Eduardo Galeano: inventor de América Latina

No fue el único, ni el primero, pero fue uno de los inventores de América Latina como horizonte político deseable y factible. El día viernes 29 de mayo de 2015 se inauguró la III Feria del Libro de la ciudad de Canelones y las coordinadoras departamentales de Centros MEC me ofrecieron decir algunas palabras sobre Eduardo Galeano que resumo en este post.

Eduardo_Galeano haters

Galeano debe ser uno de los escritores uruguayos más conocido en el mundo entero. Su obra es muy vasta, con más de 40 títulos publicados entre 1963 y 2015. Sus temas son múltiples (política, economía, cultura, sociedad, historia) y los trata con un estilo que cruza la frase directa al punto del periodismo con una gran cantidad de recursos narrativos y poéticos que lo distinguen. Sería imposible abarcar todos estos aspectos de su obra hoy en 15 minutos.

Por eso he decidido recortar y hablar de dos de sus obras más importantes, me refiero a: Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memorias del fuego (1982-1986). Ese período de la obra de Galeano es el más importante, el que construyó fundamentalmente en el exilio y el que lo convirtió en el escritor masivo de las décadas siguientes.

En 1980 publica un texto titulado “Diez errores o mentiras frecuentes sobre literatura y cultura en América Latina” en el que ataca una concepción burguesa de la literatura, que la compartimenta en géneros (poesía, novela, ensayo) y la contrapone a una definición amplia de literatura que abarca cualquier expresión escrita. Con una concepción burguesa, argumenta, “muchas de las realizaciones literarias de mayor eficacia y más alta belleza en América Latina” no serían consideradas literatura. A partir de esta reflexión traza una genalogía de escritores que lo preceden y que, se entiende, aparecen como sus antecedentes directos: José Martí (destaca sus crónicas) y Rodolfo Walsh (menciona sus reportajes y la carta a la Junta Militar). Luego Galeano citará a otros escritores y artistas de América Latina como Chico Buarque, Bartolomé Hidalgo, Mario Benedetti, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Salvador Garmendia, Julio Cortázar. Pero sus dos primeras referencias (Martí y Walsh), ambas vinculadas a obras construidas en medios periodísticos, parecen ser las posturas estético-políticas que más coinciden con su mirada sobre el oficio.

Cómo llegar al pueblo

En un texto de 1976 Galeano escribía que los centros de poder exportaban máquinas y patentes, y también ideología, a través de una “cultura de masas” para que las mayorías consumieran fantasías, impedidas como estaban de acceder a los bienes materiales. Decía Galeano: “No hace falta saber leer para consumir las apelaciones simbólicas que la televisión, la radio y el cine difunden para justificar la organización desigual del mundo” (1988: 270-271). Supo también suavizar este juicio en 1980 cuando afirma que los escritores latinoamericanos, en un sistema social excluyente, “estamos obligados a utilizar todos los medios de expresión posibles (…) con imaginación y astucia [para abrir] fisuras en los muros de la ciudadela que nos condena a la incomunicación y nos hace difícil o imposible el acceso a las multitudes” (1988: 323).

En tal sentido destaca a Alejo Carpentier escribiendo dramatizaciones radiales en Cuba, a Salvador Garmendia haciendo guiones para telenovelas en Venezuela o a Julio Cortázar escribiendo una novela-historieta para vender en los quioscos. Galeano es consciente de que la cultura de masas que importamos de las metrópolis es nociva pero al mismo tiempo percibe las enormes posibilidades que los medios de comunicación ofrecen a los escritores para conectarse con el pueblo. De ahí su utilización de los medios de comunicación y el uso político de su imagen como persona pública que estos ayudaron a construir. Pero lo importante en la conexión con el pueblo, esa es la preocupación central para la construcción de su literatura en esta etapa.

Otro aspecto a destacar, vinculado a este, es la distancia que toma de las poéticas disponibles en su contexto. Galeano rechaza la teoría del arte por el arte, aquella que encierra a los artistas en su torre de marfil, al mismo tiempo que el realismo socialista, aquel que busca adiestrar al proletariado a través de novelas que expresaban la dogmática soviética. Ambas hipótesis son descartadas por el mismo motivo: “Unos y otros están de acuerdo: operan desde las cumbres y desprecian lo que ignoran”. Otra vez Galeano habla del pueblo y de una pieza clave en su concepción que es la preocupación por romper las barreras que alejan al escritor del pueblo. En el momento en el que escribe este texto está pensando en romper las barreras que impiden al escritor acercarse al pueblo.

Es ese interés lo que lo movió a escribir Las venas abiertas de América Latina un libro en el que mezcla deliberadamente distintos registros discursivos (la crónica, el testimonio, el ensayo) para narrar una historia de la dependencia de América Latina desde su descubrimiento hasta el presente. El libro se popularizó inmediatamente porque la revolución cubana lo bendijo con una mención honorífica del Premio Casa de las Américas en 1971. Además de la prohibición que le regalaron las dictaduras, primero de Chile y Argentina y luego de Uruguay. Galeano decía en 1978 que había escrito el libro para “conversar con la gente” y lo describe así: “un autor no especializado se dirigía a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente” (114).

Con este libro Galeano comienza a tomar distancia de una concepción tradicional de la literatura (escribía novelas, cuentos y ensayos periodísticos) e impulsa una hibridez discursiva que caracterizará sus obras más importantes después de 1971. La otra idea que cobra fuerza en este libro es la de hacer una contrahistoria, pieza fundamental en la poética de Galeano que proviene de sus trabajos sobre algunos países de América Latina. .

En 1983 escribe un texto sobre sí mismo, “Apuntes para un auto-retrato”, en el que dice que la historia de América Latina es su obsesión. Reconoce que fue un pésimo estudiante de historia, que descubrió que el pasado no estaba quieto ni mudo a través de las novelas de Alejo Carpentier, con los poemas de Pablo Neruda, escuchando cuentos en el café y preguntando. Y remataba con esta frase: “No soy historiador. Soy un escritor con la obsesión de la memoria, la de América latina, tierra entrañable, condenada a la amnesia” (1988: 380).

Se han dicho muchas cosas sobre el arrepentimiento de Galeano por haber escrito este libro. En 1983 él mismo afirmaba que redujo la historia a una sola dimensión. Recordarán que Chávez le entregó un ejemplar de Las venas… al presidente Obama en 2009. El año pasado Galeano dijo “esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima” y agregó que, aunque no se arrepentía de haberlo escrito, era una etapa superada. Agregó que cuando lo escribió no tenía conocimientos de economía ni política cuando lo escribió. No quiero interpretarlo, o sobre interpretarlo, pero creo que Galeano se daba cuenta de que su contra-historia se podía volver oficial para muchos gobiernos progresistas o de izquierda. Tal vez no quisiera que su obra se volviera dogma, tal vez quiso prevenirnos sobre las limitaciones del fanatismo militante. Les recomiendo un cuento de un escritor de este departamento, Martín Bentancor, que se titula “Hola, soy Eduardo Galeano” que está publicado en su blog “Asunto literario”, aunque el texto es de 2001. Se publicó una entrevista en la diaria de hoy en la que él dice que escribió ese cuento precisamente como una forma de reírse del “fanatismo militante”. Nada de esto le quita ningún valor a los planteos de Las venas… simplemente deja planteada una advertencia sobre el peligro de leer este texto como si fuera un libro sagrado, una biblia para la izquierda, es decir, un sin sentido. (Se publicaron dos columnas muy importantes para comprender la importancia de este libro a raíz de la muerte de Galeano (este link es el artículo de Gabriel Lagos al día siguiente de su muerte): uno de Gustavo Verdesio y otro de Gabriel Delacoste)

Pero volvamos a 1983 porque sus notas para un auto-retrato, en la misma sección en la que dice que Las venas parten de una concepción de la historia en una sola dimensión, Galeano hará referencia a su nuevo proyecto, las Memorias del fuego (1983-1986):

Y si al decir historia digo realidad, memoria viva de la realidad, digo vida viva, vida que canta con voces múltiples; y en América, tierra donde se mezclan todas las culturas y todas las edades humanas, esa diversidad de voces parece infinita. No sé si mi boca será digna de ellas; y en cambio sí sé que ninguna obra literaria podría abarcarlas. Pero resuenan tan intensamente que son una tentación irresistible (1988: 381).

Memorias del fuego se desprende entonces de Las venas abiertas de América Latina pero incorpora dos elementos centrales: una diversidad de voces que contrasta con la historia en una dimensión y la imposibilidad de que la voz de un solo autor pueda representar esa diversidad en una obra literaria. Al mismo tiempo la confesión de que es una tentación irresistible intentarlo.

Inventar América Latina

He ahí tal vez uno de los contenidos políticos más claros de la obra de Eduardo Galeano, el saber que América Latina como tal es una construcción política, histórica, un campo común de batalla y su identidad algo que no está creado de antemano sino un proyecto, basado en experiencias históricas concretas que le van dando forma. Galeano se autoimpone la tarea imposible de representar esa heterogeneidad, esa “identidad latinoamericana” que escapa a las convenciones. Y agrega que esa tarea que se ha autoimpuesto, la llama por momentos “aventura”, le duele en el cuerpo. Dice: “he perdido los últimos pelos que adornaban mi otrora frondosa cabeza y he ganado una úlcera de duodeno y una hernia de disco” (381-382). Esta frase no es menor, no es un mero dato de la biografía. Galeano escribe con el cuerpo, pagó con su cuerpo la escritura de los tres tomos de Memorias del fuego.

El tomo I se subtitula Los nacimientos y recoge las formas míticas de los pueblos originarios antes de internarse en la historia de la conquista y la colonización de América Latina (siglos XV al XVII), el tomo II Las caras y las máscaras (el siglo XVIII y XIX) y el tomo III El siglo del viento (el siglo XX hasta 1986). Narrar los mitos de creación de América, su historia a partir de 1492 hasta nuestros días es una aventura riesgosa. No hay una voz ni un registro, en los tres tomos se crea una escritura múltiple como la realidad que pretende representar, un híbrido de poesía, narrativa, ensayo, crónica, testimonio.

Pero no se trata de una historia en sentido estricto, Galeano iniciaba su auto-retrato en 1983, mientras escribía la trilogía, afirmando que “es incapaz de trasmitir una situación, una emoción o una idea si primero no la veo cerrando los ojos (…) Creo que pinto escribiendo” (1988:37). Hay algo de este pintar escribiendo en los fragmentos que componen estas Memorias del fuego, como si se tratara de iconos que concentran cada uno por separado y en la totalidad que forman, una metáfora de la historia de América Latina. Como si Galeano hubiera recogido esas imágenes y las hubiera puesto una al lado de la otra a ver qué pasa, qué surge de ellas juntas, qué dicen juntas de América Latina. Está claro que Galeano ha construido esas imágenes y las ha puesto una al lado de la otra para mostrar un pasado común de saqueo, explotación y dependencia, pero ya el mensaje no es tan unívoco, no hay una voz monocorde.

Por estos años muchos teóricos estaban pensando colectivamente en una teoría literaria y un proyecto epistemológico propio, afirmaba el teórico peruano Antonio Cornejo Polar. Él decía que la heterogeneidad latinoamericana era “no dialéctica”, que no había forma de sintetizarla, de hermanar los pedazos rotos. Tal vez Memorias del fuego sea un ejemplo de lo que estos teóricos buscaban, dar cuenta de la diversidad latinoamericana, de su fragmentación, de sus distintos tiempos (el mítico, el moderno, el postmoderno), en sus distintas voces.

Final

Me invitaron al lanzamiento de esta III Feria del libro de Canelones para que hablara de Eduardo Galeano. Traté de trasmitirles aquellos aspectos de su obra que me apasionan, sobre todo aquellos que son más racionales, lo que apuntan a un proyecto literario, a la forma en que Galeano fue moldeando sus dos obras más importantes. No he podido trasmitirles la pasión con la que lo leía cuando tenía 15 o 16 años. Aquellos libros construían un relato de América Latina creíble, eran América Latina, acaso el fanatismo militante me impidiera darme cuenta de que el propio Galeano advertía sobre las dificultades de construir esa unidad latinoamericana, de las enormes diferencias entre las naciones, de las paredes que se construían todos los días para evitar esa patria grande. La idea que hoy se hacen muchos de nuestra América está mediada por la visión de Galeano y eso es lo que lo hace ciudadano pleno de esa abstracción que es América Latina. Galeano no es solamente nuestro, no es uruguayo, pertenece a América Latina con todas sus virtudes y sus defectos. Espero que haya podido al menos trasmitir algo de mi experiencia como lector de Galeano. Después de todo las ferias del libro no son solamente espacios comerciales, son lugares en los que los lectores nos encontramos con otros lectores y nos contamos nuestras experiencias.

Los textos de Galeano analizados aquí pertenecen al libro Entrevistas y artículos (1962/1987). Montevideo: Del chanchito, 1988. La “invención” de América Latina como construcción política no empieza ni termina en los sesenta, podría datarse en las luchas por la independencia cuando todavía no se consolidaban los estados-nación y se interpelaba a los “americanos”, se puede hablar de Martí y después de él toda una serie de ensayistas como Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas o Alberto Zum Felde. Todos estos antecedentes, con orientaciones político-ideológicas distintas, refieren a un proceso histórico inacabado de integración política, cultural, social que se actualiza con las generaciones y se nutre de nuevas perspectivas. Escribí dos reseñas de libros vinculados a este tema: uno sobre Ignacio Padilla y otro sobre Gabriel García Márquez.

2 comentarios en “Eduardo Galeano: inventor de América Latina

  1. Me encantó. Gran texto.
    Primero, antes de leer nada más que el título pensé: José Martí con su Nuestra América y Simón Bolívar con su Carta de Jamaica se inspiraron en Galeano, pero para disimular lo escribieron antes.
    Inmediatamente leo “no fue el único ni el primero”. Joya, esto se está poniendo mejor todavía. Con el envión del título provocador hasta el final no paré. Lo pariooo
    Gracias!

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