante, y se convirtió primero en un clásico en Francia, en Alemania y en Inglaterra, que en la propia España. Entonces si esto le pasa al mayor autor de la lengua, yo creo que nosotros mismos desde el presente estamos interviniendo en la tradición. Por ejemplo, cuando escribo un ensayo de pronto trato de que resurja un autor olvidado y en cambio no le presto tanta atención a un escritor que hoy en día se considera encumbrado. Entonces, creo que toda tradición está abierta, y estas clasificaciones provisionales o etiquetas de los nuevos autores forman parte de una discusión que debe ser animada pero no hay nada definitivo. Creo que hay buenos autores en América Latina, pero en definitiva lo decisivo es cada uno de los autores, o sea, cada autor aporta una voz propia, un planeta personal. Creo que por ejemplo que un autor como Navokov puede ser inscripto parcialmente en la literatura rusa, parcialmente en la literatura norteamericana, pero lo importante es que es Navokov, o sea, lo importante es lo que él aporta. Kafka puede ser parcialmente inscrito en la tradición checa, parcialmente en la alemana, pero lo que importa es el “mundo Kafka”. Creo que eso es lo que pasa con los grandes autores.

Cómo interpretas las posiciones de otros narradores contra el realismo mágico de autores como Alberto Fuguet (que publicó en 1996 Mc Ondo, una antología de cuentos precedida por un prólogo como manifiesto al que Villoro hace referencia) o el “Crack” un conjunto de escritores entre los que está Jorge Volpi.

Han sido respuestas muy necesarias a una necesidad de…a ver, de una exigencia, a una exigencia de folklorismo de autor latinoamericano por parte de la crítica europea y norteamericana. Si se estudian novelas en las universidades norteamericanas casi siempre es porque la novela sirve para expresar el machismo o el caudillismo, el cacicazgo, la Revolución, la Guerrilla, o sea, valores sociales en los que la novela opera como un vehículo de trasmisión y no como una búsqueda estética. En ese sentido se considera que la literatura desde esta mirada dominante es más un producto artesanal que representa antropológicamente una realidad a una búsqueda estética que esté reformando la novela, ellos no verían de la misma manera la literatura norteamericana y europea. Obviamente una rebelión como la de McOndo donde dice “a ver, un momento, nosotros podemos escribir de edificios, de elevadores, de taxis, de computadores tanto como los escritores extranjeros”. Lo importante es cómo se hace. Mis cuentos creo que tienen sesgos de clara pertenencia al mundo mexicano, pero a mi no me interesa que sean deliveradamente mexicanos.

¿Sería como una búsqueda folklórica?

Si claro, porque nadie puede ser típico para sí mismo. Es un despropósito.

[La entrevista se publicó en la diaria Nº 551. Montevideo, 13/05/08: 6-7. Lo que posteo ahora es la versión cruda, sin la edición que hizo Gabriel Lagos, a quien agradezco la oportunidad de acercarme al periodismo cultural]

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