Las cajas de protesta de Nelson Ramos

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Patio de Claraboya (2002). Foto: MNAV

Hasta el 12 de febrero de 2017 pueden darse una vuelta por la muestra antológica de Nelson Ramos (1932-2006) en el Museo Nacional de Artes Visuales. En la entrada uno se topa con un breve documental sobre las claraboyas, un buen prólogo para entender una parte de la obra de Ramos, su trabajo con materiales desechables (papel, pequeños fragmentos de madera y cartón) y una paleta de colores ocres.

Pero las claraboyas son una parte de la obra de Ramos. La muestra, con la curadoría de Angel Kalenberg, repasa todas las etapas y lenguajes que el artista transitó en su larga trayectoria. En la sala 5, y también en el planta baja, se pueden ver sus intalaciones de los años sesentas (Bidones y Juego, por ejemplo) o las herramientas gigantes de madera pintada de los años noventa. En el mismo piso, frente a las maderas gigantes y las instalaciones, están también los dibujos de los sesentas (caóticos, casi siempre en negro, hechos con óleo o tinta sobre papel). El nombre de la muestra “Nada del arte le fue ajeno” expresa cabalmente la trayectoria de Ramos.

El crítico Riccardo Boglione, analizando la exposición, señala las evocaciones a Torres García, pero también los ragos del arte pop, el arte povera, el minimalismo y el nuevo realismo. Una de las reflexiones del crítico fue reveladora: “(…) la pintura y la escultura, para Ramos, intercambian ágilmente sus roles: los cuadros son tridimensionales, y la escultura, fina y colgada de la pared”. Mirando las claraboyas o la serie de obras que voy a comentar más adelante, uno puede percibir esta materialidad tridimensional de los cuadros. En parte la cita a Torres García, sus secciones y los símbolos en el plano, se resuelve en Ramos en tres dimensiones.

Hay una serie que me llamó especialmente la atención, más allá de la excelente calidad de toda la muestra y del montaje. Me refiero a una serie de cuadros-cajas, colocados juntos con acierto, por el aire de familia que comparten, y el repertorio de signos y técnicas que los unen. Me refiero a las obras: Cholula (1990), Una señora de los de arriba (1992), Coleccionista (1992), Victoria (1992), Vigilante Puye (1993), Puyue (1992), Colonización (1989), Humillación (1990), Tunatioh (1997), Invasores (1990) y Ellos aún nos miran (1991).

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Una mujer de los de arriba (1992). Foto: MNAV

Las cajas combinan madera, desechos y vidrio puestos al servicio de mensajes más bien explícitos sobre la realidad social, el caso más evidente en la muestra es el cuadro Una mujer… de 1992. Un cuadro-caja que aparece en el catálogo –Los de arriba y los de abajo, 1993- presenta esta misma estructura de los de arriba y los de abajo, en el que abajo aparecen filas de cadáveres elaborados con desechos (palitos y papel). Además, más arriba que los de arriba, el símbolo de un vampiro expresa esta relación de dominación.

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Coleccionista (1992). Foto: MNAV

Según Kalenberg, en 1989 Ramos inicia las series La Conquista y La voz de los vencidos: “Lo de la Conquista fue un grito de angustia, de bronca. Lo hice con toda la fuerza que pude, leí mucho sobre el tema. Fui armando imágenes a través de prismas. Es un tema muy explícito” (Catálogo, p. 71). La estructura arriba/abajo está relacionada con la forma de plantear el tema. En el cuadro Tunatioh (1997), por ejemplo, el arriba está representado por el ejército conquistador: una línea de soldados a caballo al fondo y al frente soldados con cañones acompañados por un cura. Abajo: cinco filas de cadáveres desordenados.

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Tunatioh (1997). Foto: MNAV

 

Las cajas-cuadros Colonización, Invasores y Humillación, como el propio Ramos sugiere, plantean explícitamente la temática de la conquista: la eliminación de los pueblos originarios en manos de los españoles, la alianza con la Iglesia, los caballos, la violación de las mujeres, los cadáveres y el vampiro.

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Invasores (1990)

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Colonización (1989)

Finalmente, en Ellos aún nos miran los soldados de la conquista custodian el oro robado en la parte superior, la caja-cuadro está bordeada por las mismas calaveras que aparecen en la serie. El cuadro está dominado por una enorme puerta dorada, el tesoro empuja la puerta hacia adelante y algunos elementos se salen. En la parte superior de la puerta una etiqueta refuerza el mensaje: 1492-1992.

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Ellos aún nos miran (1991)

Tanto Pedro da Cruz  como Kalenberg resaltan el contenido “de protesta” de esta serie, en la que se traza también cierta continuidad entre su visión de la estructura social y su interpretación del pasado. En el clima del Quinto Centenario, Ramos articula con los signos de su lenguaje poético, una visión política cruda e incómoda de la conquista y colonización de América Latina. Lo que confirma que nada del arte, ni de lo humano, le fue ajeno.


Nelson Ramos. Nada del arte le fue ajeno. Exposición antológica en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). Del 23 de noviembre de 2016 al 12 de febrero de 2017. Como siempre, siguiendo con una práctica democrática ejemplar, el catálogo de la muestra está en formato pdf y con descarga gratuita.

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