Hasta agotar stock (sobre Gabriel García Márquez)

 

la diaria me publicó esta reseña de la antología Yo no vengo a decir un discurso de Gabriel García Márquez (Montevideo: Sudamericana, 2010) el 1 de julio de 2011 (página 9). Se puede hacer una lectura comparada de este texto con la reseña que hice sobre un ensayo de Ignacio Padilla. Creo que de la comparación se desprende un tema en común: las formas de representar e imaginar América Latina y la puesta en circulación de esas imágenes entre el público hispanohablante, especialmente en el mercado editorial europeo.

 

garcía márquez

 

El libro es una antología con una muy vistosa encuadernación de tapa dura y a todo color que reúne veintidós discursos que Gabriel García Márquez pronunció en diferentes actos públicos durante el período que va de 1970 a 2007 (con excepción del breve discurso que abre el libro fechado en 1944). Su lanzamiento el año pasado se enmarcó en una estrategia de marketing que incluyó el anuncio de una nueva novela en la que García Márquez estaría trabajando hace años y la próxima publicación de una antología de su trabajo periodístico. De hecho quien organizó el libro e hizo las gestiones pertinentes ante investigadores y familiares para reunir los discursos fue Cristóbal Pera, director editorial de Random House Mondadori-México, quien ya había colaborado con García Márquez en 2002 en la elaboración de sus memorias tituladas Vivir para contarla.

 

A lo largo de más de un siglo los escritores latinoamericanos se posicionaron de muy diferentes formas frente al hecho de su mercantilización por parte de las industrias culturales. Por ejemplo, la obra de un puñado de escritores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, José Donoso, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar (entre otros) está indisociablemente relacionada a la creación de un público lector hispanohablante que protagonizaron algunas editoriales españolas entre 1950 y 1970, cuyo público potencial podía alcanzar los 200 millones de personas. Y el ejemplo de narradores como García Márquez no es inocente dado que aún hoy las casas editoriales españolas continúan explotando sus imágenes (creando además nuevos escritores latinoamericanos) para mantener cautivo a ese enorme y rentable mercado hispanohablante.

 

Lo que importa es lo de adentro

 

 

 

Para darle continuidad a esa marca que es el nombre “Gabriel García Márquez” se recurre a este tipo de publicaciones que, rindan o no rindan económicamente, resultan interesantes para comprender mejor la obra de cualquier escritor y conocer parte de sus intereses políticos, culturales y literarios. El más curioso (y tal vez de los más breves) es el que abre el libro y le da título. Fue pronunciado en 1944 frente a sus compañeros que egresaban del bachillerato en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá (Colombia). Este discurso que se presenta como fundante intenta subrayar la resistencia del escritor a hablar en público, aspecto que se repetirá en los textos al menos hasta los noventas. Lo separan veintiseis años del que le sigue en el libro -Cómo comencé a escribir- que corresponde ya al escritor reconocido, por lo que el discurso de 1944 es una pieza aislada de valor histórico y anecdótico. Además de la diversidad de eventos los textos muestran al personaje público interesado por temas de la política colombiana e internacional (su apoyo a Cuba principalmente), al periodista y al escritor. Los textos se pueden dividir en dos grandes grupos: los vinculados al campo literario y los vinculados a la realidad política y social de América Latina.

 

En el primer grupo se encuentran textos dedicados a otros escritores: uno a Julio Cortázar y otro a Álvaro Mutis. También textos referidos a su oficio de periodista: uno particularmente pronunciado en 1996 en el que postula su rechazo a las carreras universitarias de periodismo y su odio a la grabadora como instrumento que sustituye el pensamiento del periodista. Finalmente hay textos que refieren a su poética, a la forma en que construyó algunos de sus textos emblemáticos (100 años de soledad por ejemplo) y a sus manías al escribir. Estos últimos apuntan a la construcción mitológica de sí mismo y tienen interés para aquellos que quieran indagar en el proceso creativo de García Márquez. En el segundo grupo se encuentran textos variados sobre América Latina vinculados al narcotráfico, al exilio, las dictaduras, la legalización de las drogas o el desarme. Los más interesantes son aquellos en los que García Márquez hace referencia a los modos, propios y ajenos, de imaginar y pensar América Latina.

 

Inventar América Latina

 

Uno de los textos más interesantes de esta antología es “La soledad de América Latina”. Es el discurso del escritor al recibir el premio nobel en Estocolmo el 8 de diciembre de 1982 que demuestra el conocimiento de al menos dos discursos anteriores: el de Faulkner en 1950 y el de Neruda en 1971. Frente a un auditorio europeo García Márquez hizo referencia una realidad latinoamericana desenfrenada, distinta al Dorado que imaginaban los deseos e intereses metropolitanos, marcada por la violencia de la conquista, de las dictaduras, de las guerras civiles, del exilio: “Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas (…) Poetas y mendigos, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Éste es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

 

García Márquez se distancia de cierta idea folklórica que el realismo mágico pudo crear en la imaginación metropolitana y afirma que la mejor forma de solidaridad europea sería que “revisaran a fondo su manera de vernos”. Finalmente postula una utopía latinoamericana que, a pesar de las tragedias cotidianas, apuesta a la vida: “Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra.” Esta visión crítica y utópica sobre la realidad latinoamericana se mantiene en al menos dos discursos de García Márquez: “Palabras para un nuevo milenio” (La Habana, Cuba, 1985) y “América Latina existe” (Panamá, 1995). En este último García Márquez cerró un evento en el que participaron políticos como Luis Alberto Lacalle, Miguel de la Madrid Hurtado, Sergio Ramírez (escritor también) entre otros. En su discurso el escritor planteó que tal vez América Latina tenga un “destino edípico” que la lleve a estar “buscando para siempre su identidad” que implicaría un “sino creativo que nos haría distintos ante el mundo”. Y termina: “Maltrecha y dispersa, y todavía sin terminar, y siempre en busca de una ética de la vida, la América Latina existe. ¿La prueba? En estos dos días la hemos tenido: pensamos, luego existimos”.

 

En estos tres discursos (y en muchos otros de este libro) América Latina aparece como una abstracción, una utopía que se levanta por encima de los estados-nación. En tal sentido es posible observar en escritores más recientes (Fuguet, Villoro, Padilla, Volpi) una voluntad más realista y crítica que utópica respecto a América Latina, representando o bien a un tipo de intelectual muy distinto al escritor comprometido de los sesentas o bien a un compromiso político distinto. Esto puede comprobarse en El insomnio de Bolívar (2009) de Jorge Volpi en el que el autor señala las dificultades de integración de los países latinoamericanos (entre otros temas) algo más concreto que una identidad abstracta o La isla de las tribus perdidas. La incógnita del mar latinoamericano de Ignacio Padilla (2010) en el que el escritor compara al sujeto latinoamericano con un náufrago, ambos ganadores del premio a ensayo de Casa de América de España y reseñados por la diaria. Estos escritores supieron también insertarse en el mercado hispanohablante y con buenos resultados, al igual que sus colegas más viejos. Heredaron de ellos la participación en el espacio público y al parecer también la necesidad de inventarse su propia América Latina.

 

Yo no vengo a decir un discurso es la última novedad de García Márquez que espera en las vidrieras agotar los 6 mil ejemplares de su primera tirada y es también un interesante insumo para comprender su obra literaria y el marco político e ideológico en el que creó y crea.

 

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