Los personajes de las comparsas

"Candombe" (1925) de Pedro Figari. Fuente: Museo Nacional de Artes Visuales

“Candombe” (1925) de Pedro Figari. Fuente: Museo Nacional de Artes Visuales

Tanto el Gramillero como la Mama Vieja, son personajes ancianos. Por tradición en la mayoría de las culturas africanas, los ancianos son honrados y respetados por su sabiduría. Entiendo que al mantener a los dos de tres personajes originarios del candombe como los ancianos, fue una forma de mantener ese respeto. Junto a estos dos personajes, está el escobero, representando la espiritualidad y el misticismo, junto al ritual toque de tambores.

Ancestralidad femenina

La Mama Vieja, en su cotidianidad era la que realizaba labores de la casa, ama de leche, la limpiadora, planchadora, la que tenía un conocimiento profundo de la casa de sus amos y también era la más sabia, porque tenía la experiencia de vida. Ella se vestía con las ropas viejas de su ama, para estos festejos. Simulando sutilmente las costumbres de las “Damas de sociedad” utilizará sombrilla y abanico.

Tal vez por ser de talles más grandes que la ropa brindada, aprende a coser para arreglarse los pollerones y las blusas o los vestidos, lo que nos muestra la creatividad que debieron tener pegando parches y agrandando dichas prendas, cortando y cosiendo distintas tramas y texturas. En su cabello a modo de turbante lleva un pañuelo atado con una moña al frente. Completaba el vestuario con collares, aros y pulseras. Algunas llevaron canastos con pasteles, los que vendidos ayudaban financiar la comparsa.

Antiguamente, hasta llevaban su delantal, como manifestando su actividad en las labores domésticas. Sin ser demasiado sofisticada, pienso que el delantal, en la antigüedad, se utilizaba para cubrir la región hipogástrica asiento de los instintos animales, la que debe cubrirse si se busca el crecimiento espiritual y que el llevarlo atado por debajo de la cintura, nos aproxima a este simbolismo.

Muchas veces descalza o en zapatillas, ya que su pie difícilmente coincidiera con el de su ama. Típicamente era una dama muy robusta, de grandes pechos y caderas, lo que nos refiere a las amas de leche. La Mama Vieja sabrá coquetear, de llamar la atención al Gramillero, alejándolo de la tentación de las damas jóvenes, pero siempre en su posición de dama de respeto. Fue y sigue siendo una mujer mayor, así que su pasito en la danza, será lento pero muy al compás. Por evolución y debido a que la visión de las comparsas comenzaba a ser “aburrida”, se iniciara la transformación en todo el conjunto hacia el esplendor y el brillo.

Ancestralidad Masculina

El Gramillero , quien fuera el rey de la Casa de Nación, es compañero de danza de la Mama Vieja. Anciano, es el sabio, el que conoce la magia de la curación del cuerpo y del espíritu, conoce los yuyos (herboristería) quizás, es un conocimiento que trajo de su Continente o lo fue adquiriendo
a modo de herencia de otros ancianos.

A través de sus movimientos, tratará de acercarse a las damitas jóvenes de la comparsa con picardía ante la disimulada incomodidad y enojo de la Mama Vieja. Se viste con levita victoriana en color negro, chaleco, camisa, corbata o corbatín. También llevara el bastón de madera que su amo regalo, pero es un vestigio del báculo de mando de la Sala de Nación. Completa su vestimenta un viejo maletín de médico, (cargado de yuyos que se ven por los costados), posiblemente otro regalo del amo, también médico. Una abundante barba de algodón, “dotor” del Montevideo colonial.

En el cuadro Candombe de Figari (pintado en 1930 aproximadamente), el rey, lleva una banda de color rojo cruzando el pecho. Quizás, al establecerse las primeras comparsas, esta banda ya había desaparecido. Figari pretendía resguardar en la memoria colectiva, aquellas ceremonias de los negros. Un listón color carmesí, en el rey nos recuerda al principal en las cofradías coloniales. Ya entrando en el siglo XX, los que actuaban dicho personaje, compraban sus ropas y elementos en las viejas casas de ropa usada de la ciudad vieja, comentario que hiciera “El Bebe” Casal en las jornadas conmemorativas de los 60 años de Las Llamadas.

El escobero

En cuanto al personaje del escobero si bien no hay contradicciones profundas, por un lado, se le atribuye la misión de limpiar las energías de la calle dejadas por la comparsa anterior, y las propias. Tradicionalmente en África muchas de las naciones, utilizan una especie de gran plumero, para alejar los espíritus negativos. En las religiones afrobrasileñas, Xapana es una de las divinidades más antiguas de cultura religiosa africana , y es el espíritu de la transformación. Por otro lado, sería el juez y luego bastonero quien marcaba la clave, el ritmo de los tamboriles, y daría la dirección de la comparsa.

Creo que en ambos casos, ninguna de las dos formas de establecer el personaje son contradictorias.
El gran escobero, Pedro Ferreira (h), comenta en un video que el personaje del escobero “era el juez de la Sala de Nación, que se integra como personaje a la comparsa y que a su vez, en su vida real era quien vendía escobas”. En tiempos antiguos, sería una especie de chamán. La vestimenta: tapa rabo de piel, donde se adhieren espejos y cascabeles, la escoba decorada con cintas de colores, camisa, chaleco, y zapatillas de donde salen cintas que se enroscan como serpientes en el pierna.

El escobero Julio González, “Gonzalito” explica en una entrevista, las cintas que rodean la pierna del escobero: “Inicialmente dice, eran rojas, cuando el inicio su personaje, luego paso a ser blanca. La cinta roja simbolizaba los latigazos que recibieran los esclavizados el cambio a cintas blancas, fue para demostrar de qué color quedaba la piel luego de dichos latigazos”. El movimiento de la escoba no es un malabarismo, sino que tiene toda una simbología mística muy especial. La danza, y el llevar el ritmo es fundamental para este personaje.

En 1903 la comparsa Esclavos de Asia llevó adelante una auténtica rebelión junto otras comparsas, suscribiendo una iniciativa en la que señalaban que no se presentarían en ningún tablado donde no se premiara, por separado, a las comparsas de negros, lo que creó una nueva categoría. En 1956 se realizó el primer desfile oficial de llamadas, como una fecha dentro del carnaval patrocinado por la Intendencia de Montevideo.

A partir de la inclusión de las comparsas en el desfile tradicional (1905) y al oficializarse “Las Llamadas” (1956), los personajes van sufriendo transformaciones en su vestuario que se torna cada día más lujoso, perdiendo algunos elementos de los mismos. En la nueva versión de la comparsa, se perderá lo austero del traje de los personajes. Algunas Mama Vieja, dejaran las sombrilla, otras el abanico, algunos granilleros no llevaran el maletín que es fundamental para la coreografía, tradicional y el escobero, en algunos casos perderá el tapa rabo.

 

Jorge Bustamante
Graciela Leguizamón

 

Publicado originalmente en Mdiario del Carnaval, publicación oficial de DAECPU con el título “Investigando la esencia de los personajes típicos”.

 

Estar en discrepancia (Las llamadas oficiales)

Ilustración de Daniel Mosquera. Blog: http://casianimal.blogspot.com.uy/

Ilustración de Daniel Mosquera. Blog: http://casianimal.blogspot.com.uy/

Este jueves a las 20:40 empieza el Desfile de Llamadas con 18 comparsas en competencia. Al día siguiente, a partir de las 20:15, cierran el evento las 22 restantes. Como sostiene el historiador Reid Andrews en pocos años el evento se convirtió en una actividad económica que fue involucrando, progresivamente, distintos oficios y trabajadores: directores, compositores, coreógrafos, escoberos, mama viejas, vedettes, cuerpo de baile, cantantes, diseñadores de vestuario y músicos (Negros en la nación blanca: historia de los afro-uruguayos, p. 161). El año pasado se cumplieron 60 años del inicio de las llamadas oficiales, organizadas por la Intendencia de Montevideo. Las denomino así (citando a Ayestarán) para distinguirlas de la expresión popular y callejera del candombe, que desborda los sesenta años y que, para algunos, se remontan a los bailes públicos de las salas de nación durante la colonia.

Para la mayoría de los televidentes y participantes del evento la dimensión económica de la actividad posiblemente permanezca oculta. En una nota publicada por El Observador a fines de enero, a raíz de una propuesta de AUDECA (Asociación Uruguaya de Candombe), la organización que reúne a la mayoría de las comparsas, para re negociar el pago por derechos de imagen con la empresa que televisa el evento, el periodista Juan Samuelle informaba que los gastos de una comparsa para el desfile rondan los 600 mil pesos. Según AUDECA el dinero de los premios, los derechos de imagen (32 mil pesos) y la publicidad, muchas veces no alcanza para cubrir los gastos. En esa nota el periodista informa sobre los costos de los tambores (entre 6 y 8 mil pesos, y uno bueno 12 mil) y el kilo de plumas (30 mil pesos), que alcanza para hacerse una idea de los gastos.

De todas formas con esto no es posible tener una idea de los costos y ganancias que se generan en las muchas actividades, formales e informales, que se desarrollan alrededor del Desfile de Llamadas oficial. Lo que hace más difícil pensar en cómo y en cuánto impacta esta “fiesta de los afrodescendientes”, como normalmente se vende a los ciudadanos y los turistas, en la propia comunidad. Del mismo modo que tampoco dice nada sobre cómo estos dineros se distribuyen al interior de una comparsa.

El origen

El Desfile de Llamadas oficial se inicia en el Carnaval de 1956 como resultado de las negociaciones de ACSU (luego ACSUN, Asociación Cultural y Social Uruguay Negro) con la Comisión Municipal de Fiestas, a través de uno de sus integrantes Oscar Larraura Suárez. Según Ruben Galloza (pintor, escritor y militante afro), la idea fue suya:

La idea original de Las Llamadas era un festejo que se iniciaba el 25 de diciembre y terminaba el 6 de enero en el barrio Sur, con dos escenarios y premios a cada elemento destacado, y era una fiesta auténticamente folklórica, no carnavalesca. Era una fiesta fuera del Carnaval. Teníamos que hacer una semana de festejo. Pero nunca nos llevaron el apunte, decían que salía mucha plata

En el testimonio, publicado en Historias de exclusión: afrodescendientes en Uruguay de Teresa Porzecanski y Beatriz Santos (segunda edición, 2006), Galloza explica su posición:

Pero finalmente, la pusieron en el Carnaval, que es la cosa que yo no estoy de acuerdo, a pesar de que he sido jurado un par de años, pero siempre estoy en discrepancia. La Llamada es una cosa popular e inorgánica. La Llamada no puede estar organizada, y menos la del Carnaval. La Llamada es una largada de tambor, una salida se encontraba con otra, era algo espontáneo. Lo que nosotros quisimos hacer era tomar todos esos elementos, la comparsa, y robustecerlos en, por ejemplo, una escuela de escoberos para surjan, para que el escrobero que sabe enseñe al otro.

La oficialización de Las Llamadas en Montevideo es parte de un proceso de nacionalización de distintas expresiones de la música popular que se dio en América Latina entre 1930 y 1950. Un desplazamiento de la cultura hegemónica para captar a los sectores populares que se dio en países como Cuba, Brasil o Guatemala. Siguiendo la idea de alteridades históricas de Rita Segato, las Llamadas se convirtieron, con el paso del tiempo, en una forma hegemónica de construir alternidad, que modeló cuerpos e identidades.

Las resistencias al Desfile de Llamadas, ese “estar en discrepancia” de Galloza, es parte constitutiva la participación de los afrodescendientes en el carnaval montevideano. Esto no implica abondonar el espacio sino abordarlo críticamente, además de darle al candombe un contenido político, histórico y social (y en algunos casos religioso) que no se agota en el Desfile de Llamadas.

En una entrevista reciente (de Lucía Naser), la artista y militante Chabela Ramírez, hizo referencia a la historia de este desacuerdo con la Comisión Municipal de Fiestas:

(…) en 1956 la comunidad nuestra estaba armando las “fiestas negras”, que eran una semana con charlas, exposiciones… El candombe no era lo más importante. Incluía otras cosas, pero como había mucho desorden, ACSUN le pidió a la IM que interviniera y ayudara con la infraestructura, que el colectivo afro no tenía (y todavía no tiene, aunque avanzó en eso). El resultado fue que a toda aquella fiesta negra de una semana la IM la transformó en un día solo, el día de las Llamadas, en el que no se hace una fiesta de ida y vuelta, sino un desfile. Si lo mirás objetivamente, es como un desfile militar, una comparsa atrás de otra, cada diez minutos sale una. Antes las Llamadas tenían otra característica, porque eran siete comparsas las que salían, e incluso en determinado momento las de algunos barrios dejaron de venir: la gente de Colón, la del Cerro y otros lugares. Había comparsas que se quedaban en su barrio, porque no había apoyo ni siquiera de transporte para que vinieran. Después transformaron las Llamadas en un concurso, con ciertas características y reglas, y eso fue cambiando hasta hoy.

El argumento de Galloza y otros referentes, se repite con contundencia. Ramírez decía también en la entrevista que ella sacaría las comparsas del carnaval, porque la competencia no favorece el desarrollo del candombe y la “expresión popular”. Y dice también: “Yo, por ejemplo, salgo en una comparsa porque mis hijos sacan una –Valores de Ansina– y porque una cosa que les enseñé a mis hijos es que para luchar hay que luchar por dentro”. La frase expresa, de otra forma, aquel “estar en discrepancia”, participar pero no dejar de proponer alternativas, intentar torcer las llamadas oficiales.

Así como los aspectos económicos, la historia problemática del desfile queda, la mayoría de las veces, recubierta por la exhuberancia, el colorido y la retórica que identifica el candombe con lo nacional. Aunque los referentes afrodescendientes hablan de esto casi todo el tiempo, y desde hace muchos años, no creo que el público, en la calle o tras las pantallas, tenga presente lo que está en juego en cada Llamada oficial.

Por más información sobre el documental de Darío Arce Asenjo, consultar aquí.

Pintó candombe

Camino por Lomas de Solymar y me topo con el local de la Comisión de Fomento. Frente al edificio un ómnibus de RAINCOP oficia de Biblioteca y con qué nombre “Tota Quinteros”. Un cartel, escrito con tiza, anuncia las actividades: candombe, gimnasia, deporte, adictos anónimos y un largo etcétera. Agarro por la calle Cruz del Sur, siguiendo las instalaciones de la Comisión y en donde están las canchas de fútbol y básquet me encuentro con estos murales

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En el último post que le dediqué al arte callejero en 2015 decía que me mudaba a 25 km. de Montevideo. No sabía si me encontraría con la misma cantidad y calidad de arte urbano que hay en la capital.

Pues bien, un paseo por los muros de Lomas de Solymar alcanza para ver que si bien no es lo mismo, hay arte en las calles del balneario, además de pájaros y abundante vegetación.

Empieza el recorrido con este conejo fumeta.

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Sigue con una serie de muros dedicados al candombe y los afrodescendientes que me encantaron

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Las dos mujeres afro de estos muros son distintas pero ambas hermosas. La primera esconde en su cabello un cielo nocturno y estrellado. Los ojos cerrados la hacen soñar con el candombe. La segunda se descubre rodeada de colores.

Luego dos murales más, un hombre negro que mira desde el muro con firmeza, como para contar su historia.

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Al lado un dibujo más bien tradicional, de una comparsa con sus tambores y vestuario.

El recorrido termina con dos dibujos que no tienen que ver con la temática: un hongo y una especie de pez tocando el tambor, ambos en actitud algo pícara.

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Acá termina el recorrido por la calle Cruz de Sur. Espero encontrar más ejemplos para mostrarles cómo se pintan los muros acá en Solymar.

6 de noviembre de 2015

Me escribe Ricardo Klein: “Estuve vichando tu blog, y curiosamente en este post que hiciste encontré una obra similar de un artista de Barcelona (Pez, se llama)”. Leí una entrevista con el hombre y ahí pueden ver sus muros. Los peces de Pez tienen un aire de familia con este pez tamborilero. Acá Ricardo abrió un puente entre estos muros de Solymar y los muros de Pez regados por unas cuantas ciudades del mundo. Un crá Ricardo.

5 de marzo de 2016

Hoy ocurrió algo muy lindo. Se contactó conmigo a través del blog, Pablo Alejandro Cetrulo para contarme que los muros fueron pintados por integrantes de la Comparsa Candombe Arena. Su comentario me confirma que pintar estos muros fue un hecho colectivo en el que estuvieron involucrados artistas visuales, pero también gente a la que le encanta pintar. Ese esfuerzo colectivo le pone un poco de color al balneario. Los vecinos estamos agradecidos. Salú Comparsa Candombe Arena.

 

 

 

Caminar en la Ciudad Vieja

Nos mudamos. Huimos de la capital. Hay una parte de mi experiencia cotidiana con el arte callejero que se perdió parcialmente cuando dejé de trabajar cerca de la Ciudad Vieja y que ahora, al dejar Montevideo, se aleja un poco más. Supongo que tendré más de una oportunidad de cruzarme con murales -tampoco me voy tan lejos- y les prometo que voy a aprovechar cada una, pero ya no serán parte de la experiencia cotidiana. Lo digo porque parte de la cuestión tiene que ver, para mí, con la extrañeza que generan estos muros al caminar, al experimentar el movimiento en la calle, el encuentro, la sorpresa. Después viene la foto y tal vez, más tarde, el post.

Eso fue lo que me pasó con este muro en la calle Buenos Aires.

 

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No sé quién lo hizo, pero apareció un día cerca de otro muro que vi en proceso. Como apareció esta casa y transformó por completo la esquina.

 

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Caminar por la Ciudad Vieja, especialmente por la calle Buenos Aires, me hizo respirar con los ojos muchas veces.

 

 

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Como estos muros que están entre el Banco Central del Uruguay y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en el espacio que queda entre la especulación financiera y nuestros derechos como trabajadores.  Con el muro de Zësar Bahamonte empieza la bajada en bicicleta hasta el muro de la Crew del Sur.

 

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Excelente. Otra panzada de arte en la calle, gratis y sin cortes. Hasta la próxima.

Un paseo por las paredes del Cementerio del Buceo

Muro de la Av. Ing. Juana Pereyra

Muro de la Av. Ing. Juana Pereyra

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) I

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) I

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) II

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) II

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) III

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) III

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) IV

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) IV

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) V

Muro de la calle Bvr. Batlle y Ordóñez (Propios) V

Muro de la Avda. Rivera

Muro de la Avda. Rivera

CEMENTERIO DE PUNTA ARENAS

Ni aun la muerte pudo igualar a estos hombres
que dan su nombre en lápidas distintas
o lo gritan al viento del sol que se los borra:
otro poco de polvo para una nueva ráfaga.
Reina aquí, junto al mar que iguala al mármol,
entre esta doble fila de obsequiosos cipreses
la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia
y reírse del polvo.

Por construirse estaba esta ciudad cuando alzaron
sus hijos primogénitos otra ciudad desierta
y uno a uno ocuparon, a fondo, su lugar
como si aún pudieran disputárselo.
Cada uno en lo suyo para siempre, esperando,
tendidos los manteles, a sus hijos y nietos.

Enrique Lihn

Muro de la calle Tomás Basañez I

Muro de la calle Tomás Basañez I

Muro de la calle Tomás Basañez II

Muro de la calle Tomás Basañez II

Muro de la calle Tomás Basañez III

Muro de la calle Tomás Basañez III

Muro de la calle Tomás Basañez IV

Muro de la calle Tomás Basañez IV

Muro de la calle Tomás Basañez V

Muro de la calle Tomás Basañez V

Muro de la calle Tomás Basañez VI

Muro de la calle Tomás Basañez VI

Muro de la calle Tomás Basañez VII

Muro de la calle Tomás Basañez VII

Muro de la calle Tomás Basañez VIII

Muro de la calle Tomás Basañez VIII

Muro de la calle Tomás Basañez IX

Muro de la calle Tomás Basañez IX

Una chola en el Buceo

Última tarde de enero. Mi hija y yo salimos a pasear por el barrio. En la esquina de Propios y Ramos, al lado de un negocio que vende empanadas, nos encontramos con dos jóvenes trabajando en un mural.

 

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Mientras pintan, escuchan a la Bersuit (o eso recuerdo). Son “Maldito Bastardo” y “Demo”. Trabajan en sectores diferentes de la pared. “Maldito bastardo” retoca el rostro de una chola en base a una fotografía que sacó en un viaje reciente por el altiplano. “Demo” pinta los detalles de la ropa que lleva la chola. Ambos comparan lo que van pintando con un boceto digital que hicieron tomando como referencia la foto. La chola tiene un sombrero que los artistas sustituyeron por la casa de un pájaro que observa todo parado en una rama.

 

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Es la primera vez que encuentro artistas trabajando en los muros. Por lo general contemplo obras ya terminadas o incluso intervenidas por otros artistas. En una oportunidad fotografié un muro que no estaba terminado y que los artistas concluyeron semanas después.

Pero esta es otra historia. Con mi hija en brazos, que los miraba trabajar con cierta curiosidad, me acerqué a conversar. Los distraje con todo tipo de preguntas ¿Cómo se llaman? ¿el muro se lo dieron o lo pintan de vivos? ¿tienen alguna formación? “Maldito bastardo” y “Demo” responden sin dejar de pintar, pero es inevitable que los retrase en su trabajo. El dueño estaba medio reticente a entregar el muro aunque ellos ya habían empezado antes de hablar con él. Hicieron un par de años en la Facultad de Bellas Artes pero no era lo que buscaban. Hacen diseño gráfico, trabajan juntos en un estudio y buscan formación en otra parte. Han pintado otros muros en el entorno del Cementerio del Buceo. “Maldito bastardo” por ejemplo pinto esta belleza frente a la rambla a pocas cuadras de donde estamos.

 

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Baja el sol, se termina la última tarde de enero. Maite dice “Chau nenes”. Cuando vuelvo a mirar “Maldito Bastardo” y “Demo” ya se metieron en su trabajo. Seguramente no escucharon el saludo de mi hija pero cuando terminen le habrán dejado un regalo que disfrutará todo el barrio.

Más diamantes en los muros (Montevideo-Piriápolis)

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Camino por Bulevar Artigas y a la altura de Hocquard (creo) me encuentro con este muro de Kripta, Lui y Chila. Parecen dos dibujos independientes. Una mujer y un pez se besan bajo la luna, mientras un escarabajo carga con un diamante. Una noche, no hace mucho tiempo y no muy lejos de esta esquina, me encontré con dos dibujos de Chila.

Este me sorprendió porque no estaba tan elaborado ni era tan gráfico pero el insecto cargaba con el diamante, un elemento que caracteriza la obra de Chila.

Y sino vean este muro que Chila pintó en Piriápolis, cerca de la estación de ómnibus.

Piriapolis 1 Piriapolis 2 Piriapolis 3

En los muros que había visto de esta o este artista aparecían o seres mitológicos como los minotauros o elementos gráficos como los candados (uno abierto y otro cerrado). A eso se suma el insecto de Bulevard y ahora esta pareja humana. Como no podía ser de otra manera hay un diamante, esta vez en la remera de la mujer. También la firma se simplifica y Chila aparece simplemente como “CH”.

El muro en Piriápolis fue una verdadera sorpresa, algo que no esperaba encontrar. Este muro me parece el mejor de lo que hasta ahora había visto. Pero he visto más trabajos de Chila en Montevideo que no he tenido oportunidad de fotografiar. Espero poder hacerlo antes de que la ciudad se trague sus diamantes.