Complicaciones al sur del Río Ohio / Federico Giordano

Este verano estuve publicando algunos posts viejos de este blog en las redes sociales. Uno de ellos, publicado en junio de 2012, tenía que ver con un artículo de Stephen Marche publicado en el New York Times, que hacía referencia a un debate norteamericano sobre la eliminación de palabras ofensivas en clásicos de la literatura infantil de ese país. Entre los libros mencionados estaba Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain.

En junio de 2012 había traducido dos párrafos del artículo y recomendaba su lectura. Pues bien, en estos días Federico Giordano leyó el post (y el artículo) y me comentó que había escrito un texto sobre el racismo en el libro de Twain. Se lo pedí y aquí lo tienen. Le agradezco a Federico Giordano el texto y su disposición. Espero que disfruten la lectura del artículo.

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Complicaciones al sur del Río Ohio 

(Sobre Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain)

Federico Giordano

Publicada en 1885 y situada alrededor del segundo cuarto del siglo XIX, Las Aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain es una novela atravesada por dos de los problemas característicos –e inneglablemente ligados entre sí– del sur de los Estados Unidos: el racismo y la esclavitud. La novela narra el viaje por el Mississipi de Huck y Jim: el primero un niño pobre huyendo de Miss Watson –quien lo intentara “sivilizar”– y de su padre alcohólico y violento; el segundo un negro esclavo, fugado para no ser vendido en Nueva Orleans, lugar que tenía fama de ser terrible para los esclavos.

Durante su escritura Twain debió generar una serie de mecanismos –el primero de los cuales es ese “narrador en lengua vernácula” que es Huck (de acuerdo a Nash Smith)– que le dan una gran complejidad a su composición y estructura. Este “habla vernácula” se evidencia a través de una escritura que se desentiende de la corrección gramatical y ortográfica para reflejar –simular– las distintas formas de hablar de la época, que no necesariamente se atenían a estas reglas. Este rasgo especial de la novela se pierde en la traducciones por lo cual es preciso incluir el original adjuntándose la traducción (la cúal se hace necesaria, ya que el original llega incluso a dificultar a los propios hablantes nativos).

Dentro de esa complejidad el final es un punto particularmente discutido, usualmente considerado un desenlace forzado por la crítica. Es justamente ese final el que propongo analizar en este artículo rescatando su relación con esos dos problemas centrales: racismo y esclavitud, pensados no ya en el momento de lo contado, sino en el tiempo del autor.

[…] [I] wanted to know how far it was to Cairo. Jim thought it was a good idea, so we took a smoke on it and waited.

There warn’t nothing to do now but to look out sharp for the town, and not pass it without seeing it. He said he’d be mighty sure to see it, because he’d be a free man the minute he seen it, but if he missed it he’d be in a slave country again and no more show for freedom.” (Twain 117-118)

[…] [yo] quería saber cuanto distaba de allí Cairo. A Jim le pareció buena la idea; nos pusimos, pues, a fumar, dispuestos a realizarla, y esperamos.

No podíamos hacer otra cosa que acechar con gran atención para descubrir el poblado, a fin de que no cruzásemos por delante de él sin verlo. Jim me dijo que él había estado muy seguro de que lo vería, porque en aquel instante mismo sería hombre libre; pero que si pasaba por delante sin verlo, se encontraría otra vez en una región donde reinaba la esclavitud, y no tendría ya más probabilidades de libertad. (Twain b 74).

Si uno sigue el curso de la narración se puede apreciar cuán ciertas y proféticas resultan estás palabras de Jim. No mucho tiempo después Jim volverá a su estatus de esclavo, primero de palabra, a través de la historia que inventa Huck para justificarse frente al Duque y el Rey, diciendo que su esclavo Jim es lo último que le queda después de perder a toda su familia. La concecuencia fundamental es que Jim, obligado por la historia de Huck, debe retomar el rol del esclavo y ya no puede ser el “hombre libre” de hasta ese momento.

En realidad se puede afirmar que Jim deja de ser “esclavo” y se convierte en algo más –aún en esa posiblemente irónica igualdad de “niño-hombre” y niño–, revistiéndose de cierta dignidad, durante su convivencia a solas con Huck. Los argumentos para afirmar esto son discutidos por Daniel Hoffman (1963) y la misma idea del cambio de Jim de nuevo en esclavo es de él.

Más adelante el Duque inventa una manera de poder llevar a Jim “a salvo”: falsificar un cartel de búsqueda con su nombre identificándolo como un esclavo fugado. De esa forma Jim se convierte “en el papel” en un esclavo de nuevo. Jim no era aún libre pero su cautiverio cada vez se dilataba más –los planes de trabajo que realiza para comprar a su familia (o robarla, si no pudiera ser comprada) son prueba fehaciente de esto–. Ahora en cambio su cautiverio viajará con él y estará presente todo el tiempo.

De esta manera todo parece indicar que Jim al entrar al Sur solo puede ser un esclavo. Y así es vendido al tío Silas por el Duque y el Rey. El boletín de búsqueda, que era falso, se convierte en verdadero y sirve para apresar a Jim. Lo interesante es que el engaño es perpetrado por los dos estafadores con la convicción de que Jim en realidad pertenece a Huck, y sin sospechar que Jim es en realidad un negro fugado. Uno como lector encuentra una paradoja en que un engaño termina llevando a una verdad (Jim sí es un esclavo fugado), pero de la cual casi nadie dentro de la historia puede percatarse.

 Algunos críticos (Nash Smith, 1963 y Jehlen, 1995) hablan de un momento en la narración en que Mark Twain no sabía hacia donde ir (luego de este episodio en que Jim retomara irremediablemente su condición de esclavo) y el momento en que encontró el camino, y la solución, en el capítulo XXXII:

But if they was joyful, it warn’t nothing to what I was; for it was like being born again, I was so glad to find out who I was. (298)

Pero si su alegría era grande, ésta era pequeña comparada con la mía; era como si yo hubiese nacido de nuevo. ¡Tan grande era mi gozo por haber descubierto quién era yo! (Twain b 170)

El narrador (“I”) no era otro sino Tom Sawyer (una especie de: “Yo, quien narro –hasta ahora Huck–, soy Tom”). Este descubrimiento implica un cambio radical, tanto en el tono –que luego de periodos bastante trágicos y de duda retorna a episodios fuertemente cargados de humor (Nash Smith)– como en la propia dinámica de los personajes. Huck quien hasta ahora había llevado las riendas se las cede a Tom y se convierte en su ayudante (como al comienzo de la novela y en Las Aventuras de Tom Sawyer). ¿Quién es Tom entonces? Tom se construye por tres vertientes que tienen su importancia para el desenlace.

Primero, Tom es un “romántico”. Enamorado de los libros de aventuras, de piratas, El Quijote, entre otros, cree –hasta qué punto es difícil establecerlo– en las cosas que estos cuentan y las aplica a la vida (¿Como el propio Don Quijote?). Tiene un cierto gusto por las cosas que desafían el orden establecido y una admiración por aquellos que han logrado salir de situaciones –ficticias o no– como héroes.

Tom es, además, un niño. Es travieso, y algunas veces no asume por completo las consecuencias de sus actos y toma muchas cosas como un juego. Esto a su vez alimentado por su fascinación por los libros y las aventuras. También como niño puede hacer uso de la inocencia que muchas veces se le atribuye a estos, pero a la cual no siempre parece corresponder. Para Tom todos son un juguete, adultos y niños por igual, sin distinciones. Si se duda uno no tiene más que mirar el episodio de pintar la cerca en Tom Sawyer, en donde manipula a los niños a su antojo; y en Huckleberry Finn donde los manipulados –y casi vueltos locos en el proceso– son la tía de Tom –Sally–, su tío –Silas– y el negro que se ocupa de Jim –Nat–. Esto ayuda a atenuar la lectura de racismo que pone a Jim, por ser negro, como la victima de las maquinaciones fantasiosas de Tom, y deja ver que todos, casi por igual, son sus victimas.

Por último Tom es alguien que proviene de una buena familia. Educado y cuidado por una tía que lo quiere, tiene además un cierto estatus. No es, ni por mucho, el paria que Huck viene a representar. El discurso de Tom está revestido de la legitimidad que le da su origen y esto tendrá gran importancia en lo que luego dirá Tom a la hora de confesar la verdad sobre Jim. La propia perplejidad de Huck cuando Tom se compromete a ayudar a Jim a fugarse es un buen ejemplo de ese lado de Tom:

Well, I let go all holts then, like I was shot. It was the most astonishing speech I ever heard — and I’m bound to say Tom Sawyer fell considerable in my estimation. Only I couldn’t believe it. Tom Sawyer a nigger-stealer! (300-301)

¡Entonces sí que me quedé completamente atontado, como si me hubiesen pegado un tiro! Eran la palabras más asombrosas que yo había oído jamás…, y no tengo más remedio que decir que Tom Sawyer perdió muchísimo en mi aprecio. No quería creerlo. ¡Tom Sawyer, ladrón de negros! (Twain b 171)

La duda planteada por Huck se confirmará más tarde como correcta: Tom no había aceptado robar a un “nigger”. Había aceptado liberar a un hombre que ya era libre. Sin embargo surge la pregunta, ¿por qué liberar a un hombre que ya es libre? Hay que considerar que Tom da dos respuestas en el texto. Una directa, ante la pregunta ¿por qué esa fuga?: “Why, I wanted the adventure of it” (383) (“Lo que yo buscaba era la parte de aventura que había en la empresa (Twain b 216”)); y otra indirecta ante los constantes reparos de Huck, “what kind of a show would that give him [Jim] to be a hero?” (324) (“¿Qué oportunidad piensas tú darle a él [Jim] para que se conduzca como un héroe?” (Twain b 184) –una traducción alternativa sería “¿Qué oportunidad le daría eso a él de ser un héroe?”–.

No hay honor en liberarse sin actos heroicos, y sin la aventura que esto implica. No hay sentido en escapar sin gloria desde la visión fantasiosa de Tom. Jim solo puede ser libre por su propio esfuerzo de acuerdo a como lo ve Tom. Él mismo y Huck son ayudantes pero es Jim quien debe “ganarse su libertad” haciendo todos los “trabajos de preso” que Tom le indica. La fuga se prepara pero fracasa, por la misma nobleza de Jim quien no abandona a Tom y termina siendo recapturado. Esta es una de las muchas figuras estereotipadas del “negro noble” en la novela.

Ante este fracaso Tom no tiene más remedio que decir la verdad:

Tom rose up square into bed, with his eye hot, and his nostrils opening and shutting like gills, and sings out to me:

‘They hain’t no right to shut him up! Shove! — and don’t you lose a minute. Turn him loose! he ain’t no slave; he’s as free as any cretur that walks this earth!’

‘What does the child mean?’

‘I mean every word I say, Aunt Sally, and if somebody don’t go, I’ll go. I’ve knowed him all his life, and so has Tom, there. Old Miss Watson died two months ago, and she was ashamed she ever was going to sell him down the river, and said so; and she set him free in her will.’  (303)

Tom se sentó muy erguido en la cama; echaba chispas por los ojos, las aletas de la nariz se le abrían y cerraban lo mismo que las agallas de un pez, y gritó:

¡No tiene derecho a encarcelarlo! ¡Corre! ¡No pierdas un solo instante! ¡Ponlo en libertad! Jim no es esclavo, sino que es tan libre como la persona más libre que se pasea por la tierra.

Pero ¿que está diciendo este muchacho?

Digo que es verdad todo lo que afirmo, tía Sally, y si no va ahora mismo alguien a ponerlo en libertad iré yo. Conozco a Jim desde que nací y también Tom, aquí presente, lo conoce. La anciana señorita Watson falleció hace dos meses, y se sintió avergonzada de haber tenido el propósito de venderlo río abajo, declarándolo así expresamente y dándole la libertad en su testamento. (Twain b 216).

Esta descripción no suena a la de una confesión sino a una declaración de principios. “Jim es un hombre libre”, dice Tom. (Recuérdese que Tom en ese momento estaba haciéndose pasar por su hermano Sid, de ahí la apelación a “Tom”– a su vez Huck, haciéndose pasar por Tom–). Extrañamente, tal vez, para una lectura desde hoy, Tom no se pronuncia en contra de la esclavitud. En cambio se pronuncia en contra de mantener a un “hombre libre” en cautiverio, por ende en favor de la igualdad. Tom, el Tom romántico, no ve el color de Jim, sino sólo que es un hombre libre. La unidad nigger-slave, la cual rigió toda la novela y además la vida pública de una parte de Estados Unidos por mucho tiempo, se rompe al final de la novela. Puede existir el free-nigger, y más aún puede existir tan solo como free-man. Esto, leído en 1885, toma un nuevo significado: la esclavitud ha sido abolida por tanto todos son hombres libres. Cualquier discriminación de libertades es totalmente –de acuerdo a la ley– injustificada. Una vez más un ataque a esa unidad de raza y esclavitud. “Nigger” ya no será –no debe ser– sinónimo de “esclavo”.

Mark Twain, al escribir su novela, se encuentra en la misma encrucijada que Tom: la fuga de Jim ha fracasado. El sur lo ha vuelto a convertir en esclavo y lo ha puesto en prisión. Pero en 1885 algo –ya sea la convicción anti-esclavista del autor, las convenciones sociales o simplemente el tono cómico de la obra que se vería ensombrecido con un final en el que Jim no fuera libre– dice que Jim debe ser libre. Y es ante la imposibilidad de Jim de ganar su libertad fugándose que el autor debe otorgársela, al igual que hace Tom en el relato. Tom y Mark llegan a la misma conclusión: la fuga de Jim falló, es hora de afrontar ese hecho y dar sin más tramite a Jim lo que ya era de él, su libertad. Hacia el segundo cuarto del siglo XIX esto puede parecer inusual y hasta anacrónico.

En 1885, en cambio, habla de la situación del momento y de la realidad de de la población negra en Estados Unidos, y en el Sur en particular, que supuestamente ya eran libres pero no lo eran en realidad. La esclavitud había sido abolida, pero no parecía haber llegado el mensaje a todos de que eran iguales. No había nadie que escuchara a un Tom que dijera: “Turn him loose! he ain’t no slave; he’s as free as any cretur that walks this earth!” (“¡Ponlo en libertad! Jim no es esclavo, sino que es tan libre como la persona más libre que se pasea por la tierra.”). Las reclamaciones que duran hasta hoy dan la razón a esa exclamación y señalan que su motivo no era en vano: la discriminación también es una forma de mantener prisionero, esclavizado a alguien.

Afirmar que este era el empeño de Mark Twain en el momento de escribir su obra puede ser demasiado arriesgado, sin embargo parece una posibilidad de lectura que está presente en la obra, rescatándola más allá de los estereotipos del “buen negro” o el “dumb-nigger” o el “boy” –que innegablemente están presentes– y agregando a la crítica de la sociedad sureña presente a lo largo de la obra. Incluso Fishkin, en su Was Huck Black?, implica esta visión al afirmar:

‘Race’ for Mark Twain, far from being ‘the ultimate trope of difference’, was often simply irrelevant. The problem of racism, on the other hand, was for Twain, and continues to be for us, undeniably real.

‘Raza’ para Mark Twain, lejos de ser ‘el tropo final de la diferencia’, era con frecuencia simplemente irrelevante. El problema del racismo, por otro lado, era para Twain, y sigue siéndolo para nosotros, innegablemente real.

Obras citadas

Twain, Mark. Huckleberry Finn. New York, Harper and Brothers, 1912 [1884]. Disponible aquí.

___. Las aventuras de Huckleberry Finn en Obras completas de Mark Twain. Vol II. Madrid, Aguilar, 1962.

Fishkin, Shelley Fisher. Was Huck Black? Mark Twain and African-American Voices (s/d [fragmentos] en “Slavery and race in 19th–century America”. 19-th–century American Literature. London University. S/d.

Hoffman, Daniel. “From ‘Black Magic – and White – in Huckelberry Finn‘ “ en Mark Twain. A Collection of Critical Essays. Henry Nash Smith (ed.). EE.UU., Prentice Hall, 1963.

Jehlen, Myra. “Banned in Concord: Adventures of Huckelberry Finn and Classic Literature” en The Cambridge Companion to Mark Twain. Reino Unido, Cambridge University Press, [1995].

Nash Smith, Henry. A Sound Heart and a Deformed Conscience en Mark Twain. A Collection of Critical Essays. Henry Nash Smith (ed.). EE.UU., Prentice Hall, 1963.

2 comentarios en “Complicaciones al sur del Río Ohio / Federico Giordano

  1. Hola, Alejandro. Me interes mucho el artculo, en parte porque esa novela de Twain, tiene tantas puntas que nunca se terminan de atar. Y debo reconocer, hay cosas de la novela que no me gustan, que me chirran, pero siempre vuelvo y la disfruto –y hago como si lo que no me gusta no existe.

    Tambin fui a lo que habas escrito antes y a tu traduccin de partes del artculo.

    En el artculo original dice: But explaining how those horrors play out in everyday life, through a thousand subtle means, often unexpected, like children’s books, seems nearly impossible.

    “Pero explicar como esos horrores dejan de influir en la vida cotidiana, a travs de centenares de maneras sutiles, como los libros para nios, parece casi imposible.”

    Ese “dejan de influir” me llam la atencin, porque no me cuadraba del todo. Efectivamente, “play out” (verbo intransitivo aqu) significa “cmo se dan las cosas”, “cmo resultan” y no, “dejan de influir” que casi parece ser lo opuesto.

    Te aviso, por si quers corregirlo.

    Felices vacaciones bajo agua.

    Marcela

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    • Marcela, muchísimas gracias por la corrección porque como decía en aquel post de 2012, la traducción era medio rudimentaria. La verdad es que se me escapó el error, que por otro lado cambia mucho el sentido del artículo original. Ya estoy yendo a corregirlo. Saludos, Alejandro.

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