Literatura bajo presión

Galmés en su casa (abril-mayo de 1978). Original en la SADIL, FHCE, Universidad de la República.

Galmés en su casa (abril-mayo de 1978). Original en la SADIL, FHCE, Universidad de la República.

 

Hector Galmés: enseñar y escribir en dictadura.

 

La totalidad de la obra de ficción publicada en vida por Héctor Galmés (1933-1986) está comprendida en el período de ascenso del autoritarismo y la dictadura cívico-militar en Uruguay. Inició su trayectoria literaria con el cuento “El hermano”, publicado en 1966 en la antología Diez sobres cerrados e incluido luego en su único libro de cuentos, La noche del día menos pensado (1981). Su primera novela, Necrocosmos (1971), apareció dos años antes del golpe de Estado, en un clima de violencia política creciente y con medidas prontas de seguridad. Elementos del contexto que se cuelan, deformados, en la ficción. Su segunda novela, Las calandrias griegas (1977), y los cuentos de 1981 se publican en plena dictadura. Finalmente, su última novela, Final en borrador (1985), apareció durante los primeros meses de la primera presidencia de Julio María Sanguinetti. La edición del resto de su obra fue póstuma. En 2006, su editor y amigo Heber Raviolo publicó La siesta del burro, proyecto presentado originalmente a la editorial Banda Oriental durante la dictadura y del que se desprendió Final en borrador. Por último, en 2011 apareció el libro Narraciones completas, prologado por Elvio Gandolfo, en el que se reúne toda la producción mencionada y se incorporan tres textos previamente inéditos.

Durante ese período, muchos intelectuales fueron destituidos, perseguidos, encarcelados, desaparecidos o enfrentados a la necesidad de salir del país, al igual que buena parte de los militantes políticos y sociales. Algunos pudieron continuar con su actividad en Uruguay luego del golpe de Estado, pero muchas veces desde lugares más bien marginales respecto de la cultura promovida por el régimen. Aun así, no dejaron de producir y tuvieron una participación activa en un campo cultural diezmado pero no arrasado. En ese sentido, Galmés formó parte del grupo reunido en torno a Banda Oriental, que publicó todos sus libros. El sociólogo Rafael Paternain, que era un adolescente por esos años, acompañó en varias oportunidades a su padre, el narrador Alejandro Paternain, al “rancho de Banda” en Valizas. En una conversación reciente recordó ese lugar como un “espacio de resistencia”, en el que se hablaba principalmente de la situación política. Mencionó otros espacios que cumplieron una función semejante, como los ciclos de charlas en el Club Español o el Instituto Goethe, en los que Galmés también participó. El escritor frecuentó además otro grupo, que se reunía en torno a la revista Maldoror, de cuya redacción y dirección fue parte en los años 70, junto con Carlos Pellegrino, Miguel Ángel Campodónico y Teresa Porzecanski, entre otros. Publicó en sus páginas cuentos, ensayos y algunas traducciones del alemán (en este campo, y fuera de la revista, es central su traducción de La metamorfosis, de Kafka, en 1975).

La docencia fue otro espacio en el que Galmés pudo influir, además de permitir que se dedicara a la literatura, como ocurre hoy con muchos escritores. En la Colección Héctor Galmés, que posee la Sección de Archivo de Documentación del Instituto de Letras (SADIL), de la Facultad de Humanidades, se conserva documentación importante respecto de su trayectoria docente, en el sistema público (con liceales, pero también en la formación de docentes) y en el Colegio y Liceo Alemán.

Su trayecto comienza en la ciudad de Dolores (Soriano), en la que se instaló con 22 años. Mientras daba clases de literatura, preparaba el concurso para entrar como docente efectivo en secundaria. De ese período, entre 1955 y 1957, existen un diario íntimo y un conjunto de cartas que Galmés escribió semanalmente a su familia. En ese intercambio epistolar, señaló alguna vez Alejandro Paternain, se fue formando el futuro narrador. Pero Galmés fue mucho más allá de la tarea en el aula y, por ejemplo, fundó el Cine Club Dolores. En la mencionada colección, varios otros documentos, como los informes de la inspección, dejan constancia de sus 30 años de docencia directa en literatura.

Pero la investigación sobre este aspecto de la biografía de Galmés, así como cualquier otro, no debería limitarse a lo que registraron los papeles, sobre todo cuando muchas de las personas que lo conocieron o lo tuvieron como profesor están vivas. Como complemento al trabajo con el archivo, hice algunas entrevistas breves a docentes que fueron sus alumnos en el Instituto de Profesores Artigas. Sus respuestas fueron variadas. En la mayoría de los casos recuerdan su erudición, que no le gustaba ostentar, su profesionalismo y su sentido del humor. Algunos afirman que sus clases (y las de Lisa Block de Behar) eran un respiro en el contexto de una institución intervenida por los militares. Otros, que lo conocieron poco tiempo antes de su muerte, evocan a un Galmés taciturno, con dificultades para hablar a causa de su enfermedad.

En la actualidad, es posible reconstruir muchos aspectos de su trayectoria por medio de la colección documental que posee la SADIL, compuesta por 18 cajas que conservan materiales heterogéneos: textos literarios, correspondencia, conferencias, audios de entrevistas, reseñas de sus libros, papelería privada, dibujos y cuadros, diarios personales de sus viajes. Participé en la organización de esa colección junto con otros colaboradores, bajo la supervisión del director de la SADIL, Pablo Rocca. Actualmente se puede acceder al inventario en internet y el material está disponible para la consulta en sala. Recoge documentos de un período central en la historia cultural del Uruguay, además de permitir reconstruir las claves biográficas de un autor, sus grupos de pertenencia y sus elecciones temáticas y formales. Es discutible que el país haya vivido un “apagón cultural” durante la dictadura, y la trayectoria de Héctor Galmés es una prueba de ello.

 

Alejandro Gortázar

Este texto apareció en la edición de la diaria del viernes 15 de enero de 2016. Apareció junto a otros tres textos: “Memoria en borrador” de Hebert Benítez Pezzolano, “Los fantasmas de la imaginación” de Pablo Armand Ugon y “Galmés, autor de la Biblia” de Yanina Vidal. Y un pequeño recuadro que explica la aparición de las cuatro notas: “El martes 12 se cumplieron 30 años de la muerte de Héctor Galmés, un escritor excepcional que aún no parece recibir el reconocimiento debido. Con ese motivo, se escribieron para la diaria estos cuatro textos, en el marco del proyecto de investigación “Raros y fantásticos en la literatura uruguaya. Historia, crítica y teoría (1963-2004)”, dirigido por el profesor agregado Hebert Benítez Pezzolano, del Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República)”.

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