En el taller (entrevista a Jorge Chagas, I)

Jorge Chagas es narrador, periodista e investigador. Nació en el barrio Cordón de Montevideo en 1957. En 1998, con 41 años de edad, Chagas inició su carrera literaria. Ese año obtuvo dos premios en concursos: uno organizado por AEBU y otro por la Fundación Banco de Bostón. Dos años antes había publicado, junto a Gustavo Trullen, la primera parte de la biografía de uno de los más importantes dirigentes sindicales del Uruguay: José D’Elía. La obra se llamó Memorias de la esperanza, tuvo una primera parte publicada en 1996 y una segunda en 1998. En 2001 aparece La soledad del general. La novela de Artigas y al año siguiente gana otro concurso literario organizado por el Banco de Boston y el Club de Leones. En 2003 regresa con otra obra de ficción Gloria y tormento. La novela de José Leandro Andrade con la que gana el primer premio del Ministerio de Educación y Cultura (inéditos) y recibe una mención especial en el premio de la Intendencia Municipal de Montevideo, que en 2004 la pondrá en el tercer lugar como obra édita. Ese mismo año sale El provocador. Una biografía de Ruben Castillos. En 2008 aparece la ficción Agua roja. Ha formado una sociedad con Gustavo Trullen desde la publicación de la biografía de D’Elía que ha dado frutos interesantes: en 2005 Pacheco. La trama oculta del poder, en 2006 ambos participan junto a Universindo Rodríguez y Silvia Visconti en el libro El sindicalismo uruguayo a 40 años del congreso de unificación. En 2009 dan a conocer Historia del Banco la Caja Obrera. Una historia (1905-2001). Finalmente en 2011 Guillermo Chifflet. El combate de la pluma. Como narrador participó en libros colectivos del Taller Ruben D´Alba y en la antología El cuento uruguayo: 35 narradores de hoy (I) elaborada por Jorge Morón y Lauro Marauda.

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En el bar Andorra

Nos citamos en el bar Andorra a las 10 de la mañana del lunes 23 de julio de 2012. No conocía el Andorra, un viejo boliche en la esquina de Yaguarón y Canelones (de ese lado de 18 de julio, Aquiles Lanza y Canelones) que desde afuera se ve algo desvencijado. Cuando llegué ví al escritor mirando por la ventana que da a la calle Yaguarón. El bar está vacío y cuando entro Chagas conversa con el dueño. “Por eso me gusta este boliche, los conocés a todos” me había dicho en medio de la entrevista. Está tomando una Fanta. Me presenta al dueño y me anuncia que la máquina de café está rota. La banda sonora de la entrevista fue Galaxia FM. Lo noté recién al desgrabar.

Le cuento brevemente qué estoy haciendo. Quiero entrevistarlo porque estoy escribiendo un artículo sobre cuatro novelas contemporáneas que representan a afrodescendientes, entre las que está La soledad del general. Unos días antes, durante el intercambio de mails para entrevistarlo Chagas me escribió: “le adelanto que la obra donde trato en profundidad el tema de los afrodescendientes es Gloria y Tormento. La Novela de José Leandro Andrade. En La Soledad del General es un tema importante pero lateral a la trama. Quedo a sus gratas órdenes.”

Mi objetivo inicial entonces era conversar sobre La soledad del General –quería saber más sobre el papel de Ansina en la novela- e insertarlo en el marco de mi investigación sobre los escritores afrodescendientes en Uruguay. El resultado fue una larga conversación que decidí publicar en dos partes. En esta primera parte Jorge Chagas habla de sus inicios como escritor, reflexiona sobre la literatura y los afrodescendientes.

¿Cómo empezaste a escribir?

A mi siempre me gustó mucho la literatura. Incluso cuando hice preparatorio, en aquel momento era el Plan 42 y todavía se llamaba preparatorio. Hice Derecho y tuve muy buenas calificaciones en literatura, en todo lo que era historia, literatura tuve muy buenas calificaciones. Siempre me gustó mucho escribir. En el año 83, concretamente en setiembre, empecé a trabajar como periodista en el semanario Aquí. En aquel momento en la redacción estaban Tomás Linn, Leonardo Haberkorn, Alejandro Paternain, Miguel Ángel Campodónico, Zelmar Lissardi, Alfonso Lessa. Había un equipo muy bueno, de gente que sabía un disparate de escritura y se da la casualidad que además de que había muy buenos periodistas, que aprendí muchísimo de ellos, además estaban Alejandro Paternain y Campodónico, que eran escritores de ficción y tenían una pluma muy exquisita. Esa fue mi primer gran escuela de escritura. Estuve hasta el noventa ahí. Yo después me dediqué, empecé haciendo derecho, pero después me volqué a las ciencias sociales y fui de los primeros alumnos de la Licenciatura en Ciencias Políticas y escribí artículos sobre temas históricos, historia del movimiento sindical. Allá por 1996, en enero, febrero, por primera vez me animé a escribir un cuento de ficción, “Una carta de verano” y participé en el concurso de cuentos de AEBU. En ese concurso saqué una mención especial y quedé tan entusiasmado que fui el día que entregaban los premios y hablé con un muchacho del jurado, no me acuerdo quién era, la otra era Marosa di Giorgio y el otro jurado ahora te explico quién era. Entonces el muchacho me dice “Mirá, vos si querés mejorar tu escritura tenés que hablar con aquel hombre que está allá” y ahí viene Lauro Marauda, que era el otro miembro del tribunal. Me presento y le digo “Mirá yo quiero ver cómo pulimos la escritura”. Y Lauro me dijo una cosa: “El cuento ese ya está. Ese cuento ya dio todo lo que tiene que dar. Vos ahora tenés que empezar a crear otras cosas y si te interesa la escritura creativa, que te fomente la creatividad, tenés que integrarte a un taller literario”. Entonces me habló del taller literario que hoy se llama Ruben D’Alba, que era un compañero del taller. Ahí me encontré con un montón de gente, quedé sorprendido porque había un montón de gente de las más diversas profesiones que les gustaba escribir. Tenían esa pasión de la creatividad. Entonces se me abrió un mundo que yo no conocía.

¿Qué influencia tuvo Lauro Marauda en tu obra?

Total. Absoluta. Desarrolló toda mi creatividad de ficción. Porque yo hago historia también. El taller me desarrolló al máximo la creatividad. Además una cosa buena había un montón de autores que yo no los conocía, que nunca los había leído, ni los nombres sabía. Ví que había un espectro muy grande en el campo de la ficción. El taller lo que tiene es que no vas a aprender literatura, es un taller que fomenta la creatividad. Eso es lo bueno que tiene el taller, para mi lo mejor, el fomento de la creatividad de la persona, eso creo que es la clave de todo. Sigo siendo miembro del taller. Ahora no estoy yendo porque estoy terminando la materia de la Facultad.

Seguís estudiando ciencias políticas…

Si. Te explico lo que pasó. Con Gustavo Trullen que es otro compañero con el que hacemos la parte histórica, hicimos la biografía del Pepe D’Elía y empezamos a escribir libros. Nos contrataron para trabajar en El Observador, después en la revista Tres, hicimos un montón de notas. Cuando quisimos trabajar profesionalmente como historiadores nos dijeron “está muy lindo, ganaron muchos premios, pero si no tienen el cartoncito”. Me quedaban pocas materias. Confío en que el año que viene estaré ya recibido.

Pero el periodismo fue una manera de ganarte la vida también…

Brutal. Siempre. Lo que aprendí como periodista, eso lo voy a tener incorporado toda mi vida. Además aprendí a tener la nota antes en la cabeza, en mi cerebro, antes que tenerla escrita, cómo se hace… copete, desarrollo, frases cortas. Aprendí muchísimo. Espero algún día hacer notas históricas. Una esperanza que tengo es poder algún día volver a hacer periodismo de historia.

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No estás en el diccionario de escritores uruguayos (La pregunta tiene sentido por lo que había escrito hacía unos meses en este mismo blog)

No estoy porque es del 2001. Yo recién empecé en 2001 con la ficción.

Cuando Pereda Valdés o Britos Serrat hablan de los escritores afrodescendientes en Uruguay los describen como autodidactas, y hablan de factores que los invisibilizan como la situación socio-económica, la falta de reconocimiento estatal… Creo que hay que agregarle a eso que no pertenecen a determinados círculos, no conocen a determinadas personas… Lo que te quería preguntar es si a vos el hecho de ser afrodescendiente te generó ventajas o desventajas en tu actividad literaria y cómo ves esto que dicen Pereda y Britos

Creo que es verdad, que es cierto que hay factores múltiples, multicausales. Para escribir ficción tenés que leer mucho. Ponele que no vayas a un taller de creación literaria pero tenés que leer. Tenés que ser un buen lector. Los escritores afrodescendientes del pasado, los que yo conocí, Gares por ejemplo, que era un muy buen autor de teatro, era un hombre que leía mucho de teatro, le gustaba el teatro…

Pero por su cuenta…

No existían los talleres literarios en esa época

Ni los talleres ni iban a la Universidad, ni…

No podían. La generación de mis padres a duras penas te aprobaba la escuela. Y tampoco iban hasta sexto, iban hasta quinto año, porque a esa edad vos ya estás preparado para trabajar. Después tenés que aprender un oficio. El liceo no estaba masificado, que el liceo te da una cultura enciclopedica. Ahora está agotado. Pero creo que en aquel momento te daba una formación enciclopédica, y si podías ir un poco más allá…Yo tuve cierta suerte. Creo que el tema de que yo sea afrodescendiente, no creo que eso sea… que eso me haya dispuesto una barrera. Te digo por qué te digo esto. Porque yo creo que es un problema que las editoriales uruguayas no arriesgan. Te hablo de las grandes, Fin de Siglo, Trilce, Banda Oriental, no arriesgan. Banda Oriental posiblemente tenga un sistema de riesgo, con el concurso que hace. Ahí se anota mucho gente nueva y si pasa, bueno, el tipo pasó un jurado y entonces la obra es buena. Y ahí sí se la juega. Pero te voy a poner un ejemplo. La soledad del General fue rechazada por una editorial (no dice cuál). Pero Gloria y tormento mirá vos, tenía un informe, que no es malo el informe, que lo hizo una conocida crítica que trabaja en El País Cultural. Un informe que no era malo, decía que había que mejorar esto y lo otro, que podía andar. La editorial no se arriesgó. Bueno, sacó cuatro premios esa novela, el Premio Nacional de Literatura, mención especial en la Intendencia, el otro año volvió a sacar otro premio…

Cuántas ediciones tiene ya

Tiene varias, tiene tres o cuatro…Y después lo musicalizó Yambo Kenia y ganó el primer premio en carnaval con esa obra musicalizada. Por ejemplo otros compañeros del taller que no son afrodescendientes han llevado sus obras y rebotan porque no se arriesgan. Cosa que es comprensible, yo los entiendo, un mercado chico, las ventas están muy bajas, no te la vas a jugar. Acá el único que vive de la literatura creo que es Galeano.

Y Benedetti cuando estaba vivo…

Y Benedetti. Después los demás…Mario Delgado Aparaín…venden bien, Mercedes Vigil vende a nivel local. Creo que la búsqueda del mercado internacional es durísima, es como ser goleador de la liga italiana de fútbol, hay que hacer goles acá y hacer goles allá. Es un mercado muy duro. Una vez hablando con un librero que sabe mucho del mercado internacional. “Mirá esta escritora X” le decía yo “quiso conquistar España y rebotó”. Y él me dice: “Pero Jorge, en España Rosa Montero es como Defensor allá, está en tercer, cuarto lugar, a vos te parece…”. Es difcilísimo ganarte el mercado español. Además como bien dijo en un reportaje el negro Mario Delgado Aparaín es medio tramposo también que los autores uruguayos hagan contrato con Alfaguara o con Planeta, vos vas por ejemplo a España, vos hacés un contrato con Alfaguara por ejemplo y ves que tus libros no están, está nada más que una franja…

Vos decís que esto no le pasa solamente a los escritores afrodescendientes, esto le pasa a todos los escritores…

Le pasa a todos los escritores. Mirá, en el taller hay una persona, para mí es una de las personas que mejor escribe del taller de literatura de Lauro [Marauda], Lilián Hirigoyen, que tiene una novela histórica sobre Nerón. Una novela que funciona en cualquier lado. Hizo un fuerte intento de ir a los agentes literarios en el exterior y no. Es una novela que puede leerla un español, un italiano, porque es una novela desarrollada en la antigua Roma, con la figura de Nerón. Hay que insistir, insistir, es una lucha continua en la que el éxito no está asegurado.

Obviamente por lo que decís no vivís de lo que escribís…

No, no. Soy empleado bancario.

Más allá de eso, por lo que me estás diciendo las dos novelas que tenés tienen más de una edición. Tenés éxito con los lectores.

Con los lectores sí. He logrado gente que te reconoce. A veces me quedo sorprendido porque incluso gente de la comunidad negra me dice “Qué buena la novela de Andrade, era lo que se necesitaba para reconciliarnos” como fue un personaje complejo para la comunidad. Dicen:  “Qué interesante porque vos por primera vez planteas temas que son de la comunidad negra”. Porque más allá de que la novela de Andrade, si bien se trata el tema del racismo, en el fondo es un conflicto entre negros, un lío interno. Y nadie había tocado tan a fondo… Temas que son pesados, que se dan en la comunidad. El hecho de que Yambo Kenia lo haya musicalizado y que fue un impacto en carnaval, porque nunca se hizo en Carnval… Las comparsas desde siempre han hecho escenas separadas, que puede ser un tema genérico, pero son escenas que no necesariamente están hilvanadas entre sí, no hay un relato. Por primera vez una comparsa hizo un relato que empieza, se desarrolla y termina. Todo cantado…

Una obra de teatro…

Una obra de teatro cantada que generó también polémica. “Bueno pero eso no es la comparsa, eso es una obra de teatro cantada”. Generó toda una polémica pero ganaron. Por primera vez alguien hace una historia completa cantada. Nunca se había hecho. Como un guión…

¿Cómo fue lo de Yambo Kenia?

Los de Yambo Kenia no me consultaron a mí.

¿No?

Fue una cosa muy graciosa. ¿Tu conocés a Beatriz Santos Arrascaeta?

Si, claro.

Un día me dice “Che Jorge, te felicito, Yambo Kenia está ensayando tu obra musicalizada”. Y le digo “No sé de que me estás hablando. ¿Es una broma? Capaz que es otra, parecida.” Entonces fuimos un día al ensayo con Lauro Marauda. No sabían ni quien era yo. Y digo “Pero esta es mi obra, toda cantada”.

No te habían pedido los derechos, nada…

No. Me dicen “no sé, es un libro, no sé quién es el autor”. Soy yo, les digo. Pero igual yo no les cobré nada.

No te lo digo por cobrar pero si por pedirte permiso para usar la novela

No, porque cuando ví el ensayo yo dije “van a ganar”. Esto no lo hizo nunca nadie. Además una de las escenas que a mí me dejó impactado, y ahí se me abrió la cabeza, acá hay todo un mundo… es el capítulo 13. Ellos lo musicalizan. Que yo dije, cómo lo harán. Y lo lograron musicalizar. Ahí aprendí que todo texto literario es musicalizable. Podés hacerlo. Podés transformar la letra en música y eso me llevó a escribir nuevas cosas…

La segunda parte de la entrevista aquí.

La tercera parte de la entrevista aquí.

2 comentarios en “En el taller (entrevista a Jorge Chagas, I)

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