Il n’y a pas de hors-texte, no hay (nada) afuera del texto

Onetti 1

Este post es el ensamble de tres reseñas sobre tres textos del escritor Juan Carlos Mondragón. Me pareció importante ponerlas bajo la frase de Derrida que postula que no hay nada fuera del texto, una forma un poco radical de plantear las relaciones entre el lenguaje y el contexto, la cuestión de la referencia y otros asuntos que no se tocan en este post. Las últimas novelas de Juan Carlos Mondragón tienen un aire de familia con estas cuestiones planteadas en la filosofía de Derrida y me pareció importante consignarlo en el título de este pastiche.

1. Espectros de Onetti (la diaria Nº 51. Montevideo, 01/06/06)

Sobre Night and day. Espectros de La vida breve. Montevideo: Caballo perdido, 2006.

Este texto es la crónica de un lector que persigue, como todo lector, los múltiples sentidos de La vida breve (1950) de Juan Carlos Onetti, una novela publicada por la editorial Sudamericana en Buenos Aires que está en el centro del proyecto narrativo de Onetti. Entre otras cosas porque comienza a dibujar esa ciudad imaginaria que es Santa María.

Los puristas de la literatura dirán que este texto de Mondrágon es un parásito, un texto que necesita de la obra original de otro para vivir o, en el mejor de los casos, dirán “es crítica literaria”. Habrá que contestarles con “Pierre Menard, autor del Quijote” de 1939, un cuento hipercitado de Borges que postula que no hay obras definitivas, que una obra es lo que sus lectores hacen de ella en un determinado momento histórico. Mondragón produce, desde de la lectura, un texto. Lo cual no parece ser nada menor cuando se habla tanto de públicos, mercados e industrias culturales que fabrican máquinas pasivas de consumir. Night and day no calca el gesto extremo de Pierre Menard sino que apuesta a una forma original –aquí en Uruguay– de hacer crítica desde otro lugar. Algo que, con una estrategia diferente, realizó el argentino Ricardo Piglia con El último lector (2005).

Pero no hay que engañarse. Mondragón no es un lector inocente, si es que existe la posibilidad de un lector así. Para empezar tiene una obra crítica que abarca diferentes registros y autores, una obra que comenzó aquí y continúa en Francia, donde reside desde 1989. Es ahí donde presentó su tesis sobre Juan Carlos Onetti para obtener su doctorado. Los lectores uruguayos tienen la posibilidad de conocer una muestra de su interpretación de Onetti en el primer tomo de la Historia de la literatura uruguaya contemporánea (1997) dirigida por Pablo Rocca y Hebert Raviolo.

Paralelamente Mondragón viene desarrollando una obra literaria reconocida tanto local como internacionalmente. Una obra marcada por el juego con diferentes registros lingüísticos así como códigos que pertenecen tanto a la “alta” cultura como a la cultura popular y la cultura de masas. Un tema que atraviesa su obra, y que importa para explicar Night and Day, es el borramiento de las fronteras entre ficción y reflexión teórica y crítica sobre la literatura, o más bien, por el juego entre ambos registros. Nigh and day se agrega entonces a una larga lista que incluye títulos como Mariposas bajo anestesia (1993) o El misterio Horacio Q. (2005). La experiencia acumulada en este campo le permite también hacer de Night and Day una búsqueda y una reflexión sobre las técnicas narrativas, el modo en que se cuenta una historia, la forma de organizar los personajes, el manejo del tiempo.

El resultado de esta doble inscripción de Mondragón es este texto que juega en el límite entre la literatura y la crítica. Parece que La vida breve, y la obra de Onetti, asedia como un espectro la literatura uruguaya. Mondragón decidió liquidar las cuentas con el fantasma que lo obsesiona desde hace ya mucho tiempo. Lo que es improbable es que el espectro de Onetti no siga atormentando a los demás.

2. El detective en el precipicio (la diaria Nº 500. Montevideo, 29/02/08)

Onetti 2

Sobre Hagan de cuenta que estoy muerto. Buenos Aires, Seix Barral, 2007. 394 páginas.

En 2006 Mondragón publicó Night and Day, un híbrido entre ficción y crítica sobre La vida breve de Juan Carlos Onetti. El autor sube la apuesta ahora escribiendo esta parodia sobre los mecanismos del mundo literario a través de cuatro personajes marginales cuyo líder es un poeta desconocido. La novela se plantea en parte como una reflexión sobre el propio acto de narrar y sobre el estatuto de la ficción, su relación con “lo real”. Por eso no suena extraño que Mondragón le dedique la novela a Juan José Saer, a quien conoció personalmente en París, y cuyos proyectos narrativos tienen muchos puntos de contacto.

En la primera parte “Brignogan-Plages” es justamente la frontera entre realidad y ficción la que aparece borrosa. Hay un escritor que se llama Juan Carlos… que decide convertir en novela una anécdota contada dos veces por otro personaje, Jorge Musto, que se parece mucho al verdadero Jorge Musto (1927) escritor uruguayo instalado también en París desde los setentas. Estas primera treinta páginas pueden no animar a la lectura. Pero las guiñadas al lector especializado no son muchas ni obvias ni reiterativas. Es decir, no se trata de una novela sólo para escritores y críticos.

En la segunda parte “Osvaldo Molinari & Asociados” la acción se abre con la muerte de “El Gordo” Osvaldo Molinari en Madrid el 1º de agosto de 1963. A partir de allí entran en acción el poeta líder, los personajes que lo rodean (los asociados del título) y el espacio social más importante del capítulo: el café Praga. Los asociados a Molinari son Uribe, Irusta y Camila. En esta segunda parte el narrador titubiante, que estaba construyendo su voz ficcional y que reflexionaba sobre como armar el relato en la primera parte, es un narrador en tercena persona que privilegia el punto de vista de Uribe. Tanto los personajes como el Café Praga, que bien podría ser el Sorocabana, arman un discurso paródico de la literatura uruguaya de mitad del siglo XX para acá y que se acentúa con referencias temporales, por ejemplo, a la revolución cubana.

En la tercera parte, el narrador del inicio centra su atención en el viaje de Uribe a la Madrid franquista para averiguar algo más sobre la muerte de Molinari. Allí Uribe se transforma en el detective de sus lecturas de Séptimo Circulo, colección porteña de literatura policial creada por Borges y Bioy Casares en la editorial Emecé. Después del viaje–investigación que Uribe hace, su vida se transformará radicalmente. Al menos eso puede esperarse. Pero el relato termina abruptamente. Así Mondragón parte de una frontera borrosa entre realidad y ficción en la primera parte, transita por la ficción en la segunda, y en la tercera parte, una vez terminado el viaje, obliga a tomar conciencia de un mundo de papel que termina al cerrar el libro, o antes, en el punto final.

3. Yo es un otro (la diaria Nº 624. Montevideo, 25/08/08)

Onetti 3

Sobre El viaje a Escritura. Montevideo, Ediciones del Caballo Perdido, 2008. 229 páginas.

Parece que la alternancia entre editoriales multinacionales y locales da resultado. Para Juan Carlos Mondragón por ejemplo implica la publicación de un libro por año. En 2006 fue Night and day. Espectros de La vida breve, también publicada en Caballo perdido, y en 2007 Hagan de cuenta que estoy muerto editada por Seix Barral del Grupo Planeta. Tal vez mantener ese promedio hizo que el libro tenga algunos errores de edición (pocos, pero considerables) como por ejemplo que el nombre del autor que no esté en la tapa. Aunque justamente ese error pueda considerarse un “error” voluntario. Porque el narrador de El viaje a Escritura es un yo que escribe un diario íntimo. Curiosamente, ese yo tiene muchos (diría muchísimos) puntos de contacto con el autor real de este libro. Por eso que su nombre no aparezca en la tapa refuerza cierto “efecto de verdad” sobre el lector, que puede creer que está frente al diario íntimo de un anónimo (algo que también el diseño del libro permite dado que no están los tradicionales datos del autor en la contratapa ni en las solapas y a su vez nunca sabemos el nombre del narrador). Pero lamento aguar la fiesta: el nombre de Mondragón está en el lomo del libro y en la portadilla.

Por eso es imposible despegar este texto de la última producción del escritor y sus intentos por construir una literatura liminar, es decir, que mezcla géneros literarios y discursivos, que arriesga a trabajar en el límite entre la ficción y la referencia al mundo real. Si El viaje a Escritura se publicara en Francia o Estados Unidos tal vez se hablaría de un coqueteo con la “autoficción o autonarración” o la “novela autobiográfica” (respectivamente). Y lo cierto es que gracias a su cercanía con estos debates, sobre todo en Francia donde el autor reside desde 1989, es posible leer así esta novela. Porque la obra de Mondragón transita por otra frontera que es la de las literaturas y los Estados-nación: pertenece tanto a la literatura uruguaya como a la francesa. Algo similar le ocurre al narrador de El viaje a Escritura que nació en Montevideo en 1952 (Mondragón nació en 1951) pero desde 1970 se instala en Galicia dado que sus padres regresan a España por distintas razones que incluyen el peligro inminente de la dictadura y la crisis económica que afecta sus negocios en Montevideo.

No vale la pena hacer ahora un análisis exhaustivo de las muchas posibles “coincidencias” entre ciertos aspectos biográficos de Mondragón y el narrador. Y tampoco sobre las diferencias. Entre otras cosas porque le quitaría parte de la gracia al texto, que propone al lector un juego entre autor real y el yo narrador de este diario íntimo. Sí vale la pena decir algunas cosas que tienen que ver con el artefacto literario, con la ficción que propone. En resumen la trama es esta: un médico cuarentón, con el esquema familiar estereotípico (esposa+tres hijos+mascota), veranea en un pueblo de pescadores luego de viajar al Montevideo de la posdictadura para recuperar parte de su pasado. Regresa con un objeto mágico, una caja de zapatos Gallarate, que le entregó Luisa, la madre de su amigo Gustavo muerto durante la dictadura uruguaya. Luisa sospecha que la muerte de su hijo no fue un accidente. Sin embargo la caja produce un efecto raro en el narrador que se obsesiona con escribir un texto que le permita entender los papeles y documentos que Luisa guardó en la caja. La novela es una bitacora del viaje a la escritura (al que hace referencia el título) de ese texto que el narrador inicia en sus vacaciones y que el lector nunca conocerá.

Este resumen es burdo porque entre otras cosas establece un cierto orden de los hechos que la novela no tiene. Porque el artefacto consiste entre otras cosas en simular la escritura de un diario íntimo, el discurrir de un pensamiento que salta del presente al pasado, que en algunas ocasiones reflexiona sobre el escribir y el recordar (aviso, sin aburrir). En El viaje a escritura Mondragón otra vez desafía las clasificaciones de los géneros literarios, o más bien confirma que la novela, como género, puede habitar en un cruce de discursos muy productivo, cuyos buenos resultados están a la vista.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s