Una escritura sitiada: Susana Soca

 

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Una escritura sitiada

La trayectoria de Susana Soca está marcada por el viaje, no sólo porque murió trágicamente en un accidente de avión con poco más de 50 años, sino porque se movió entre dos naciones: Francia y Uruguay. La poesía fue su refugio, la casa que le permitía conectarse con su lengua materna en el extranjero. Creó una revista que concibió como un puente con el resto del mundo y como contribución a la modernización cultural del país.

Fue la hija única de una importante familia montevideana, los Soca-Blanco Acevedo. José Batlle y Ordóñez y Eduardo Acevedo Vasquez fueron los padrinos del matrimonio de sus padres. Manejaba nueve idiomas, entre ellos el ruso. No se casó, ni tuvo hijos. No fue “la mujer de” ninguno de los escritores uruguayos o extranjeros que conoció. A su vez, pertenece a la historia cultural de Francia y de Uruguay en igual medida. Todos estos aspectos de su biografía conspiran tal vez para que no se preste demasiada atención a su obra.

En 1937 Susana Soca fundó en París la revista La Licorne junto a Paul Éluard durante la resistencia a la ocupación nazi en París. Algunos sostienen que sacó de Rusia el manuscrito de la novela El doctor Jivago de Boris Pasternak para el editor que luego la publicaría en Italia. Picasso le hizo un retrato, Henri Cartier Bresson le sacó una foto al lado del retrato, Borges le dedicó un poema de El hacedor (1960) y Onetti la novela Juntacadáveres (1965).

La fantasía machista se encargó de hacer correr diferentes “rumores” de relaciones amorosas con tal o cual escritor. Resulta más interesante considerar su actividad como directora de la revista que fundó en París y que luego trajo a Montevideo y rebautizó Entregas de la Licorne (publicada entre 1952 y 1959). Pero sobre todo considerar sus dos poemarios póstumos: En un país de la memoria (1959) y Noche cerrada (1962).

 

En el exilio la única casa es la escritura”

 

Esta frase de Theodor Adorno (Minima moralia, 1951) le cabe perfectamente a la poética de Susana Soca. La escritura poética fue su refugio hispánico en París, ciudad sitiada por los nazis.

Tal vez la metáfora que defina mejor el lugar de su voz poética es precisamente el de esa ciudad sitiada. En su prólogo a En un país de la memoria, el único libro ideado por la poetisa (Noche cerrada es una publicación póstuma que reúne material inédito), establece este momento como fundante, el momento en el que despierta su necesidad de escribir y publicar su poesía.

Soca estaba doblemente sitiada, por el alemán y por el francés que sus amigos de la resistencia hablaban. La poesía era entonces un refugio donde conectaba con “el país de la memoria”, con su infancia y juventud en Montevideo.

Pero tal vez el pasado fuera una tercera forma del sitio, que la ataba como sugiere en el prólogo a “un país familiar y perdido, recordado y no presente, un país en el que ya no vivo”.

El final del poema “En un país de la memoria” indica la ruptura con ese país imaginado:

 

“No sirven las palabras que en otra vida acaban.En el amanecer de una tercera vida,/ las cosas se retiran de sus nombres,/ desencontradas van por tranquilos lugares/ apenas lisos y resbaladizos. (…) He de salir de la antigua memoria/ extranjera a los climas que no fueron sus climas,/ sin tiempo para los nuevos recuerdos./ Un canto llega a mi boca,/ como si nunca hubiese sido mío,/ escucho sin hablar y alguna vez lo sigo.”

 

Situada en ese desajuste entre el presente y el pasado, la nueva voz es la de un otro, la de una tercera vida que la espera fuera del territorio de la memoria.

Apenas dos poemas de su “tercera vida” se publican como Epílogo del libro: “Laberinto” y “Vino para los ojos” el último poema inconcluso que Soca dedicó a Boris Pasternak.

 

Un cuarto sitio: el silencio

 

Susana Soca desarrolló su actividad durante los años cuarentas y cincuentas. Sin embargo la generación del 45 o generación crítica la desestimó. El silencio de la mayoría de sus pares tanto en los sesenta como hoy es una cuarta forma del sitio a la que fue sometida luego de su muerte.

Parece que la escritura de Soca no tiene cabida en el reino poético femenino que montó esta generación y que ocupan todavía hoy Idea Vilariño, Ida Vitale y Amanda Berenguer.

En 1968 el proyecto crítico y estético del 45 dominaba el campo literario. Ese año se publica la colección por entregas de Capítulo Oriental que intentaba establecer “un panorama completo (…) de las obras más representativas de la producción nacional.” En el fascículo 32 elaborado por el poeta Enrique Fierro, así como en la breve antología que lo acompañaba, Susana Soca no aparece.

Tal vez su poesía no concordaba, por ejemplo, con el coloquialismo de un Mario Benedetti. Tal vez en el contexto del nacionalismo de los sesenta no cabía una poetisa y crítica que desde su revista promovía homenajes a Paul Éluard, Jules Supervielle (uruguayo y francés al mismo tiempo como Soca) o Boris Pasternak. O quizá fue su pertenencia a una familia de la clase dominante.

Algunos críticos contemporáneos como Amir Hamed en Orientales. Uruguay a través de su poesía (1996), en otro contexto y con otros intereses, han recuperado su poesía y su intervención en el campo literario uruguayo. Otros, como Silvia Lago, Washington Benavídes y Rafael Courtoisie en su Antología plural de la poesía uruguaya del siglo XX (1995), siguen reproduciendo este silencio viejo alrededor de Susana Soca.

Susana Soca no es el nombre de lo “cosmopolita” o lo “foráneo” en la literatura uruguaya, utilizando los términos de la vieja crítica literaria que postula la oposición entre lo local y lo global. Es el nombre de un diálogo necesario con el mundo, no exento de aspectos como la dominación y el conflicto. Un diálogo que hoy resulta imprescindible para las diferentes tribus de la cultura “nacional” demasiado interesadas en sus ombligos.

 

Este texto fue publicado  con algunas diferencias, en la diaria con el título: “Una escritura sitiada. El 19 de junio se cumplirán 100 años del nacimiento de la poetisa Susana Soca.” (la diaria Nº 62. Montevideo, 16/06/06: 5).

2 comentarios en “Una escritura sitiada: Susana Soca

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