Andares clancos

El martes pasado falleció Adriana Astutti (1960-2017), profesora de literatura argentina en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina). Fue autora de un solo libro de ensayos: Andares clancos. Fábulas del menor en Osvaldo Lamborghini, Juan Carlos Onetti, Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Manuel Puig (2001), pero cómplice de la diseminación de muchos más. Porque en 1991 Astutti fundó en Rosario la editorial Beatriz Viterbo junto a Sandra Contreras y Marcela Zanin. El sello se convirtió en una referencia para la creación y la reflexión cultural dentro y fuera de Argentina. Tradujo además Mi perra Tulip de Joseph Randolph Ackerley El ansia de Susan Stewart, ambos publicados en la editorial. El texto que sigue es una comunicación del profesor Enrique Foffani a los integrantes de la Red Katatay, para dar noticia de su muerte y recordar a la colega.

 

Hoy a la mañana murió Adriana Astutti. Quienes la conocimos y compartimos con ella todos estos años de literatura, quisiéramos recordarla como lo que fue: una de las lectoras más sensibles de nuestra generación. Una sensibilidad que no expulsaba a la inteligencia y una enciclopedia de lecturas y asociaciones de escenas literarias que giraban siempre alrededor de una percepción luminosa y reflexiva de la vida.

Hace un rato, apenas conocimos la noticia, nos llamamos con Teresa Basile y con Adriana Mancini para hablar de ella, para recordarla, para que esta sustracción no nos quitara lo vívido de su presencia que nos seguirá acompañando siempre en la memoria. Recordamos experiencias y anécdotas que no obtendrán nunca el cruel olvido.

El sello editorial que dirigió hasta el presente, cuyo nombre es un guiño decisivo a Borges si hablamos de enciclopedias y bibliotecas, es una más de las manifestaciones de su extraordinaria manera de leer y su avidez por acercarle el libro al lector. Sin este acto, no se comprendería cómo necesitaba que la lectura se expandiera y que muchos pudieran disfrutarla. Fue y seguirá siendo, en sus escritos y en sus ediciones, esa lectora ávida y buceadora que, con su forma de abordar un texto, producía siempre hallazgos. Siempre admiré en ella esa invención por capturar (encontrar) escenas que se iban a concatenar con otras y que, juntas, formarían una historia o, como ella misma las denominó en su libro andares clancos, cuyo título es un homenaje a Osvaldo Lamborghini, “fabulaciones”.

La lectura fue para ella -y deseo que lo fuera para todos- eso: la posibilidad de fabular la literatura, inculcarle vida, hacerla respirar, darle aliento, probarla en la “más torionda de las justas” como escribiría Vallejo. Y así como buscamos “la palabra justa”, la imagen que le hace justicia a Adriana es precisamente esa que la vuelve la lectora fabulosa que leía y editaba, y sospecho que, con el correr del tiempo, ya no había límites entre leer y editar. Quiero compartir con ustedes un fragmento de su libro. Con esa magia que se suscita cuando se encuentra un fragmento que puede condensarlo, le transcribo esta joya de la lengua que sólo una lectora como Adriana pasó a la escritura para que la guardemos siempre, es decir, para seguir pensándola.

En todas esas fabulaciones el escritor siempre “siembra la duda” de manera espontánea, sin meta ni premeditación. No está dentro del régimen de lo verdadero y lo falso sino al borde de la fabulación, como el chico que cuenta un sueño ante el que no sabemos si lo cuenta porque lo tuvo o si lo hace porque sabe que ya a través de la relación de los sueños se pueden contar cosas “dudosamente ciertas”. En todas esas fabulaciones inventa distintas relaciones: distintos relatos y distintas posiciones del cuerpo que responden vulgarmente a una pregunta vulgar: ¿qué es ser escritor?, con una respuesta que redobla la pregunta: ¿cómo se vuelve escritor un escritor? Esta pregunta devuelta no responde ya a la lógica de la institución literaria sino a la literatura como insistencia de una interrogación. y en esa respuesta el autor no encuentra su identidad sino que se vuelve otro, escritor, fuera o más allá de la identificación. A eso se llama subjetivación.

Gracias, Adriana, por todo lo que nos diste. Construiste un lugar en nuestra cultura argentina y las generaciones futuras lo reconocerán “por las obras”. Nosotros, además, por la experiencia entrañable de haberte conocido y haber compartido con vos tu presencia y tu forma de ser todos estos años de charlas literarias y entrañables proyectos y fabulaciones.

 

Enrique Foffani
Profesor de Literatura Latinoamericana
Universidad Nacional de La Plata

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La década posteada. Blogs de escritores argentinos (2002-2012), de Diego Vigna

Sobre los escritores argentinos y sus blogs

El pez volador

Por Martín Cristal

La semana pasada tuve el gusto de participar, junto a Carlos Schilling, en la presentación de La década posteada. Blogs de escritores argentinos (2002-2012). El libro condensa una investigación exhaustiva que Diego Vigna realizó durante los últimos cinco años. Integra la colección Gryga, dirigida por Marcelo Casarin y coeditada por el sello Alción y el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.

La que sigue es una versión más completa del texto que leí en la presentación (entre los agregados incluyo una “posdata” sobre El pez volador).

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Diego-Vigna-La-decada-posteada-blogs-de-escritores-argentinos-2002-2012Como escritor, Diego Vigna no es ajeno al uso del blog: desde 2006 hasta la fecha lleva adelante el suyo, Ponte una oveja; y, durante dos años y medio, supimos compartir (con él y con Alejo Carbonell) la coordinación de un blog colectivo dedicado a la producción literaria de Córdoba: El lince…

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exlibris: revista del departamento de letras de la UBA

 

 

Hace unos días Daniel Link publicó en su blog la revista del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires). En el marco de los 100 años de la Cátedra de Literatura Argentina (sobre el que ya publiqué algunas cosas que pueden ver aquí) hay un dossier de Enseñanza en el que se publica documentación sobre la cátedra y también artículos sobre los nuevos programas. No vendría nada mal que se les pegara una leída por acá (Montevideo) para ver en qué está el debate y qué cosas sería bueno incorporar a los programas de literatura uruguaya de la Universidad y del IPA.

Por las dudas de que no vayan más allá de este post, les pego los links de los artículos:

  1. “Programas actuales: Cómo enseñamos Literatura Argentina” a cargo de la Cátedra de Literatura Argentina I (PDF)
  2. “Programas actuales: Probando, probando” de Julio Schvartzman (PDF)
  3. “Programas actuales: Breve memoria de una experiencia docente accidentada” de Eduardo Romano (PDF)

Como frutillita de la torta la clase inaugural del 17 de agosto de 1993 en la que David Viñas escribió cosas como esta:

Adelantando, repito, pero con vistas a no quedarnos como congelados en el pasado del siglo XIX. Siglo XIX-1993, es lo que nos interesa; no solamente una propuesta de tipo reverencial a ciertos monumentos literarios, ideológicos, culturales, sino ver qué significado tuvieron entonces, qué series, qué secuencias se pueden leer actualmente (…) Con el roquismo, podemos ir ya a verificaciones culturales, modelos, presencias culturales. Una presencia cultural puede ser la arquitectura, y estamos ya en el campo de la cultura. La Casa de Gobierno, o tal vez como más corruscante (como dice el doctor Luna) el edificio de Obras Sanitarias, en Córdoba y Riobamba. Ese es un producto de la modernización del roquismo, que por cierto cuando se construyó en 1877 estaba destinada a Casa de Gobierno y quedaba en medio de la Pampa. Era un síntoma, digamos así, de esa propuesta programática que apuntaba hacia el futuro. Un futuro de dominación, de eficacia, etc. Pero, ¿quiénes no participaban de edificios como el suntuoso edificio que es hoy Obras Sanitarias? Hoy es monumento nacional. (…) Y quiénes no entraron nunca, no ya ahora, sino entonces, en la primera modernización de Roca, quiénes nunca entraron a ese edificio. Ahí aparecen los que estaban excluidos. Esa exclusión, ese revés de la trama, ese envés de esta cultura de fachada que trae aparejada cada una de las modernizaciones… culturas-shopping, digamos. ¿Cuántos de quienes están aquí han entrado al Shopping Alcorta? (Nadie levanta la mano). Quiere decir que aquí hay exclusión. Los excluidos, los marginados en 1880 que no tenían acceso fluido a este edificio suntuoso, fueron conformando respuestas contestatarias de cuestionamiento, de rezongo, de subversión, que van organizando las manifestaciones, los agrupamientos político-culturales, del socialismo, del anarquismo y del primer radicalismo de entonces.

 

La revista tiene además un dossier sobre Roland Barthes, un apartado sobre investigación con artículos muy variados y una sección de debate sobre el Museo del libro y de la lengua. Pueden leer el índice aquí y bajar el PDF que más les guste. Todo su contenido es de acceso libre y gratuito.

 

100 años de la Cátedra de Literatura Argentina de la Universidad de Buenos Aires


El 23 de agosto el portal de Clarín (el nuevo demonio gorila antiperonista) publicó, en su suplemento cultural, una nota de Eduardo Romano sobre los 100 años de la cátedra de “Literatura Argentina” de la Universidad de Buenos Aires.

Hace un siglo, el Consejo Académico de la Facultad de Filosofía y Letras (fundada en 1896) aprobaba, por iniciativa de los profesores Rafael Obligado y Manuel F. Mantilla, la creación de la cátedra de Literatura Argentina de la que se haría cargo, un año después, Ricardo Rojas (1882-1957).

Es cierto que este es un hecho que puede importar sólo a los argentinos y muy particularmente a los universitarios porteños. Pero lo cierto es que no solamente Montevideo y Buenos Aires constituyen polos de un espacio regional concreto (el Río de la Plata), con sus disputas de poder y sus ansias respectivas de centralismo, sino que comparten una historia cultural común que los moldes de las “literaturas nacionales” han opacado en general. Con esto quiero decir que estos 100 años, aunque no encuentran un equivalente en Uruguay, son también muy importantes en esta orilla del Plata.

Me parece entonces fundamental pegarse una leída al discurso de Ricardo Rojas cuando asume la cátedra en 1913 y leer allí los pilares de su proyecto más importante La literatura argentina publicada en tomos entre 1917 y 1922. Para entender un poco el contexto del discurso se puede leer este texto de Jorge Dubatti. Y con este texto de Pablo Martínez Gramuglia se puede saber un poco más de su historia de la literatura argentina. 

Pero volvamos al texto de Romero porque, según su historización, cuando Rojas abandona la cátedra en 1947 “por disidencias con la intervención del primer peronismo”, aunque el diseño que Rojas le había dado permaneció casi intacto. Fueron David Viñas y Noé Jitrik quienes cambiaron esta perspectiva que Romero califica como “nativista”.

Viñas y Jitrik propiciaban una actitud revisionista de las letras que había surgido con las revistas Centro (1953-1954), de los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras, y Contorno (1953-1959), claramente identificadas con la concepción sartreana del compromiso literario.

En este artículo de Romina Tribó pueden leer algo sobre el contexto y las modificaciones impuestas por quienes proponían una nueva lectura de la literatura argentina en la Cátedra.

Cuando la cosa empieza a acercarse al presente Romero invoca su experiencia personal, pero me interesa solamente lo que vino después del golpe de Estado de 1976:

Luego de la dictadura 76-83, la enseñanza (¿o el aprendizaje de todos, profesores y alumnos?) de la literatura argentina retomó aquellos cauces renovadores tanto en Literatura Argentina I, a cargo de David Viñas, como en Literatura Argentina II, en la cual Beatriz Sarlo produjo desde 1984 varias innovaciones importantes: el enfoque metacrítico que le permitía revisar diversas “lecturas de la literatura argentina”; la construcción y los desplazamientos en el sistema literario nacional; las diferencias entre una producción selecta, media y popular, para un público muy estratificado, con el respaldo de una amplia bibliografía teórica (Pierre Bourdieu, Terry Eagleton, Raymond Williams, etc.).

Viñas y Sarlo representan dos estilos o formas de entender lo literario que tienen y tendrás enormes repercusiones en la forma que tengamos de pensar la literatura en las próximas décadas. Sólo para comprender algo de estos dos grandes ensayistas, les sugiero leer este artículo de Gonzalo Aguilar sobre la crítica literaria de Viñas y un conjunto de textos sobre la revista Punto de Vista, creada y dirigida por Sarlo, Carlos Altamirano y otros. Van a leer un texto de la propia Beatriz Sarlo, otro de David Oubiña y otro que recoge las cartas de renuncia de quienes conformaron el Consejo de Dirección de la revista.

Un siglo de una cátedra, un siglo de buena crítica y teoría literaria-cultural en el Río de la Plata, un siglo no exento de conflictos, disputas y buenas ideas.